Alberto Fernández se acaba de confesar obsesionado con recuperar los superávit gemelos, aquellos que caracterizaron a la presidencia de Néstor Kirchner y heredó su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, en 2007 hasta que se terminaron en 2009.
MELANCOLÍA POR LOS SUPERÁVITS DE NÉSTOR
Gemelos 2020: el comercial nació bien pero el fiscal no tanto
A los balances positivos en las cuentas fiscales y en las de comercio exterior se los llamó superávits gemelos y la marca registrada pertenece al ex presidente Néstor Kirchner. Alberto Fernández había sido su jefe de Gabinete durante todo el mandato y continuó en el cargo hasta la primera mitad del período de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la onda expansiva del estallido de la burbuja en USA y la resistencia del agro a la aplicación de retenciones móviles a la soja consumaron el doble homicidio al modelo de administración kirchnerista. Ya como flamante titular del Poder Ejecutivo Nacional, Fernández le pasa el plumero a aquel éxito económico de la primera década y afirma que lo obsesiona revivirlo. Da pábulo a su anhelo arrancar 2020 con un superávit comercial total de US$16.000 millones alcanzado en 2019, que revierten el déficit de US$3.800 millones de 2018, en gran parte gracias a que la balanza comercial bilateral con uno de los principales socios, Brasil, finalizaría con el primer resultado anual positivo desde 2002: US$1.017 millones, que dejan atrás los US$5.080 millones en contra del año anterior. El país que ahora lidera el ránking comercial de Argentina pasó a ser China, de la mano de las mayores compra de porotos de soja y carnes que propició la apertura del gigante asiático. Sin embargo, no será fácil sostener ese ritmo de sumas de signos más, ya que el gemelo fiscal afronta liquidaciones anticipadas de cosecha, un ajuste a jubilados de incierto costo político, además depende en gran parte del pago de intereses de la deuda y en otra, aún mayor, en que funcione el cobro efectivo de la presión impositiva que contiene el paquete de medidas incluido en la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva.
El entusiasmo por el lado de la balanza de bienes y servicios se sustenta en que 2019 cierra con un superávit que rondará los US$4.500 millones, según un anticipo de la consultora Ecolatina.
Y en que quedó confirmado un resultado favorable en US$1.017 millones con uno de los principales socios comerciales, Brasil, conforme a los datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil (MDIC) que reprodujo la consultora Abeceb.
Gracias a este comportamiento excepcional del intercambio, que quebró una racha adversa de signos negativos, la cuenta corriente del balance de pagos abandonó el rojo que la tiñiera en los últimos años y se situará un punto adentro del azul, en lo que parece casi una proeza después que en 2017 había registrado un déficit récord de US$8300 millones.
Si bien Alberto heredó de su antecesor bonanza en el gemelo externo, el otro, el fiscal, lo recibió con un desequilibrio primario de 1,8 punto porcentual, aderezado para el inicio de su gestión con:
** deuda flotante,
** la fórmula de movilidad jubilatoria que aumentaba el gasto 0,3 del PBI,
** el adelantamiento de las retenciones (que implica pérdida de ingresos extraordinarios) y
** la devolución del 15% de coparticipación a las provincias.
La ilusión de arribar al emblemático superávit fiscal se llama Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, en cuyo paquete se atacan con un aumento en la recaudación los efectos contraproducentes en las erogaciones que venían de inercia y se baja el déficit 0,5 punto este año, para que la inflación prevista en el 43% esmerile el resto y se pueda ingresar al presupuesto 2021 enarbolando el signo más.
La invocación presidencial a los superávits gemelos kirchneristas de 2004 a 2009, precisamente cuando Alberto Fernández era jefe de Gabinete, remite a tiempos mejores, aunque de matriz diferente: el interinato de Eduardo Duhalde, del que también formó parte, dejó el tipo de cambio posconvertibilidad recontraalto, un aparato productivo que había empezado a moverse y una licuación de pasivos que permitía un punto de partida, del cual hoy no se está ni cerca.
Asimismo, en el 2003 hubo un superávit fiscal (ingresos-gastos-intereses de la deuda) de US$600 millones cuando desde 1983 siempre había habido déficit. Sólo en ´93 se obtuvo un saldo positivo de u$s2.200 millones.
Pero fundamentalmente el precio internacional de la soja estaba en pleno ascenso y llegó al doble del nivel actual, con un comercio exterior en expansión que contrasta con el contractivo de hoy: el intercambio total, es decir, la suma de exportaciones e importaciones, inclusive descenderá este año aproximadamente un 1% respecto del anterior.
El director de Ecolatina, Lorenzo Sigaut Gravina, por ejemplo, aclaró que al superávit alcanzado en esta oportunidad se arribó "por las malas”, o sea que, para repagar deuda, “Argentina necesita ingresos genuinos de dólares para lo cual hace falta exportar más y también importar más, pero con el fin de aumentar la exportación".
En tal sentido, Marcelo Elizondo, director de la consultora DNI, vaticina que "las importaciones van a caer por la recesión, una razón más importante que la devaluación” y que “el 80% de las importaciones argentinas son bienes que se utilizan la producción: bienes de capital, insumos, piezas y partes y energía".
Las perspectivas inmediatas de las exportaciones tienen sólo 3 fuentes a la vista:
** la recuperación de Brasil,
** el remanente sin liquidar anticipadamente de la cosecha 2018/2019 y
** Vaca Muerta, aunque el precio del petróleo no esté tan alto como se preveía inicialmente.
Liquidaciones a cuenta
Difícilmente se llegue al 21% de incremento en las exportaciones con que contaban los equipos del Frente para Todos desde las PASO en más: los productores se adelantaron al aumento de las retenciones y cerraron ventas a través de las Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) por unas 30 millones de toneladas de la campaña 2019/2020, con lo que restan comercializar unas 90 millones de toneladas de granos, el volumen más bajo para esta altura del año desde 2013, sin contar la sequía del año pasado, informó la Bolsa de Comercio de Rosario.
Simultáneamente, continuará el aletargamiento de las importaciones, lo mismo que el retroceso del poder adquisitivo general de la población, de modo que la repetición del superávit externo en 2020 no corre peligro.
"No refleja un crecimiento del comercio internacional en general", sino que es "una adaptación a un escenario un poco más equilibrado", luego del panorama deficitario ´insostenible´ de 2017”, puntualiza Elizondo.
"Hace 50 años, la Argentina conformaba el 0,8% de las exportaciones globales. Hoy es el 0,3%. El día que tengamos la participación de hace 5 décadas, diría que vamos a estar bien", resumió.
A este marco restrictivo se suma que Macri legó una exigua entrada comercial privilegiada a otros países que no supera el 10% del PBI global, mientras Chile posee tratados con el 90% del PBI global, Perú con el 80% y Colombia con el 50%.
El Mercosur, en plena revisión, explica actualmente, aún así, menos del 20% de las exportaciones y específicamente con Brasil, según los datos del Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil (MDIC), la balanza comercial bilateral viene de obtener en diciembre un superávit de US$196 millones, el 2do registro más alto del año, aunque inferior al récord de US$290 millones de octubre.
De modo que el resultado comercial del 2019 fue favorable a la Argentina en US$1.017 millones, lo que implica una mejora de US$5.080 millones con respecto al 2018, ya que durante ese año se registró un déficit comercial de US$4.063 millones, indicó Abeceb, la consultora que fundó Dante Sica, ex ministro de la Producción de Mauricio Macri.
Los sectores con mayores caídas en la importación a Brasil fueron minerales de hierro, vehículos y materiales ferroviarios, óxidos e hidróxidos de aluminio, autopartes, hierro laminado plano y acero, dispensadores automáticos de papel moneda, tubos de hierro fundido, ferroaleaciones, insecticidas, y herbicidas.
De esta forma, en el 2019, las importaciones totalizaron US$9.535 millones, lo que implica una caída del 36,9% anual, debido a que en el 2018 se habían importado US$15.116 millones.
Las exportaciones argentinas a Brasil disminuyeron 6,4% con respecto a diciembre de 2018, desacelerando 1,8pp su caída con respecto al dato de noviembre (-8,2% i.a.), siendo los rubros que registraron las mayores contracciones los vehículos de carga, nafta, energía eléctrica, alcoholes y derivados acíclicos, polímeros plásticos, trigo integral, malta entera o rota, perfumería, tocador y cosméticos y enzimas.
En el 2019 se exportaron US$ 10.552 millones, mientras que el año anterior habían sido US$11.053 millones, lo que equivale una contracción anual del 4,5%.
"Espero que las medidas de aumentar impuestos a las exportaciones de granos y al trigo que compramos no valga para nosotros", expresó el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en relación a las nuevas medidas implementadas en Argentina.
Y manifestó su intención de que ambos países "trabajen juntos para consolidar el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea".










