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EL EDADISMO COMO NEGOCIO

Insólito: el mercado discrimina a los viejos por no ser tecnófilos

El mercado de consumo global diseñó a los tecnófilos como símbolos de lo nuevo, lo joven, y en contraste etiquetó a los viejos de descartables para la sociedad.

Los tecnófilos son los aficionados a las nuevas tecnologías, en general jóvenes, que usan intensivamente dispositivos digitales y apps bajo la creencia de que tienen el potencial de resolver problemas importantes en la sociedad y un sentimiento de que la tecnología mejora la calidad de vida.

Induce por ejemplo a gastar una cantidad muy grande de dinero en artilugios tecnológicos, aún cuando no se necesiten o ya se tengan suficientes, que engrosan la facturación de las grandes corporaciones globales.

Esas nuevas tecnologías constituyen un mercado que llega a desplazar otras actividades importantes del día a día o descuidar las esferas laborales, académicas, sociales, familiares, de autocuidado, etc.

Sin embargo, la nueva longevidad obliga a reconsiderar ese prejuicio y cuando dentro de pocos años haya tantos viejos como jóvenes, la ecuación resultante dará vuelta la tortilla, ya que los viejos prevalecerán en el nuevo mercado.

Mercados como el de la tecnología se sitúan a la vanguardia de los consumidores jóvenes, aprovechando la proliferación de tecnófilos.

Mercados como el de la tecnología se sitúan a la vanguardia de los consumidores jóvenes, aprovechando la proliferación de tecnófilos.

Ya la industria de la moda y de los perfumes se encuentra en pleno viraje y ahora, desde otra perspectiva cualitativa, sintonizan al viejo como potencial consumidor a descubrir y los algoritmos no les pierden pisada.

El creciente apego de los jóvenes a las pantallas, en cambio, hizo encender alarmas en todo el mundo.

Mercado de jóvenes, viejos abstenerse

En nuestro país inspiró un estudio llamado "Monitoreo de tiempo de pantalla y salud mental" en 3.261 estudiantes de escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires, realizado en conjunto por el Ministerio de Educación de la Ciudad y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

Los estudiantes secundarios de la Ciudad de Buenos Aires pasan, en promedio, 6 horas y 10 minutos por día frente a la pantalla del celular, equivale a aproximadamente un cuarto de cada jornada y, acumulada durante un año, suma 92 días completos frente al teléfono.

Tensionan los indicadores de ansiedad generalizada, depresión, somnolencia diurna y uso problemático del smartphone,

Ese promedio ubica a los estudiantes porteños en un rango que el estudio define como medio-alto, frente a investigaciones internacionales similares.

Además, el tiempo aumenta con la edad.

La forma en que utilizan el dispositivo y su relación con la tecnología también se presentan como un factor relevante en los resultados.

Otro dato significativo: TikTok es la aplicación más utilizada. Entre los estudiantes que la señalaron como su app principal, el tiempo total frente a la pantalla asciende a un promedio de 6 horas y 34 minutos al día.

Artilugios electrónicos

Algunos de los que se enrolan en la tecnofilia pueden llegar a pensar que los artilugios electrónicos y las nuevas tecnologías son la solución a todos los problemas actuales, incluso los problemas pedagógicos.

Pero al mismo tiempo, transforma el consumo tecnológico en un hábito compulsivo que altera la conducta, la salud y las relaciones sociales e impulsa la necesidad constante de adquirir el último modelo de dispositivos o descargar las aplicaciones más recientes de forma impulsiva.

El consumo de dispositivos, de videojuegos y de todo aquello que integra el submundo de la tecnología y la moda que se mueve alrededor se vuelve desmedido, genera efectos profundos en la forma en que se compran, usan y crean dependencia con los dispositivos, lo que no sucede con la mayoría de las personas mayores, aunque no sean tecnofóbicas.

De menores a mayores

El 78,3% de los niños de 10 y 11 años ya tiene presencia en alguna red social y uno de cada cinco pasa más de 10 horas en línea los fines de semana, según un informe titulado "Infancia, adolescencia y bienestar digital", realizado por Red.es, UNICEF España, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Ingeniería Informática, que se basó en más de 100.000 entrevistas a 93.000 estudiantes de entre 10 y 20 años y 7.000 docentes de toda España.

El 51,6% de los alumnos de 5º y 6º de primaria ya tiene celular propio, cifra que sube al 86% a los 12 años.

Casi la mitad (44,3%) lleva el dispositivo a la escuela y uno de cada tres lo consulta durante las clases.

Además, el 41,2% duerme con el teléfono en su habitación.

En cuanto al uso de redes, el 79,2% sigue a algún influencer y un 21,3% cree que podría convertirse en uno.

Incluso, un 7,8% ya trabaja en ello creando contenido.

El uso excesivo de redes sociales es estimulado por las corporaciones para exacerbar la tecnofilia y lucrar con ese gigantesco mercado.

El uso excesivo de redes sociales es estimulado por las corporaciones para exacerbar la tecnofilia y lucrar con ese gigantesco mercado.

La tecnofobia

No siempre la tecnofobia es la que opone dificultades o barreras de acceso de los adultos mayores al mundo digital, la primera de ellas, ser “inmigrante digital”.

Lo afirma Jacob Yumha, geriatra de Clínica Alemana, y añade: “Tener más de 80 años y déficit sensorial. Por ejemplo, una alteración visual o un déficit auditivo que limita el poder ocupar en forma adecuada estos instrumentos”.

También habrá más dificultad si hay “una alteración de la motricidad fina para el manejo de un mouse o teclado. Y muy importante como limitante es el déficit cognitivo: pérdidas relacionadas a la memoria, aprendizaje y atención”, apunta.

Un factor que también influye es el nivel de estudios, ingresos, el acceso a conexiones de internet y a aparatos adecuados.

FUENTE: Red.es, UNICEF España, ITBA,