La longevidad regala años de expectativa de vida pero el sindrome de la soledad agita fantasmas, como el del aburrimiento, el qué hacer con tanto tiempo libre de obligaciones y responsabilidades cuando la subsistencia no es una preocupación y no se está enfermo.
UNA FRAZADA CORTA
De la soledad al aburrimiento: "¿En qué voy a ocupar mi día?"
La longevidad abre la oportunidad de vivir más, pero a la vez la soledad y el aburrimiento plantean la gran duda: qué hacer con el mayor tiempo disponible.
El retiro de la actividad laboral deja la agenda vacía que no pocos llenan con ocupaciones, diligencias, vida familiar intensa y continuos programas para hacer algo.
Esas maratones para llenar el tiempo no garantizan que quienes se embarcan en semejante dinámica encuentren la felicidad llegando exhaustos al final de cada jornada.
Es que los espacios vacíos aterrorizan muchas veces a aquellas personas que consagraron su vida al trabajo y de ahí que se sientan descolocadas cuando disponen de tanto tiempo para sí mismos. No se reconocen cuando paran o descansan y los invade la culpa.
La longevidad dispara interrogantes
¿Cómo es mi día a día? ¿Cómo va a ser dentro de diez años? ¿Lo pensás? Una pregunta que muchas adultas cerca de ser mayores se formulan a solas, casi sin animarse a decirla en voz alta: la casa limpia, los libros leídos, las series terminadas, los hijos en la suya... ¿y ahora qué?
En Mil Horas Streaming, un programa de conversaciones y reflexiones sobre longevidad, bienestar y plenitud conducido por la periodista, docente y escritora Gabriela Cerruti, la creadora de La Revolución de las Viejas exhorta: "Cambió la vida, cambió el mundo, y hay que aprender a vivir de nuevo. Se impone hablar sobre herramientas concretas para repensarnos en comunidad".
Añade: "Ocupémonos del tema, con la misma fuerza con la que nos hacemos los controles médicos, con la misma disciplina con la que tomamos el magnesio todas las mañanas o vamos a la clase de yoga".
Cerruti reflexiona: "Lo que me pasa últimamente te debe pasar a vos también, nos pasa a todas, que es que de repente te encontrás con amigas, o vos misma, y pensás cómo va a ser mi día dentro de 10 años".
Aclara que "no es un tema solamente de estar solo, de estar aburrido, sino cómo va a ser el día a día de la vida ahora que nos dicen que vamos a vivir 100 años".
Alguien con quien compartir
Y compara: "Antes pensabas que si llegabas a determinado momento de la vida y cuál era la fantasía: como vivías en comunidad, en el conventillo, los padres, los hijos, se mudaban todos cerca, o estabas con tu marido, con tu pareja, la soledad se resolvía porque había alguien con quien compartir, y venían los nietos algunas veces por semana, y con suerte los fines de semana, estaba el almuerzo familiar..."
Prosigue: "Bueno, ahora no tenés pareja, no sabés si tus hijos van a tener hijos, tus hijos fueron a vivir a otro país, o están laburando o están en la de ellos. Y entonces esa angustia que te empieza a surgir me parece que es reimportante hablar, y es que hay que empezar a pensar cómo solucionarlo efectivamente, tomar medidas ahora efectivamente".
Concluye que "no es culpa, no te pasa a vos, es una pandemia mundial, le pasa a muchísima gente y encima nos pasa a nosotras con otra carga, que es no quiero ser este plomo para mis hijos, no quiero que mis hijos, cuando sean grandes, estén diciendo tengo que sacarla a mamá a pasear, o al cine, o ir a visitarla porque sino está sola y está aburrida. Ese es el combo que nos preocupa hoy".
Una agenda llena puede esconder ansiedad, miedo al vacío o dificultad para adaptarse a una nueva etapa. Algunos jubilados se anotan en todo, aceptan demasiadas responsabilidades familiares o se convierten en apoyo permanente de hijos y nietos, aunque acaben agotados.
Rutina equilibrada
La felicidad en la jubilación no depende solo de moverse mucho, sino de tener una rutina equilibrada, con momentos de actividad, descanso, relación social y autonomía. También importa poder elegir lo que se hace. No es lo mismo cuidar a los nietos por voluntad propia que hacerlo por obligación diaria. No es lo mismo ir a una actividad por ilusión que ir para no estar solo en casa.
La clave está en encontrar un equilibrio. Mantienen horarios, salen, ven gente y hacen actividades, pero también reservan tiempo para descansar, leer, pasear, cocinar, cuidar la casa o simplemente no hacer nada.
Jubilarse implica aprender a decidir qué hacer con los días.
El secreto está en apropiarse del tiempo de cada uno. Amontonar tareas para no afrontar el silencio puede ser contraproducente.









