España llegó a la previa del Mundial con cartel de favorita, pero su primer ensayo dejó más preguntas que certezas. La Selección española igualó ante Irak en un amistoso que debía servir para tomar ritmo, probar nombres y empezar a ordenar sensaciones antes del viaje grande, aunque terminó mostrando una versión demasiado gris para un equipo llamado a competir por todo.
¿REALMENTE FAVORITA?
España empató con Irak y dejó dudas en su primer ensayo antes del Mundial
La España de Luis de la Fuente igualó ante Irak con un equipo alternativo, un error de Joan García y pocas señales fuertes antes del Mundial 2026.
El resultado no cambia por sí solo la dimensión del equipo de Luis de la Fuente, aunque sí funciona como advertencia. La Roja tuvo la pelota, encontró el gol con Ferran Torres y manejó varios tramos del partido, pero nunca logró transformar esa superioridad en una actuación convincente. El error de Joan García en la jugada del empate terminó de ensuciar una noche que ya tenía más tono de prueba que de declaración de fuerza.
El contexto también importa. España jugó con un once muy alternativo, marcado por bajas, rotaciones y nombres que todavía pelean por acomodarse dentro de la lista final o dentro del plan secundario del seleccionador. Dani Olmo fue de los pocos titulares fuertes sobre el campo, mientras que Álex Baena, Marc Bernal, Jon Martín, Borja Iglesias o el propio Joan García formaron parte de una estructura que difícilmente se parezca al equipo que enfrentará los partidos grandes del Mundial.
Por eso el empate no debe leerse como una alarma total, pero tampoco como un trámite sin importancia. En una Copa del Mundo ampliada, con rivales incómodos, viajes largos y partidos que pueden trabarse desde el primer minuto, España necesita que su Plan B también sostenga autoridad. Ante Irak, la sensación fue otra: demasiada posesión, poco filo y una imagen gris para una selección que quiere llegar como candidata.
Un 4-2-3-1 alternativo para medir el Plan B
El primer once premundialista de Luis de la Fuente dejó claro que el amistoso ante Irak tenía más de laboratorio que de ensayo general. España se paró en un 4-2-3-1, con Joan García en el arco; Pedro Porro como lateral derecho, Grimaldo por izquierda y la zaga formada por Laporte y Jon Martín. En el medio aparecieron Gavi y Marc Bernal, mientras que Dani Olmo se ubicó como enlace, con Ferran Torres partiendo desde la derecha, Álex Baena por izquierda y Borja Iglesias como referencia ofensiva.
El dibujo era reconocible, pero los nombres explicaron buena parte del desarrollo. De la Fuente llegó condicionado por bajas, futbolistas tocados y jugadores recién incorporados, con casos sensibles como Lamine Yamal, Nico Williams, Mikel Merino y Martín Zubimendi, todos en proceso de recuperación o administración de cargas antes del Mundial. Por eso usó el partido para repartir minutos y observar soluciones antes que para mostrar una versión cercana al once titular. Dani Olmo fue uno de los pocos nombres de peso real sobre el campo, mientras que Bernal y Jon Martín formaron parte de esa prueba ampliada que difícilmente se repita cuando lleguen los partidos grandes.
España tuvo la pelota y encontró el gol con Ferran en una acción que parecía abrir una noche cómoda, pero nunca logró convertir ese dominio en autoridad. Irak se mantuvo dentro del partido, el error de Joan García cambió el clima y la segunda parte terminó diluida entre cambios, interrupciones y poca continuidad. Más que una alarma total, fue una advertencia concreta: una favorita necesita que su Plan B también imponga respeto, y ante Irak esa versión quedó lejos de convencer.
España, favorita por números y por una mochila que ya pesa
España llega al Mundial con una etiqueta que no nace de la nada. La Roja aparece entre las selecciones mejor posicionadas del ranking FIFA y dentro del lote de candidatas que también integran potencias como Francia, Argentina, Inglaterra, Brasil o Portugal. No es solo una cuestión de percepción o de nombres propios: el equipo de Luis de la Fuente viene de construir un ciclo competitivo, con una identidad reconocible, una base joven y varios futbolistas que ya se mueven en la élite europea.
El recorrido reciente también sostiene esa expectativa. España ganó la Nations League 2023 y la Eurocopa 2024, dos títulos que cambiaron el clima alrededor de una selección que durante años había convivido con dudas en los grandes torneos. A eso se suma una racha que llegó a igualar los 30 partidos consecutivos sin perder, un dato que explica por qué el empate ante Irak genera ruido, pero no alcanza para tirar abajo la candidatura. El problema no es el resultado en sí, sino la imagen de una favorita que no logró imponer autoridad ante un rival claramente inferior.
La exigencia, justamente, viene de esa mochila. Cuando una selección cuenta con nombres como Lamine Yamal, Nico Williams, Rodri, Pedri, Dani Olmo, Mikel Merino o Martín Zubimendi, cualquier versión gris se mira con lupa. España no necesita demostrar que tiene talento, porque eso ya lo sabe todo el mundo. Lo que debe probar es que puede sostener jerarquía incluso con rotaciones, bajas, jugadores tocados y un Plan B que también tendrá peso en un Mundial más largo, más incómodo y con menos margen para regalar partidos.
Por eso el empate ante Irak pega más en el relato que en el ranking. España sigue siendo candidata por presente, recorrido reciente y calidad de plantilla, mientras Argentina llega como campeona del mundo y referencia inevitable de la conversación mundialista. Pero el cartel de favorita obliga a algo muy concreto: jugar como favorita incluso cuando no están todos los titulares. La última prueba será ante Perú, en el cierre de los amistosos previos al Mundial. Ahí De la Fuente tendrá una nueva oportunidad para corregir sensaciones, ajustar piezas y mostrar una versión más cercana a la selección que pretende viajar como una de las grandes amenazas del torneo.
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