Por el fútbol, en España muchos se han vuelto muy críticos de los argentinos. En verdad, desde el inicio de la Copa del Mundo, unos cuantos andaban conque el latiguillo de la Argentina había comprado el evento o que Gianni Infantino tenía un ánimo pro-argento. Gilipollas. (Interesante y descriptivo el origen de esta palabra, derivada de 'gilí', que deriva del árabe 'yihil', para referirse a una persona aturdida o ignorante. En tanto, estúpidas leyendas populares asocian el origen de la palabra con un consejero de Hacienda llamado Baltasar Gil Imón de la Mota y sus hijas pero la verdad es nunca en la historia de la Humanidad hubo un consejero de Hacienda boludo. Más bien los tarados son quienes creen que un consejero de Hacienda es ignorante).
"LA EXCLUSIÓN SIMBÓLICA"
España, gran discriminador de electores latinos
Muy interesante el texto de Eduardo Reina acerca de la investigación de Enrique Borba Romanelli sobre la España que no conocemos (ni imaginamos).
En este rifirrafe tan hispano, muy interesante un texto de Eduardo Reina sobre la España que no conocemos- Reina evaluó la investigación, titulada ‘La exclusión simbólica’, realizada por Enrique Borba Romanelli Jordi Rodriguez-Virgili, de la Universidad de Navarra, acerca del voto latino en España: 11.389 piezas de comunicación electoral entre 2016 y 2023. Reina tituló lo suyo, "El voto latino: millones de ciudadanos a los que la política todavía no mira". El texto:
Hay silencios que dicen mucho más que los discursos. En política, lo que no se menciona suele ser tan importante como aquello que ocupa los titulares. Y un reciente estudio sobre las campañas electorales españolas deja al descubierto una realidad llamativa: casi dos millones de ciudadanos españoles nacidos en América Latina, con derecho a voto, prácticamente no existen para los grandes partidos cuando llega el momento de pedir apoyo en las urnas.
Jordi Rodríguez-Virgili , de la Universidad de Navarra del voto latino en España: las campañas electorales del PP y PSOE, analizó 11.389 piezas de comunicación electoral entre 2016 y 2023. El resultado sorprende: apenas dos anuncios específicos del Partido Popular y una referencia muy breve del PSOE. Nada más. En 8 años de campañas nacionales, un colectivo que representa el 5,3% del censo electoral apenas fue interpelado de manera directa.
No se trata de una falta de capacidad técnica. Hoy los partidos segmentan mensajes con una precisión extraordinaria. Diseñan campañas para jóvenes, jubilados, cazadores, agricultores, autónomos o incluso para colectivos mucho más reducidos. La tecnología permite dirigir un mensaje casi personalizado. Si eso ocurre, ¿por qué un electorado de 2 millones de personas permanece prácticamente invisible?
El estudio sostiene que existe una forma de exclusión mucho más sutil que la discriminación abierta: la invisibilidad política.
Electores
No se rechaza a este colectivo, pero tampoco se lo reconoce como un actor con demandas, preocupaciones o identidad propia. Es una ciudadanía que paga impuestos, trabaja, emprende, forma familias y vota, pero que rara vez aparece en el radar estratégico de quienes aspiran a gobernar.
Paradójicamente, América Latina sí aparece en el debate político español, aunque casi siempre como herramienta ideológica. Venezuela, el chavismo, Cuba o, en ocasiones, Brasil son utilizados para confrontar modelos políticos internos. Sin embargo, los millones de españoles nacidos al otro lado del Atlántico apenas son considerados cuando se diseñan propuestas o mensajes específicos para ellos.
España tiene una oportunidad extraordinaria que todavía no ha sabido aprovechar. La comunidad latinoamericana ,comparte idioma, fuertes vínculos culturales e históricos y una integración mucho más sencilla que la de otros procesos migratorios europeos. Convertir esa realidad en una verdadera política de integración y representación no debería entenderse como clientelismo, sino como una muestra de madurez democrática.
También cabe preguntarse si parte de la responsabilidad recae en la propia comunidad latina. A diferencia de Estados Unidos, donde el voto hispano ha desarrollado una identidad política reconocible y capacidad de influencia, en España sigue fragmentado entre nacionalidades de origen y carece, en gran medida, de una agenda común que logre hacerse escuchar.
Una democracia no se fortalece solamente garantizando el derecho al voto. También debe garantizar que todos sus ciudadanos sientan que forman parte de la conversación pública. Porque cuando millones de personas dejan de ser nombradas, dejan también de sentirse representadas. Y cuando la política deja de escuchar a una parte de la sociedad, no solo pierde ese colectivo: pierde calidad la democracia en su conjunto.
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