Ramsés II, también llamado "Ramsés el Grande", ascendió al trono como un adolescente, heredando un reino próspero pero amenazado. Con una combinación de diplomacia astuta, logros arquitectónicos impresionantes y una campaña de relaciones públicas inigualable, se convirtió en el gobernante más importante de la historia egipcia.
EL REY DE LA DIPLOMACIA
Ramsés II, el faraón más importante de Egipto: ¿Cómo lograr poder sin usar las armas?
Ramsés II, el faraón más poderoso y exitoso del Antiguo Egipto, afianzó su poder combinando la diplomacia con logros arquitectónicos, como Karnak y Abu Simbel.
Ramsés II y la diplomacia como arma de guerra
¿Qué es lo que confiere poder a un rey? Ramsés II asumió que la diplomacia y una exhaustiva campaña de relaciones públicas podían mitigar cualquier deficiencia militar. Fue su abuelo, Ramsés I, el que incorporó a su familia de cuna plebeya a las filas de la realeza gracias a sus proezas militares. Su padre, Seti I, garantizó la riqueza de la nación abriendo minas y canteras y fortificó la frontera septentrional contra los hititas, una tribu de la actual Turquía.
Cuando Ramsés II subió al trono el 31 de mayo de 1279 a.C. con apenas 14 años, los hititas aprovecharon la ocasión para poner a prueba al joven rey invadiendo la ciudad comercial de Qadesh, en la actual Siria. Ramsés II dirigió sus fuerzas para retomar Qadesh, pero fue engañado por sus espías que le hicieron creer que los hititas estaban lejos del campamento egipcio. En realidad, estaban en las cercanías y emprendieron el ataque. De no ser porque los refuerzos llegaron a tiempo, los egipcios habrían perdido la batalla.
Buscando enaltecer su figura después de ese triunfo, ordenó que se elaboraran murales que lo representaran derrotando sin ayuda a los agresores en las paredes de los templos de todo Egipto. En realidad, tras años de negociaciones, Ramsés II acabó firmando un tratado de paz con los hititas (el primer acuerdo de paz cuyo texto se haya conservado) en el que se estableció la extradición de refugiados y la cooperación mutua en caso de ataques.
Un faraón monumental
Además de sus logros diplomáticos, la riqueza del reinado de Ramsés II se manifiesta en su opulenta campaña de construcción, la mayor emprendida por un faraón. Queriendo verse reflejado como "gobernante de gobernantes", erigió más monumentos y estatuas y tuvo entre 88 y 103 hijos (más que ningún otro faraón).
Los magníficos templos de Karnak y Abu Simbel, sus construcciones más destacadas, se encuentran entre las mayores maravillas del Antiguo Egipto. Abu Simbel, en particular, resalta más ya que Ramsés II no quería que hubiera dudas sobre quién lo había construido. Con una altura de más de 56 metros y cuatro estatuas de más de 18 metros sentadas a la entrada que sirven de centinelas, el templo le rinde culto tanto a la imagen del faraón como a los dioses solares (de hecho, contiene murales de la batalla de Qadesh, así como de él y su esposa Nefertari haciendo ofrendas a los dioses).
A pesar de todos los esfuerzos de Ramsés II por asegurar que su legado perdurara, hubo un testimonio de su poder que no podía prever. Tras su muerte a los 90 años, nueve faraones posteriores tomaron su nombre al subir al trono, lo que consolidó su relevancia como "El Grande" entre los gobernantes de Egipto.
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