El Gobierno afrontó este martes (29/7) una licitación clave, enfrentando vencimientos de casi $12 billones en un contexto de presión cambiaria, tasas volátiles y una desconfianza creciente en el mercado, marcada por la cercanía de las elecciones. Lejos de un éxito, el resultado expuso la fragilidad actual: el Tesoro debía renovar $11,8 billones y solo consiguió adjudicar $9,023 billones, pese a haber recibido ofertas por $9,4 billones.
BAJO ROLLOVER
Tasas más altas: La licitación dejó al Tesoro al descubierto
El Tesoro afrontó una licitación clave en un contexto de presión cambiaria, tasas volátiles y una desconfianza creciente.
El rollover alcanzó el 76,34%, el peor registro desde el cambio de gestión.
Tasas al alza
La señal más preocupante fue la suba de tasas: la Secretaría de Finanzas tuvo que convalidar rendimientos más altos que en el mercado secundario. Por ejemplo, la LECAP S15G5 pagó un 4,28% TEM, mientras en el secundario se operaba a 4,06%. Otro ejemplo lo tenemos en el S29G5, este bono a tasa fija cerró con una TEM en 3,66%, mientras que en la licitación le adjudicaron una Tasa Efectiva Mensual del 4,02%.
En los CER, las tasas efectivas anuales rozaron el 65%. Esto refleja un mercado cada vez más selectivo, que exige premios crecientes para renovar posiciones en pesos.
Dólar Linked desierto
Otro dato llamativo: de los cuatro bonos dólar linked ofrecidos, solo el más largo (TVZD5) fue adjudicado y por un monto ínfimo.
Puede leerse como menor demanda de cobertura cambiaria vía instrumentos regulados, aunque no necesariamente implica calma: la dolarización preelectoral se canaliza por otros vehículos y el apetito de cobertura persiste alto.
¿Alivio transitorio para las tasas?
Paradójicamente, el hecho de que no se haya renovado la totalidad de los vencimientos podría jugar a favor de un alivio en las tasas de corto plazo. Al no absorber todos los pesos liberados por los vencimientos, parte de esa liquidez quedará disponible en la plaza y podría contribuir a descomprimir un mercado que, hasta ahora, venía operando con tasas elevadas e insostenibles.
En otras palabras, la “sobrante” de pesos servirá de oxígeno para la liquidez bancaria y ayudaría a bajar el costo del dinero en el margen, al menos momentáneamente.
Más allá de las bandas formales, el Gobierno dejó claro que el techo del dólar será $1.300 a nivel mayorista, nivel al que llegó este martes. Para mantenerlo, el BCRA volvió a intervenir activamente: el lunes, pagó tasas de hasta 50% anual y suspendió la “tasa endógena” hasta nuevo aviso.
En paralelo, intervino en el mercado de futuros y vendió bonos para equilibrar los dólares financieros.
Crédito estrangulado y futuro incierto
El endurecimiento monetario para contener el dólar y el desarme de las LEFI generaron una contracción brutal del crédito, con bancos refugiados en instrumentos cortos y seguros.
El stock de deuda en pesos no luce crítico respecto al PBI, pero su concentración en plazos cortos y la menguante demanda genuina complican el panorama. La liquidez disponible apenas cubre una parte de lo necesario para pasar el filtro electoral, y cada licitación se vuelve una prueba de fuego.
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