El Gobierno anunció una reducción temporal de las retenciones a las exportaciones agrícolas y la eliminación total de estos derechos para las economías regionales. Aunque la medida busca reforzar las reservas del Banco Central (BCRA), introduce un alto nivel de estrés fiscal que deberá ser compensado mediante la aceleración en la liquidación de divisas por parte del sector exportador.
"DÓLAR RÁPIDO"
Baja de retenciones: Stress fiscal a cambio de temprana liquidación
El Gobierno anunció una reducción temporal de las retenciones como medida rápida para que el BCRA pueda hacerse de dólares.
Impacto fiscal y sus riesgos
La rebaja de retenciones tendrá un costo fiscal directo estimado en 0,1% del PBI durante los primeros seis meses de vigencia. Si bien el Gobierno logró cerrar el 2024 con un superávit fiscal de 0,3% del PBI, esta reducción de ingresos amenaza con recortar ese margen en un momento donde la fragilidad económica deja poco espacio para maniobras.
A pesar del impacto presupuestario inmediato, el Ejecutivo intenta compensar este estrés fiscal mediante una estrategia que obliga a los exportadores a liquidar las divisas en un plazo máximo de 15 días desde la presentación de la Declaración Jurada de Venta al Exterior (DJVE). Este apuro en la liquidación busca inyectar dólares rápidamente al Banco Central, evitando mayores tensiones en el mercado cambiario y fortaleciendo la posición externa en plena negociación con el FMI.
El delicado equilibrio del "alivio temporal"
La medida, que reduce significativamente las alícuotas, tiene el doble objetivo de mejorar la rentabilidad del agro y garantizar un flujo constante de divisas. Para los principales productos:
- Soja (poroto): baja del 33% al 26%.
- Aceite y harina de soja: del 31% al 24,5%.
- Trigo, maíz, cebada y sorgo: del 12% al 9,5%.
- Girasol: del 7% al 5,5%.
Aunque la rebaja se traduce en un menor ingreso fiscal, el adelanto en la liquidación de divisas permite al Banco Central capturar dólares de manera inmediata, evitando una caída aún mayor en sus reservas. Sin embargo, la temporalidad de la medida -vigente hasta el 30 de junio- plantea dudas sobre su sostenibilidad y el impacto real en las cuentas públicas a mediano plazo.
El stress fiscal en el centro de la escena
El costo de esta política recae directamente sobre las arcas del Estado. En el corto plazo, se trata de una devaluación fiscal encubierta que transfiere recursos al sector agropecuario. Esto supone un alivio para los productores, pero también implica una pérdida de recaudación que, en un contexto de alta fragilidad fiscal, no es menor.
Sin embargo, el Gobierno intenta amortiguar este impacto con la exigencia de una mayor velocidad en la liquidación de exportaciones. Las empresas deberán ingresar las divisas en el mercado local en un plazo máximo de 15 días, acelerando el flujo de dólares hacia las reservas. Este esquema, aunque efectivo en lo inmediato, depende de que los exportadores opten por aprovechar el beneficio y no posterguen ventas, algo que aún genera incertidumbre.
La estrategia del "dólar rápido"
El Gobierno no solo busca calmar al agro, sino también demostrar al FMI que puede mantener el equilibrio fiscal sin recurrir a una devaluación abrupta. Al fijar condiciones estrictas para acceder a las reducciones de retenciones, la administración de Luis Caputo apunta a garantizar que el alivio fiscal no se traduzca en una simple transferencia de recursos sin retorno inmediato al sistema.
En definitiva, esta medida funciona como un arma de doble filo:
- Por un lado, alivia momentáneamente la rentabilidad del agro, fortaleciendo un sector clave para el ingreso de divisas.
- Por otro, genera un stress fiscal considerable, que solo puede ser compensado mediante un flujo constante y rápido de dólares al Banco Central.
El desafío estará en mantener el frágil equilibrio entre estas dos fuerzas, en un contexto donde cada decisión fiscal y económica tiene el potencial de desestabilizar una economía ya en el límite. El éxito o fracaso de esta política dependerá de la capacidad del Gobierno para capitalizar este flujo anticipado de divisas sin sacrificar la estabilidad fiscal a largo plazo.
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