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No tan mujer: La reconstrucción del clítoris, la opción para superar el trauma de la ablación

"Soy una mujer, pero no del todo", dijo al diario español 'El País' Aissatou Gaye, una mujer de Senegal que no recuerda cuando, de niña y sin motivo, le extirparon los genitales pero que sufre día el día el trauma de "no sentir nada con el sexo". Hoy, tiene una opción para superar el trauma de la ablación: la reconstrucción del clítoris.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).- ¿Se acuerda de Katoucha Niane, la ex top model africana que murió ahogada en el Sena en febrero pasado? Hija del escritor e historiador Djibril Tamsir Niane, Katoucha nació en 1960 en Guinea Conakry y fue una de las primeras modelos negras africanas que se convirtió en estrella de las pasarelas en la década de los ochenta, musa de diseñadores como Yves Saint-Laurent y Christian Lacroix. Pese a la belleza y el éxito, esta mujer padecía un terrible trauma: a los 9 años de edad debió afrontar la ablación del clítoris. Sin embargo, al finalizar su carrera como modelo, se implicó en la lucha para combatirla, creando una asociación que llevaba su nombre. Llegó a publicar incluso un libro titulado "En mi propia carne", donde narra la práctica ancestral de la mutilación femenina. Luego tuvo el trágico final. Pero como ella fueron y son muchas las niñas africanas que deben someterse a la ablación. Hoy, a sus 38 años, Aissatou Gaye cuenta al diario 'El País' de España que no se siente cómoda cuando habla de sexo con amigas porque nunca ha vivido los placeres carnales que explican las demás. Su abuela tiene la culpa. Al poco de nacer, llevó a Aissatou y a otras niñas de la familia a ver a una mujer que les extirpó los genitales. Aissatou no recuerda aquel episodio. Pero hasta hoy sufre las consecuencias de aquella ablación colectiva acaecida en un remoto pueblo de Senegal. "Supe que tenía un problema la noche de bodas", dice Aissatou, una enfermera que llegó a España hace cinco años. "No siento nada con el sexo, y me culpo de ello. Noto que me falta algo; que soy una mujer, pero no del todo. Y llenaré ese vacío como sea". Aissatou, casada y con tres hijos varones, está segura de que recobrará lo que le falta. Es una de las diez mujeres que pronto pasarán por el quirófano del Instituto Dexeus de Barcelona para someterse a una operación de reconstrucción del clítoris. Hace tres meses, el doctor Pere Barri sintió "un tremendo orgullo" tras intervenir a sus dos primeras pacientes, dos mujeres africanas víctimas de la ablación. El resultado fue óptimo: "Han recuperado la sensibilidad". La clínica realizará, en el futuro, dos o tres operaciones al mes. La intención es que la técnica se traslade a otros centros españoles para que las mujeres que en su día fueron mutiladas dejen atrás los fantasmas. "Operar es prevenir: decimos a las mujeres que hay remedio", dice Barri. La ablación, una práctica ancestral con vigencia (aunque de forma clandestina) en 26 países de África, se hizo presente en España a través de la llegada de familias subsaharianas. Sobre todo, de Senegal, Gambia o Mali. En los años noventa, se efectuaron mutilaciones en territorio español. Ahora ya no ocurre eso; a la policía, al menos, no le consta ningún caso reciente. El Código Penal castiga la ablación con penas de 6 a 12 años de cárcel. Las familias favorables a esta práctica aprovechan los viajes a su país para zafarse de la ley. Es ahí donde se focaliza la actividad de policía, jueces, asociaciones, asistentes sociales y médicos, que han redoblado esfuerzos. Tienen un valioso instrumento legal: desde 2005, la justicia puede perseguir las mutilaciones cometidas en el extranjero. Más allá de esta acción, la clave es la prevención, coinciden los expertos. "Hay padres que lo hacen por el bien de sus hijas, porque no conocen las consecuencias", dice la presidenta de la Asociación de Mujeres AntiMutilación, Mama Samateh. Otras veces, los padres, integrados en la sociedad, rechazan la tradición. "Pero topan con la familia, que allí tiene mucha importancia", apostilla Yolanda Gracia, de la unidad de proximidad de los mossos. El riesgo, entonces, persiste. Aissatou comentó su problema con los hermanos. Pero nunca habló de ello con su abuela. Y menos lo hará ahora, que está enferma. "Lo que quiero es ponerme ya en manos del doctor Barri y recuperar el tiempo perdido".

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