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PANORAMA

Un ancla para la inflación y la decepción progre

El ajuste fiscal previsto en el presupuesto buscaría contener la inflación. Un estímulo para el votante. Una verdad incómoda para algunos progresistas.

Pasado el impacto y, en alguna medida, el interés colectivo por el atentado contra Cristina Kirchner, la agenda pública vuelve a ubicarse en la principal preocupación de la ciudadanía, muy vinculada a temas económicos que todavía no tienen resolución. Se conoció esta semana que la inflación de agosto trepó al 7%, una desaceleración casi imperceptible desde el 7,4% de julio, que ubicó la suba de precios de los últimos 12 meses en casi el 80%. El acumulado de los 8 primeros meses de 2022 resultó en el 56,4%, y las proyecciones privadas ubican la inflación de todo 2022 en el piso del 95%, la cifra más alta de las últimas 3 décadas y que hace imposible cualquier acuerdo paritario que si quiera le empate. Aún sin haberse producido una maxidevaluación como la de la salida de la convertibilidad que llevó en 2002 el tipo de cambio oficial de $1 a $4 (un salto del 300%), la inflación será en 2022 más del doble de aquel 41% de hace 20 años, con un dólar que, de acuerdo las previsiones oficiales, se habrá apreciado alrededor de un 38% a fin de año (pasaría de $103 a $166). Ante la ineficacia que mostró el atraso cambiario en contener los precios, queda en evidencia que el dólar oficial dejó de ser un ancla contra la inflación.

Para 2023, de acuerdo al proyecto de presupuesto que Sergio Massa envió en los últimos días al Congreso, la inflación está estimada en un 60% y se espera que el dólar termine el año en $270, 60% más que el previsto para diciembre. De esa forma, el salto cambiario, a diferencia de los últimos años, acompañará a la inflación. Si bien algunos economistas calificaron de “realistas” varios supuestos del proyecto (como el crecimiento del PBI al 2%), la meta inflacionaria genera ruidos, ya que algunos calculan la suba de precios de 2023 en no menos del 80%. "¿Ustedes creen que un 95% de inflación este año va a pasar al 60% el año que viene mirando al techo, sin programa, sin unidad monolítica de un gobierno, sin una conducción férrea? Eso no existe", dijo sin vueltas Carlos Melconian, economista y exfuncionario del gobierno de Mauricio Macri. Pero más que una meta concreta o una expresión de deseo, la subestimación de la inflación para el año próximo implicaría una masa de recursos por recaudación (a mayor inflación, mayor caja por impuestos) sin destino previsto. Sería un homenaje de Massa a los años del INDEC intervenido, cuando el presupuesto incluía una proyección inflacionaria del 10% que luego el IPC trucho convalidaba, aunque el aumento real de precios más que lo duplicaba. Era lo que denunciaba el massismo en el Congreso que, con otros legisladores, publicaba una medición alternativa de precios por el bozal que Guillermo Moreno les había impuesto a las consultoras privadas. Otros tiempos.

Licuadora

Proyectar una inflación más baja que la realmente esperada también permite un ajuste de las cuentas. Con gastos previstos en torno al 70%, una inflación estimada por los privados más cerca del 85% generará una efecto 'licuadora' que le dará a Massa una herramienta más para alcanzar el 1,9% de déficit fiscal. Es la meta que el ministro de Economía ratificó ante el FMI en Washington en los días previos a enviar el texto del presupuesto a la Cámara de Diputados. El proyecto incluye además un recorte en los subsidios a la energía y el transporte, lo que acarreará un aumento de tarifas, y un ajuste en términos reales (aumentos de partidas por debajo de la inflación proyectada) en áreas sensibles como Salud y Educación. A la foto que se sacaron con el embajador estadounidense, Marc Stanley, los sindicalistas docentes Hugo Yasky y Roberto Baradel podrán anotar su silencio ante el ajuste educativo en su giro a la “ortodoxia”.

Sin el dólar y las tarifas como anclas, el ajuste fiscal es el nuevo faro para bajar la inflación, creen en el ministerio de Economía. El reordenamiento de las cuentas públicas funcionaría como catalizador para sacar la suba de precios del sendero del 7% mensual y ubicarlo en el 3%, tal la meta del Palacio de Hacienda. Menor emisión, eliminación de subsidios y exenciones para recuperar recaudación, y licuación del gasto serían la clave. El costo sería una menor expansión de la economía, estimada en un 2%, la mitad del 4% proyectado para todo 2022, que incluía un arrastre del rebote del 10% post pandemia. Al enfriamiento contribuirá además el aumento de las tasas de interés, que esta semana volvieron a subir tras la difusión del dato inflacionario. Se sabe: toda vez que se remunera mejor el ahorro se desincentiva la inversión.

https://twitter.com/USAmbassadorARG/status/1569772775732125696

Zanahoria electoral

¿Cuál será entonces la zanahoria para un 2023 electoral? Con el gasto en obra pública apenas por arriba del registro de 2022 (en términos reales), el Gobierno apuesta todo a que la inflación muestre una tendencia declinante y que los salarios le ganen, lo que sería una condición sine qua non para poner al Frente de Todos en condiciones de competitividad cuando renovar el mandato presidencial es lo que está en juego. El orden de las cuentas públicas busca ser el nuevo ancla contra los precios, aunque eso repercuta en el nivel de actividad y algunas correcciones (el aumento de tarifas, por ejemplo) impacten en los ingresos.

El proyecto de presupuesto está atravesado por el acuerdo con el FMI, que el kirchnerismo votó en contra tanto en el Senado como en Diputados. Máximo Kirchner renunció como jefe de la bancada oficialista en la Cámara Baja por su disidencia con el contenido de los firmado por Martín Guzmán. Un ejemplo de coherencia de La Cámpora sería votar también en contra de un presupuesto que se fija por los parámetros de aquel acuerdo y que Massa viene de discutir con los burócratas del Fondo en su paso por Washington. La sintonía del hijo de Cristina Kirchner con el ministro de Economía -con quien compartió una reunión en el despacho de la Vicepresidente el jueves- deja la sensación de que esta vez no habrá oposición interna, más allá de algunas expresiones minoritarias, como la del piquetero Juan Carlos Alderete, o tal vez los diputados que responden a Juan Grabois. Desde Juntos por el Cambio, en tanto, el gobernador jujeño Gerardo Morales propone aprobar el proyecto en general y luego discutir punto por punto.

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Proyecciones de inflación y dólar incluidas en el proyecto de presupuesto. 

Proyecciones de inflación y dólar incluidas en el proyecto de presupuesto.

Una poca de gracia

En su reaparición pública Cristina Kirchner llamó nuevamente a un diálogo con la oposición que conduzca a un “acuerdo mínimo en economía”. La Vicepresidente dijo que “la gracia es juntarse con los que piensan distinto”. Citó como ejemplo su encuentro privado con Carlos Melconian, el mismo que consideró una “fantasía” la proyección de inflación del presupuesto que el gobierno de la propia CFK envió al Congreso. La convocatoria de la Vice al diálogo (que no es nueva) chocó con el escepticismo de Juntos por el Cambio que le recrimina al oficialismo una dualidad que hace imposible cualquier acercamiento. Los que llaman a discutir ideas son los mismos que los acusaban de instigadores del atentado contra la exPresidente, se quejan. Mauricio Macri puso como condición discutir “con la Constitución arriba de la mesa”. Las reservas del exmandatario se conocieron hacia el fin de una semana en la que se habló mucho de la posibilidad de un encuentro entre el líder del PRO y la jefa del kirchnerismo por la reunión que esta tuvo hace unos meses con José Torello, un amigo y estrecho colaborador del primero. Una versión sostiene que Torello se habría ofrecido como nexo entre ambos líderes. Macri hace trascender que no se necesitan intermediarios para un contacto de ese calibre.

La desconfianza entre los todistas y los cambiemitas se acrecentó además por la sospecha de los opositores de que en un momento u otro el Gobierno impulsará la derogación de las PASO. Los puso en alerta el pronunciamiento en contra de las primarias de legisladores nacionales que responden al gobernador cordobés Juan Schiaretti, que siempre intentó mostrarse por encima de “la grieta”, pero esta vez podría votarle al oficialismo una ley que podría desarticular a la oposición como efecto. “Nos quieren joder”, reprochó el jujeño Gerardo Morales, que entiende que la eventual movida del peronismo tiene como objetivo primordial dejar a la oposición sin una herramienta vital para resolver sus internas. El propio Morales reconoció su importancia al anticipar que en caso de que se deroguen las PASO, JxC tiene previsto un mecanismo alternativo para definir las candidaturas de su espacio.

https://twitter.com/LautaroMaislin/status/1570867605300482048

Instigadores deseados (Parte II)

En su discurso en el Senado frente a referentes religiosos, Cristina Kirchner también se refirió por primera vez al atentado que sufrió en la puerta de su domicilio, en el barrio de Recoleta. A tono con el speech del oficialismo, la Vicepresidente buscó el origen del episodio en “las palabras de odio que preceden a los hechos violentos”. Aunque evitó señalar a la oposición, los medios y la Justicia como instigadores, tal como rezó el fallido manual del Gobierno durante los días posteriores al episodio. De todas formas, no cesaron durante la semana los intentos de las usinas mediáticas del kirchnerismo por tratar de encontrar una terminal en instigadores deseados, ya sea el fiscal Carlos Stornelli, que pidió enviar a juicio oral a CFK por la causa de los cuadernos; o el empresario cercano a Mauricio Macri Nicolás Caputo, por un pago a la carpintería de uno de los referentes de Revolución Federal, un grupo que realizó escraches contra funcionarios y manifestaciones violentas de las que participó, al menos en una ocasión, Brenda Uliarte, procesada junto con Fernando Sabag Montiel por el intento de asesinato de la Vicepresidente. Desde el grupo Caputo negaron cualquier pago a la carpintería de Jonathan Morel. El “hermano de la vida” de Mauricio Macri, no obstante, se habría sentido más incómodo con la difusión del blanqueo de fondos que tenía en paraísos offshore que con su vinculación indirecta con el atentado.

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Cristina Kirchner buscó en los "discursos de odio" el motivo del atentado que sufrió. 

Cristina Kirchner buscó en los "discursos de odio" el motivo del atentado que sufrió.

Decepción progre

Hasta el momento, la investigación judicial no ha arrojado involucrados en el atentado más allá de los 4 detenidos por el hecho. Por otro lado, la falta de, por así llamarlos, “autores intelectuales” puso a relieve un fenómeno muy llamativo. Se trata de cierta decepción en un sector del progresismo -alineado en general con el kirchnerismo- por la posibilidad de que el accionar de Sabag Montiel, Uliarte y la denominada ‘Banda de los Copitos’ no haya estado motivado, al menos en principio, por “los discursos de odio” que ese segmento vincula directamente con los medios críticos del Frente de Todos o la oposición política. En esta misma columna se citó la semana pasada un texto del sociólogo e investigador del Conicet Ariel Wilkis que ponía el foco en la realidad socio-económica de los atacantes como disparador más que en la penetración de mensajes anti K.

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Con motivo de aquel texto, Wilkis fue entrevistado esta semana en el programa ‘Pasaron cosas’ de Radio Con Vos. A pesar de la insistencia de los columnistas para que el entrevistado señale el origen de la violencia en las manifestaciones críticas al Gobierno, Wilkis sostuvo que existiría una condición preexistente para que, en todo caso, esos discursos - que él no desestima- “prendan”. En síntesis, es -en la visión del sociólogo- la frustración por la realidad social la base sobre la que los “discursos de odio” podrían tener algún efecto sobre los receptores. No al revés. "Salir a la caza de discursos de odio como acción política nos lleva al sin sentido", definió Wilkis. Esta visión alternativa, si no anula, reduce a un segundo plano el argumento de Cristina Kirchner y sus seguidores, y les genera mucha incomodidad. Durante la entrevista al sociólogo, el conductor del ciclo, el periodista Alejandro Bercovich reconoció: "Todo lo que no sea exactamente lo que queremos escuchar nos saca de plano".

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