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Participó en la Argentina menemista de la famosa quiebra fraudulenta del Banco de Crédito Provincial (BCP), sobre cuyas ruinas se constituyó el Mercobank. Pero el dinero nunca apareció. El banco más antiguo de Italia, la Banca Monte dei Paschi di Siena, respaldó entonces a los Trusso accionistas de la entidad e hijos de Francisco Trusso, ex embajador de Carlos Menem en el Vaticano. El escándalo desencadenó condenas, pero a la entidad no le tocó ni una. Ahora, en el viejo continente, vuelve a caer en el ojo de la tormenta. Eso sí, el que caerá en el abismo, dicen, será esta vez el Partido Democrático en plena campaña.
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"Es posible que tenga que vender mi departamento de Marbella", dijo el vicegobernador de la provincia de Buenos Aires y defensor a ultranza de la pesificación de la economía argentina, Gabriel Mariotto, que admitió que alquila la propiedad en euros. Pero no logró despertar la lástima, como tampoco lo hizo Ricardo Echegaray, titular de la AFIP, cuya familia disfruta de su propiedad en la vecina Punta del Este, ni el ministro de Salud, Juan Manzur, y el hombre más rico del Gabinete, aunque de vacaciones en la costa argentina, ni...
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Los políticos, en general, tienen mala imagen. Y no hacen mucho esfuerzo por cambiarla. Al menos no hacen el suficiente esfuerzo, que exigiría austeridad personal. Siempre hay excepciones pero son solo excepciones. No ocurre solo en algún país en particular, pareciera extenderse, en especial a los países en crisis, que es cuando duele más a los contribuyentes el dispendio de los favorecidos por el ejercicio de la política profesional. En España, a diario aparecen nuevos casos. Hay jornadas en que las diferentes denuncias, en sede judicial, completan toda la oferta informativa local. A propósito de la epidemia, recomendable una reflexión:
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Sócrates de Atenas fue un filósofo clásico, maestro de Platón, quien a su vez tuvo a Aristóteles como discípulo. Su inconformismo lo impulsó a oponerse a la ignorancia popular y al conocimiento de los que se decían sabios. Uno de sus mejores amigos, Querefonte, le preguntó al oráculo de Delfos si había alguien más sabio que Sócrates, y la Pitonisa le contestó que no había ningún griego más sabio que él. Sócrates dudó del oráculo, pero se dio cuenta que creían saber más de lo que realmente sabían. Murió a los 70 años de edad, condenado al suicidio con cicuta, por no reconocer a los dioses atenienses y corromper a la juventud. Según Platón, Sócrates pudo haber eludido la condena, pero prefirió acatarla y morir.
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