Elecciones 2013 (2): Cristina necesitará su Cu Chi
Los Túneles de C? Chi es un extenso sistema de túneles interconectados ubicados en el distrito de Cu chi, Ciudad Ho Chi Minh (Saigón), Vietnam. El sistema integra una más amplia red que cubre gran parte del país. Esos túneles fueron construidos durante la ocupación Francesa y fueron ampliados durante la guerra de Vietnam, como base de operaciones del Vietcong para la ofensiva del Tet llevada a cabo en 1968. Los túneles se extienden 40 km al norte de la ciudad central, y fueron escondrijos durante el combate, rutas de comunicación y suministros, hospitales, almacenamiento de alimentos y armas y alojamiento de un gran número de guerrilleros. Hoy en día, son una popular atracción turística de la ciudad. ¿Cristina puede construir su propia Cu Chi en la economía 2013?
20 de enero de 2013 - 11:30
"Adentrarse en el interior del complejo de túneles de la zona de Cu Chi significa gatear a oscuras por unos estrechísimos y claustrofóbicos túneles durante varios metros. Aunque estos túneles han sido agrandados para permitir el paso de los turistas, probablemente toquemos con los hombros en las paredes. Hay que avanzar a gatas o de cuclillas ya que los techos de los túneles son muy bajos. Los túneles, con una gran concentración de humedad, no están ilumanados, por lo que hay que adentrarse a oscuras. (...)
La zona de Cu Chi conocida como Tierra de Fuego (también tierra de acero o triángulo de acero) fue bombardeada sin cesar, el Viet Cong tenía que permanecer durante días en los túneles sin poder salir.
Una vez asumido el fracaso por parte de los Americanos, se creó una unidad especial llamada ratas de túnel, cuya finalidad era adentrarse en los túneles y acabar con cualquier vietnamita.
La visita por Cu Chi concluye en unas trincheras donde podemos ver restos del armamento utilizado en la guerra de Vietnam: bombas de racimo, lanzacohetes, lanzamisiles que montaban los helicópteros americanos, una colección de armas de corto alcance y ametralladoras (el célebre subfusil AK-47, arma por excelencia del Viet Cong forma parte de la muestra).
Aquí nos darán la oportunidad de disparar munición real usando un AK-47, el arma del Viet Cong, o una ametralladora M-16, el arma Americana. El precio es de 5$ por un cargador de 5 balas.
Las armas están configuradas en modo manual, es decir, se disparan las balas de una en una (para evitar una ráfaga automática y quedarnos sin munición con tan solo apretar el gatillo). (...)".
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). ¿Podrá resistir Cristina al acecho de la puja por la riqueza, disputa distributiva que su marido ayudó a crear y ella incrementó? Utilizando la imagen que a ella le provocó tanta simpatía en su visita oficial a Vietnam, podría afirmarse que, en breve, la Presidente de la Nación necesitará su red Cu Chi en la Argentina.
Algunos datos imprescindibles:
"Se dijo aquí la semana pasada. La perspectiva económica para este primer semestre del año inquieta al Gobierno más de lo que está dispuesto a reconocer. Y la puja por los aumentos salariales se insinúa, esta vez, más tensa que la de años anteriores, con un nivel inflacionario que despierta inquietud desde hace tiempo.
Todos los gremios están partiendo de un reclamo mínimo del 25 por ciento. Está por encima de la pretensión del Gobierno, que intentará fijar una pauta del orden del 20 por ciento. La expectativa es que -como ha ocurrido en los últimos años- se parta la diferencia con acuerdos cercanos al 22 ó 23 por ciento a pagar en cuotas a lo largo del año. Pero el escenario no es el mismo. Y los actores tampoco son los mismos. Hasta ahora, había sido Moyano el que había “contribuido” a fijar un techo para las paritarias. Este año será el que pulseará por elevar ese techo al máximo y asumirá la posición más dura.
Si la frase de De Mendiguren puso al Gobierno en alerta, hubo otro dato que generó aún más preocupación. La CGT de Antonio Caló, cercana a la Casa Rosada, también partió de un reclamo del 25 por ciento y puso sobre la mesa un fuerte planteo por el impuesto a las Ganancias. ¿Qué quedará entonces para el sindicalismo opositor, que tiene ahora una gravitación que nunca tuvo en la década que lleva el kirchnerismo en el poder?
En el Gobierno reconocen, por otra parte, que el tema de Ganancias meterá mayor presión a las negociaciones salariales. El hecho de que el Gobierno no haya tocado el mínimo no imponible de ese impuesto en el 2012 hace que la presión impositiva sobre los salarios haya alcanzado un nivel que nunca había tenido. Esa factura intentará cobrarse en las paritarias.
Lo de Ganancias es una historia conocida: ya pagan ese impuesto, por ejemplo, el 40 por ciento de los docentes bonaerenses. Y los aumentos que se acuerden para este año pueden extender aún más ese universo si no se hace una fuerte actualización de las bases de imposición. Hay gremios en los que todos o casi todos sus trabajadores solteros ya pagan este gravamen. Entre los visitadores médicos, los bancarios, los choferes de larga y media distancia y los camioneros -que tienen sueldos que arrancan desde los 7.500 pesos-, no hay casi ningún empleado que esté exento.
La situación, inclusive, tiene impensadas derivaciones en algunas empresas: hay empleados -sobre todo en esta época de vacaciones- que se niegan a trabajar horas extras o días adicionales porque eso les aumenta el sueldo pero los pasa a una categoría mayor para el pago de Ganancias.
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El Gobierno -sin decirlo expresamente- estaría condicionando el aumento del mínimo no imponible a que la pauta salarial no supere el 20 por ciento. Pero ni la CGT de Caló acepta la negociación en esos términos.
Esta semana el Ejecutivo se preocupó por presentar de un modo especial el acuerdo salarial al que llegaron los bancarios. Fue de casi el 25 por ciento, pero se desdobló en una mejora del 20% y un plus no remunerativo -en tres cuotas- que suma casi otro 5%. Fue una forma de disimular que la pauta estaba por encima de la pretendida -no de una manera explícita- por el ministerio de Trabajo.
Las negociaciones salariales también desvelan a las provincias, y en especial a la de Buenos Aires. Si esta semana se activó la discusión sobre la coparticipación federal y el congelamiento del Fondo del Conurbano -que se creó para compensar a Buenos Aires y ha terminado beneficiando más a otras provincias- es porque la administración de Scioli ve que los aumentos salariales pueden poner las finanzas de la Provincia otra vez al rojo.".
"La inflación, el dólar, las paritarias y el transporte ferroviario dominan por estos días la agenda de las discusiones mediáticas. Los análisis eluden, en todos los casos, el fondo de la cuestión, pero reflejan la influencia de estas cuestiones en el humor colectivo.
Las tres primeras forman parte de un mismo paquete traumático. Y lo traumático del problema se expresa en el estéril intento de ocultamiento que convirtió al Indec en una caricatura de las estadísticas. Quien se ocupa de desdibujar la ilusión es, mes a mes, Ricardo Echegaray, cuando anuncia los récords de recaudación, que aumenta al mismo ritmo que la inflación real.
El récord de recaudación es, así, récord de inflación.
También lo hace la CGT oficialista, así como el vocero oficioso del Frente para la Victoria, Edgardo Depetri, al comentar las negociaciones salariales, bajo la mirada del ministro Carlos Tomada. Todos dan fe de una depreciación anual de la moneda de alrededor del 25 por ciento, cifra que, en Harvard, la Presidenta no solo negó sino que diagnosticó que de ser así, la Argentina volaría por los aires.
Las paritarias son, de hecho, un correlato de la inflación.
A esta altura, es evidente que para muchos funcionarios la inflación es un problema de “la derecha”. El fenómeno se debe a una emisión de moneda excesiva con la que se trata de financiar el déficit fiscal. La fuga hacia el dólar y el consecuente abanico de cotizaciones en el mercado cambiario muestran que el peso nada tiene de seductor. Si en Yacuiba se llega a vender el dólar a más de ocho pesos argentinos, algo está pasando. (...)".
"(...) Un estudio de Roberto Cachanosky indica que si el dólar de 1,40 pesos de Eduardo Duhalde en 2002 hubiese seguido la tasa de inflación interna menos la inflación de los Estados Unidos, hoy debería ubicarse en 7,94 pesos. Poco tiene que ver el cepo cambiario con el original modelo kirchnerista iniciado en 2003, sustentado en un tipo de cambio alto, con baja inflación, y superávit comercial y fiscal. Sin embargo, nadie apuesta por ahora a que el gobierno cristinista dé marcha atrás con aquella medida. Es que el cerrojo cambiario, más que un instrumento económico, ha pasado a ser, como otras herramientas del Gobierno, un factor de presión política, en un contexto en el que las regulaciones oficiales son formas de sometimiento de los actores económicos al poder político.
El relato oficial habla de una sociedad enferma de tanto pensar en dólares, capaz de justificar el intervencionismo, el cercenamiento de la libertad económica y hasta los controles propios del Gran Hermano orwelliano, subyacentes en las regulaciones que pesan sobre quienes viajan al exterior.
Mientras la Presidenta de la Nación sigue tratando de persuadir a todo el mundo de que el problema radica en que algunos argentinos piensan en el dólar, el que puede sigue huyendo de la moneda nacional frente a su creciente pérdida de poder adquisitivo. Tomando como base una recordada frase usada por Bill Clinton en su campaña electoral de 1992 contra George Bush ("Es la economía, estúpido"), alguien podría decirle a la jefa del Estado: "Es la inflación, Señora". (...)".
"Hace rato que Cristina Fernández dejó de soñar con Angela Merkel. La primera ministra de Alemania era el espejo en el cual deseaba reflejarse siempre la Presidenta apenas heredó en el 2007 el trono de su marido, Néstor Kirchner. Admiraba el papel desempeñado por los alemanes en la construcción de la Unión Europea. Eran épocas también en las cuales defendía la alianza con Hugo Chávez, sobre todo por la cuestión energética, aunque recelaba de su estilo político voraz. En el mismo tiempo se atrevía a hablar de “nuestro campo como el más competitivo del mundo con progresos que asombran”. Todas esas palabras suyas fueron palabras públicas.
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La Presidenta acaba de iniciar el año de política exterior con una gira por los Emiratos Arabes, Indonesia y Vietnam. Existió un paso previo por La Habana, aunque fue forzado: allí convalece Chávez de un delicadísimo cuadro de salud. Pareció más atinada esa opción que la ronda de Caracas donde un puñado de mandatarios visitantes y una multitud en las calles convalidó la reasunción para un nuevo período de un presidente que no está allí pero firma decretos. Quizás Gabriel García Márquez esté lamentando haber nacido demasiado antes de este tiempo. Hubiera podido enriquecer aún más su obra incomparable. Aquel énfasis que Cristina colocaba cuando refería a Merkel lo puso ahora, en dosis, sobre todo al servicio de Indonesia y de Susilo Bambang Yudhoyono. Se trata del primer presidente de esa nación asiática electo por el voto directo, que cumple el segundo mandato de cinco años.
En Vietnam, prefirió eludir la actualidad y recordó a Ho Chi Minh, el líder que doblegó en 1975 la invasión estadounidense y forjó la unidad de ese territorio.
(...) El Gobierno estaría intentando ayudar a la articulación de un bloque donde pudieran converger países latinoamericanos (Venezuela, Ecuador, la Argentina, quizás Brasil, Cuba) con algunos asiáticos y las principales naciones africanas. Una alternativa compleja frente a la crisis de la Unión Europea y la indiferente relación que caracteriza a Buenos Aires con Washington. Una rémora de aquella tercera posición que en estas latitudes supo enarbolar en los años 70 Juan Perón.
El cambio advertido ahora en la política exterior había tenido algunos guiños en el primer año del segundo mandato de Cristina. Al margen de los viajes regionales, la pasada agenda de la Presidenta por el mundo reconoció tres hitos: la promocionada excursión en mayo a Angola que el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, se encargó de convertir en carnaval; la cumbre de Grupo de los 20 en México; el paso presidencial desafortunado por la Asamblea de la ONU –donde anunció que negociaría con Irán por el atentado en la AMIA– y las universidades estadounidenses de Georgetown y Harvard. Cristina se ausentó de otros encuentros multilaterales. Al Iberoamericano de Cádiz terminó enviando como representante a Amado Boudou.
El giro externo, igual que en otros terrenos, se produciría en medio de improvisaciones y camuflajes políticos que el cristinismo pretende echar bajo una alfombra. Ocurrió ya el año pasado durante el periplo a Angola. El Gobierno se arrimó a la nación africana atraído por las riquezas petroleras, las segundas de ese continente. Pero eligió mal la oportunidad: lo hizo mientras disponía aquí la expropiación de YPF a Repsol. La petrolera española opera en áreas clave de exploración en Angola junto a la estatal Sonangol –cuya mayoría accionaria pertenece a la familia presidencial– y la noruega Statoil. Cristina se desayunó de todo eso en la entrevista con el mandatario angoleño, José Dos Santos, un vitalicio que ejerce su cargo desde 1979. (...)
El transcurso de la última gira obligó también a la Presidenta a arriar discursos y banderas. Los Emiratos Arabes es un régimen de partido único donde incluso fueron reprimidas las manifestaciones que acompañaron la Primavera Arabe que arrancó en el 2010 y que todavía produce ramalazos. Hay un severo mecanismo de vigilancia y persecución política de disidentes. En Vietnam también rige el partido único. El periodismo crítico es objeto de acoso y sanciones. Abundan las denuncias sobre sentencias de muerte a cuestionadores del sistema, y ejecuciones secretas. (...)".







