ROSARIO. El frigorífico Euro, ubicado en la localidad vecina de Villa Gobernador Gálvez, se encuentra en pleno proceso de reactivación por iniciativa directa de sus operarios. Este acontecimiento ocurre siete meses después de que los propietarios originales del establecimiento decidieran desistir de la continuidad del emprendimiento fabril y abandonaran el proyecto.
HACER DE TRIPAS CORAZÓN
Resistir en medio de la crisis: Un frigorífico se autogestiona para que sus luces no se apaguen
El frigorífico Euro, ubicado en el Gran Rosario, se encuentra en pleno proceso de reactivación por sus propios trabajadores, pero el futuro es incierto.
Vale recordar que, ante la pérdida de sus ingresos y la imposibilidad de afrontar los costos de los alquileres de sus viviendas, quince familias tomaron la determinación de ocupar el predio, instalándose a vivir dentro del mismo.
Lejos de limitar su acción a la permanencia en el lugar, los trabajadores decidieron reactivar la producción por sus propios medios para recuperar su sustento.
¿Hay luz al final del túnel?
La reactivación comenzó hace algo más de tres semanas impulsada por un pequeño grupo de doce o trece entusiastas, y ha mostrado un crecimiento vertiginoso: actualmente el espacio reúne acerca de treinta operarios en actividad. Las tareas se centran en la línea de procesamiento, calibrado y limpieza de tripas de vaca y de cerdo para embutidos, además del manejo de menudencias.
El reinicio de las actividades productivas se originó utilizando la mercadería que había quedado remanente en las instalaciones. Posteriormente, un empresario de la región comenzó a proveerles materia prima propia, lo que permitió sostener el trabajo de manera parcial y a un ritmo artesanal.
Según detalló el delegado del Sindicato de la Carne, Walter Navarro, el objetivo primordial de los empleados es asegurar que la planta sea productiva y mantener sus fuentes laborales.
Un frigorífico que arrastra problemas
Al comienzo del año pasado, Euro contaba con 270 empleados luego de un 2024 marcado por numerosos retiros voluntarios. En los últimos meses, se habían registrado 150 y 170 bajas. La compañía que supo tener 700 trabajadores y más de 400 operarios en plata, fue reduciendo su personal de manera progresiva. La lucha en Euro no es un caso aislado. En el sector frigorífico de la zona sur del Gran Rosario, las suspensiones, desalojos laborales y retrasos salariales ya se han vuelto moneda corriente.
La tripería existe desde 1999 y sus propietarios originales eran empresarios de Villa Gobernador Gálvez: la familia Lequio. En 2020, de acuerdo a los registros que constan en el Boletín Oficial de Santa Fe, el directorio de la empresa quedó conformado de la siguiente manera: Luis Alberto Lequio como presidente, Marcos Juan Casanegra como vice, y Juan Pablo Jarvis en calidad de director titular. Los dos últimos también aparecen como socios de Guillermo Salimei en otras compañías. Con el tiempo, Lequio habría dejado sus acciones en la firma que, en los hechos, quedó al mando de Guillermo Salimei hijo.
La fábrica cuenta con un historial de abastecimiento al mercado interno y capacidad de exportación. Este antecedente técnico y comercial es el argumento principal de los empleados para sostener que la empresa es plenamente viable si se le da continuidad.
Para garantizar el futuro del establecimiento, los trabajadores evalúan distintas alternativas en paralelo: por un lado, aguardan el desenlace de las negociaciones con un interesado en asociarse o comprar la planta; por el otro, avanzan en las gestiones legales para constituirse formalmente como una cooperativa de trabajo.
Futuro incierto
El caso del frigorífico Euro en Villa Gobernador Gálvez representa una experiencia de resistencia laboral y habitacional en el cordón industrial del Gran Rosario, donde la defensa del empleo se transformó también en una lucha por la vivienda para quince familias.
Al demostrar que pueden mantener la planta en funcionamiento y procesar mercadería sin la presencia de los dueños originales, los treinta operarios actuales ratifican la viabilidad operativa de la fábrica.
Mientras el sindicato acompaña el proceso y se definen las alternativas legales o la llegada de nuevos inversores, los trabajadores sostienen la producción con la firme convicción de preservar su fuente de sustento y evitar el cierre definitivo del establecimiento.
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