Progresía quiere decir "Conjunto de 'progres' o grupo social formado por ellos". Pero ¿qué quiere decir 'progres'? Veamos: "Particularmente se usa para referirse a aquellos que proclaman tener ideas de izquierda pero que mantienen una vida con ciertos lujos o alejada de los ideales que algunos suponen propios de una política de izquierda." En definitiva, todo aquello por lo que se le acusa a la agrupación La Cámpora y a los referentes del movimiento llamado 'kirchnerista'. Por ejemplo, quienes dicen reivindicar la salud pública pero cuando deben atenderse prefieren los hospitales privados y con medicina prepaga. O dicen defender la educación pública pero eligen para sus hijos la enseñanza privada (que pueden pagar, obviamente). Vamos ahora a la columna del profesor Horacio E. Poggi:
EL CASO SANDRA RUSSO
Cuando la progresía tiene miedo
Progresía en crisis, según el autor, Horacio E. Poggi. Sin embargo, él cree que la progresía debería ser más honesta y profunda en su autocrítica.
La paginadocista Sandra Russo está destrozada por el triunfo de Javier Milei. Dice que los pueblos se equivocan.
¡Cómo el no blanco desclasado pudo votar a un loco ultraderechista, negacionista y la mar en coche!
Lo más elemental y fácil es culpar al pueblo que se expresó en las urnas. Nada de auscultar los motivos que lo llevaron a tomar esa determinación soberana, libre y personal.
No hay peor fascista que un progresista derrotado.
El progresista carece de formación política sólida. Barrunta titulares, apuntes ligeros, párrafos subrayados por otros y saca conclusiones primarias a las que absolutiza.
Se deja llevar por sus emociones y prioriza el relato fariseo. De última, es un impostor, prendido de la teta del Estado, sea en Sociales, en los medios de comunicación solventados con jugosa pauta oficial o en cualquier otra actividad lucrativa con el dinero de los contribuyentes.
Se considera defensor número uno de los derechos humanos del pasado sin haber arriesgado nunca la vida en ninguna causa revolucionaria, solo arriesga sus redes sociales. Es un luchador retroactivo. Pelea con sombras.
El progresista argento está empachado de Página/12, pasquín de la nueva colonización pedagógica, vocero oficial de la ideología de género, apologista del garantismo zaffaroniano.
Un liberal no es fascista, podrá ser un inútil en la gestión del Estado, pero fascista nunca.
El liberal es antifascista.
¿Por qué? Porque es enemigo del Estado y el fascista tiene por objetivo estratégico: “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.
Acusar a un liberal de fascista no solo denota ignorancia, sino también un grado de estupidez supina.
Para ser progresista alcanza con acusar de fascista -o de derechista- a cualquier opositor.
Se pone la camiseta peronista para ser mayoría, pero cuando pierde las elecciones regresa a la camiseta comunista y empieza a ver fascistas por todas partes.
El progresista es un comunista vergonzante que llora por los pobres y vive como un rico. Ejemplo: Martín Caparrós.
Ataca a los gorilas para fortalecer su presunta identidad peronista.
El progresista es el tordo que empolla en nido ajeno.
Militante de lo ajeno, también.
Para un progresista no hay nada mejor que un antiperonista, aunque diga que es “un negro de mierda”, de piel blanca, cabello claro...
Actualmente, es el campeón del lenguaje inclusivo y de la ampliación de derechos, de “articulaciones” varias, del Estado presente que no cura, ni educa, ni cuida.
En los '60 era el pequeño burgués castigado por la literatura panfletaria de marxistas y nacionalistas. El medio pelo jauretcheano, el clasemediero oportunista, el piojo resucitado.
El progresista viene de lejos. Siento por él un sano y sincero desprecio intelectual. Que conste en actas.
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