Pastoriza se murió soñando que rescataba a Independiente

POR EDGAR MAINHARD (*) Una frase del fin de semana que pasó, que define su personalidad en la etapa final de su vida: "Éste es un equipo más de hombres que el que teníamos, de más fuerza. No tiene la exquisitez que solía mostrar Independiente. Pero siento que este grupo no se da por vencido fácil, llega hasta al final en la máxima entrega como no lo hacía aquél, creo que por ahí pasa la cosa".

José Omar Pastoriza murió a los 61 años, de las 5:30 locales en su departamento en Puerto Madero. Pastoriza pidió ayuda telefónica a un amigo, quien llamó a un servicio de emergencias médicas, pero fue en vano.

Pastoriza fue la persona que buscó Independiente, en la peor crisis de su historia futbolística, para intentar un rescate, o al menos acotar el impacto que las peleas entre los dirigentes tenían sobre el plantel.

Ocurre que Pastoriza era un símbolo de varios de las formaciones más exitosas, maduras y trascendentes que tuvo el club de Avellaneda. También de personalidad y de lujo en el juego: nunca voy a olvidar aquel partido -nunca fui de Independiente pero fui a su estadio en decenas de ocasiones- cuando, contra un club de Medellín, por la Copa Libertadores, recibió la pelota en el vértice izquierdo del área grande, se paró, la tomó con un pie, la levantó y le pegó con el otro pie, de emboquillada, y el arquero tuvo que estirarse sobre un ángulo para sacarla al corner. La tribuna se caía.

Pero él comenzó en Racing Club, y luego, por un canje de jugadores -episodio no habitual entre ambos clubes rivales-, llegó a Independiente, donde se hizo 8 (mediocampista por derecha), y jugó hasta que se fue al Mónaco francés. Regresó como entrenador, antes de iniciar un periplo interminable como DT de otros equipos: Millonarios de Colombia, Gremio de Porto Alegre, Fluminense de Río de Janeiro, Atlético de Madrid, Bolívar de Bolivia, Boca Juniors, Argentinos Juniors, las selecciones de El Salvador y Venezuela, Talleres de Córdoba, Chacarita Juniors, e Independiente otra vez.

En los '70, el Pato Pastoriza era el capitán del Independiente invencible en la Copa Libertadores de América. Tuvo un socio en el mediocampo Héctor Raimondo, y uno podía preguntarse cómo podía ser que Independiente ganara con dos tipos que jugaban parados.

En el caso de Raimondo, ocurría que siempre estaba parado por donde iba a pasar la pelota. En el caso de Pastoriza, tenía 'visión' del juego, y era el líder. Además, Independiente imporovisaba como volantes de marca a Garisto, a Semenewicz y a Mírcoli. Era otro fútbol, más lógico, donde todo equipo tenía por lo menos un wing, que corría su lateral para abrir la cancha, no para cerrarla. En aquel Independiente el más famoso fue Balbuena, hasta la aparición de Daniel Bertoni a mediados de los '70, sobre la izquierda (porque Saggiorato nunca llegó a ser titular).

Pastoriza como entrenador nunca construyó sistemas, él creía que lo importante era el talento del jugador. Para la mayoría es una visión melancólica de un fútbol que ya no es. Carlos Fernando Navarro Montoya, un arquero que compartió los últimos años de Pastoriza como entrenador, explicó así esa visión: "Hay algo fundamental en él con lo que yo estoy totalmente de acuerdo: fomenta la competencia. Eso me hace bien y me deja la tranquilidad de que siempre va a jugar el mejor".

La suerte no acompañó con resultados esos últimos años de Pastoriza, ni en Chacarita Juniors ni en Independiente. Probablemente porque, precisamente, faltaban jugadores hábiles, capaces de concretar esa 'visión'.

De todos modos, siempre motivó a sus equipos. Lo recuerda aún hoy Ronald Cerritos, un salvadoreño que juega en USA, ídolo en su país, a quien Pastoriza promovió a la selección de El Salvador cuando entrenó a ese equipo: "Nosotros no queríamos que se fuera Pastoriza, porque estábamos haciendo un buen trabajo, andábamos corriendo como no tenés idea".

Al revés, en la etapa final en Independiente se quejó, precisamente, que no todos corrían como él pretendía. Luego de perder el clásico de Avellaneda ante Racing, le dijo al plantel: "Si no están conformes en el club váyanse ya y no esperen a que finalice el campeonato".

Por algún motivo, Pastoriza siempre tuvo algo contra los jóvenes de River Plate que no adhirieron a la huelga de futbolistas profesionales que él lideró cuando en los '70 todo estaba sindicalizado y violento. Era el River de Waldir Pereira, Didí; y no eran jugadores profesionales. Pero Pastoriza decidió un enojo eterno con Norberto Alonso.

Curioso porque Pastoriza conocía todas las intimidades del fútbol, y participó de muchas de ellas, más allá de Futbolistas Argentinos Agremiados. Basta con recordar su relación con Sergio Greco, un intermediario apoderado de la compañía Sport World International; y con una cantidad de dirigentes de diversos clubes.

Pero a menudo los hombres somos contradictorios, complejos, difíciles. Por ejemplo, Pastoriza sufría de problemas cardíacos pero le gustaba vivir como si no tuviese ese fantasma. Nunca dejó de fumar.

Pastoriza buscaba una revancha en el próximo campeonato Clausura, luego de la mala performance de la temporada anterior. Se armó un equipo nuevo con Jorge Martínez, Javier Muñoz Mustafá, Renato Riggio, Sergio Orteman, el brasileño Sergio Manoel, Eduardo Bustos Montoya, el "Turu" Flores.

Una frase del fin de semana, luego de un amistoso contra Arsenal, que define su personalidad en la etapa final de su vida y su concepto del fútbol y de todo: "Éste es un equipo más de hombres que el que teníamos, de más fuerza. No tiene la exquisitez que solía mostrar Independiente. Pero siento que este grupo no se da por vencido fácil, llega hasta al final en la máxima entrega como no lo hacía aquél, creo que por ahí pasa la cosa. Ir perdiendo 3 a 0 en el último minuto y seguir corriendo, pensando que se puede ganar. No podemos regalar nada, para nosotros cada pelota que vamos a trabar debe ser como la última, tenemos que llegar a todas".

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(*) U24, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.