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LA CARGA IMPOSITIVA SUPERA A LA PRESIÓN TRIBUTARIA

Impuestos, impuestos y recontraimpuestos...

Mar, 22/10/2019 - 12:27pm
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La carga impositiva que sostiene el gasto estatal no da para más. Un total de 163 gabelas, directas e indirectas, de Nación, provincias y municipios confisca el 49% de los ingresos de los trabajadores en blanco, de acuerdo con IARAF, y se alza con el 106% de las utilidades empresarias, según un informe del Banco Mundial. La presión tributaria, aunque repuntó el año pasado, es más baja que cuando asumió la Administración Macri, pero al haber aumentado la evasión, la informalidad y la morosidad, en realidad un peso mayor recae sobre los cumplidores. Para los analistas especializados, la propuesta de subir bienes personales no mueve el amperímetro fiscal, pero sí el de la clase media, que deberá pagar más. Cualquiera sea el vencedor de la contienda electoral, el margen de tolerancia del contribuyente llegó a un límite y difícilmente apruebe, por acción u omisión, una carga mayor a la actual. Viéndolo desde el lado de otra idea en consonancia con la de USA de bajar impuestos para que se transformen en consumo o inversión amenaza, en un contexto recesivo e inestable como el de la herencia, en convertirse en otra encerrona, por lo cual se espera que en el ínterin, antes de meter mano en los impuestos, los que gobiernen intenten incorporar base hoy no declarada para luego compensar cualquier eventual reducción.

Se paga mucho por impuestos pero en 2020 existe el peligro de pagar aún más....
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Una parva cada vez mayor de tributos de toda índole cargan sobre sus espaldas los ciudadanos de clase media en blanco y cumplidores que han ido quedando.

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), que hace un seguimiento anual de toda esa carga tributaria que recae sobre familias asalariadas tipo en Argentina, parte para el cálculo de que el jefe de hogar trabaja formalmente (en blanco) y que luego el ingreso de bolsillo obtenido se consume también formalmente (en blanco).

Desde el mismo momento que cobran el sueldo, subraya, ya les deducen los aportes previsionales, a los cuales los patrones contribuyen con otra parte, y de ahí tienen que apelar a un contador público para que les liquide ganancias cuando superan el mínimo no imponible y una vez al año bienes personales, cuando el auto, la casa y los ahorros exceden un básico casi 4 veces más bajo a el de vecinos como Uruguay.

Y si consiguen depositar algún excedente en un plazo fijo bancario o invertirlo en bonos, la la AFIP también se queda con un tributo la renta.

Cuando va a hacer compras se les aplica en el ticket el 21% de IVA y en algunos productos, impuestos internos y específicos. 

Las jurisdicciones provinciales en las que fijó residencia incluyen ingresos brutos, que al consumidor les llegan dentro del precio, y un impuesto inmobiliario que toma a partir de la revaluación que hicieran a las propiedades, sobre la que los municipios calculan, asimismo, la tasa de alumbrado, barrido y limpieza (ABL).

O sea que por una misma propiedad se superponen 3 gravámenes: nacional, provincial y municipal.

Los automotores son otro activo que tiene su propia trifecta: bienes personales, el provincial (“patente”) y la tasa comunal, que abarca además a seguridad e higiene y suministro energía eléctrica y gas natural.

La carga fiscal promedio sumada de los 163 tributos directos e indirectos existentes que soportan los agentes económicos que pagan todo lo que marca la ley y en el momento correspondiente (no existe mora) alcanza el equivalente al 49% de los ingresos.

Como las tarifas de los servicios públicos avanzaron sustancialmente dentro de los presupuestos familiares, la disponibilidad para consumir pagó el pato en la mayor parte de los casos.
 
Sólo por el Impuesto al Valor Agregado (IVA) se dejaron de percibir, anualmente, alrededor de US$ 10.500 millones, que equivalen al 30% del tributo, según el propio fisco. 

Recesión, inflación y evasión

De modo que la recesión afectó, por un lado, la recaudación efectiva , que ya venía diezmada por la baja de algunos impuestos aplicada en la pseudorreforma de 2017, pero principalmente la merma se produjo por la mayor evasión y morosidad. 

Bajo un programa acordado con el Fondo Monetario Internacional, el gobierno compensó ese retroceso en los ingresos fiscales de US$5.300 millones, equivalente a 1,18 punto porcentual del PIB, desde fines de 2018 elevándole la carga tributaria a todo el sector exportador de bienes y servicios y así logró, transitoriamente, disminuir más rápido el déficit primario del sector público nacional.

Gracias a ello, intentó neutralizar el devastador efecto que causó la devaluación posPASO a los sectores más desprotegidos de la población mediante la reducción del IVA a los alimentos de la canasta básica, un nuevo golpe a la recaudación similar al de diciembre de 2002 cuando pasó de 21% a 19%.

Las provincias pusieron el grito en el cielo y llegaron hasta la Corte con el reclamo porque, al ser el IVA coparticipado, el Poder Ejecutivo Nacional perjudicó directamente sus ingresos con la medida.

Fue una demostración palpable de que la principal resistencia a cualquier rebaja en los impuestos proviene de la dirigencia política.

E inclusive en plena campaña electoral, el Frente para Todos mencionó que podrían apelar al impuesto a los bienes personales para equilibrar las cuentas fiscales, aunque después el candidato presidencial Alberto Fernández aclaró que podría utilizarse una fórmula parecida a la vigente en Uruguay, donde las alícuotas oscilan entre 0,7% y 1,5%, pero con un mínimo no imponible de US$ 112.500, contra los alrededor de US$ 30.000 de Argentina.

El tributarista César Litvin recordó además que el país vecino permite deducir los pasivos financieros al tiempo que a las cajas de crédito, bancos y financieras les corresponde 2,8% por dichos créditos.

Su conclusión fue que lejos de quedar un impuesto más progresivo, podría presumir que el mayor peso recaerá sobre la clase media.

“Este impuesto es un impuesto que lo empiezan a pagar aquellos que tienen bienes por más de US$33 mil”, subrayó.

En efecto, inclusive lo han comenzado a incrementar de nuevo en el período 2018, con alícuotas que se extienden en la franja que abarca desde 0,25% hasta 0,75% y que, contrariamente a lo sugerido por los expertos, no permite la deducción de pasivos, salvo la excepción de los créditos hipotecarios.

Reveló que quieren volver al 2015 donde la alícuota máxima llegaba al 1,25. “Para los patrimonios en el exterior, lo triplicarían a 3,75. Es una alícuota que no resiste el test de confiscatoriedad”, enfatizó.

Para peor, según el especialista, “bienes personales no mueve el amperímetro de la recaudación, recauda nada más que medio punto porcentual del total de impuestos personales”.

Advierte que, sin embargo, “llegamos a un límite de tolerancia y no se puede sobrecargar con más impuestos, presión fiscal, alícuotas y nuevos impuestos a los contribuyentes que estamos pagando una carga fiscal muy saturada. Hay un límite de tolerancia y estamos en esa frontera. Hay que apostar a seducir a los inversores para que haya más actividad económica”, aseguró.

De acuerdo con un informe del Banco Mundial, “Argentina es uno de los países donde los impuestos directos sobre las empresas se llevan el 106% de las utilidades. Habría que meditar muy bien si poner estos impuestos extraordinarios tiene como contrapartida un verdadero espantapájaros a las inversiones en la Argentina”, expresó.

En el afán por rascar ollas, el Congreso sancionó por ley gravar el ahorro de todos los sujetos, lo cual constituye, a su decir, una auténtica dicotomía, a sabiendas que los estratos más altos pueden “saltarlo” con estructuras off-shore legales o con el cambio de residencia.

El economista mediterráneo Nadin Argañaraz afirma que la actual lógica impositiva no da para más, porque ya se llevan 59 años transcurridos entre 1961 y 2019, y en 52 años se ha tenido déficit fiscal pese a la creciente presión tributaria aplicada. 

“Es decir que en el 88% de los años los ingresos no han sido suficientes para financiar el nivel de gasto público ejecutado”, extrae como conclusión.

Nada más que en los últimos ejercicios, se pasó del 25,8% del PIB en 2015 (récord histórico) a 23,9% del PIB en 2016 y 2017 y al 23,2% del PIB en 2018.
 
Si se tienen en cuenta las proyecciones de IARAF para este año, puntualiza, el ratio sería del 22,7% del PIB en 2019, lo cual equivale a decir que “en 4 años la presión tributaria nacional descendería 3,1 puntos porcentuales del PIB, o sea un 12% respecto a 2015”.

Pero que haya cedido el ratio Recaudación tributaria/Producto Interno Bruto (PIB) no significa alivio para el contribuyente cumplidor, que soporta una carga tributaria adicional al tener que hacerse cargo de cubrir a los morosos y los que pasan a la clandestinidad toda o una parte de su operación. 

Siendo que el dinero que reúne el fisco proviene exclusivamente de recursos formales y que se referencia con un PBI en el que están incluidos números blancos y negros, homogeneizar el cálculo implicaría o sacarle el componente informal al PIB o realizar una medición de la presión fiscal por sujeto, limpia de evasión y morosidad.

Esta relación, actualmente, supera el 50% y podría llegar hasta el 70%, de acuerdo con el instituto cordobés.