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INDUSTRIA RETROCEDE 20 CASILLEROS; AGRO AVANZA 7

Deterioro de los términos del intercambio versión siglo XXI

Jue, 30/01/2020 - 8:27pm
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En la Guerra Fría que siguió a los '50, rigió una división internacional del trabajo que condicionaba a algunos países a ser productores de materias primas mientras reservaba a otros el desarrollo industrial. A la diferencia de valor agregado entre lo recaudado por la venta de los productos primarios y la dependencia de los manufacturados se la llamaba deterioro de los términos del intercambio. En los últimos 8 años se viene repitiendo la historia en el país. Una caída continua en la performance de las plantas fabriles en general, que en el último tramo de la Administración Macri se agudizó por el impacto de la asfixia crediticia y la merma en el consumo interno. Entre la recesión de Brasil, el cierre y la apertura de las importaciones y la liberación y el control del sistema cambiario le hicieron perder a la industria manufacturera casi un quinto del tamaño que tenía en 2011. Varias compañías grandes se adaptaron al estancamiento económico y al crecimiento bajo de todos estos años con un recorte en su estructura productiva y en la plantilla de personal, mientras 23 Pymes fabriles directamente bajaron las persianas. En el mismo lapso en que la industria retrocedió 20 puntos, el agro avanzó casi 7%, en el marco de un PBI que bajó 2%. El año pasado se batió el récord de 2 décadas a esta parte en fusiones y adquisiciones, un pasamanos de paquetes accionarios sin cambios estructurales dentro de las organizaciones. Campo es igual a dólares y mercado interno es igual a pesos. 2 monedas, 2 economías, 2 realidades bien distintas.  

La contracción crediticia que experimentó la economía argentina desde los últimos meses de 2018 fue la principal razón del ensanchamiento a 5,1 puntos porcentuales de la brecha entre la performance industrial y el conjunto de la actividad económica, conforme advierte el informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea. 
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La industria argentina también se prueba el traje de tierra arrasada de la que hablaron la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, además de ser un título estrenado en pantalla grande por el cineasta K, Tristán Bauer, en pleno relevo presidencial. 

Firmas grandes, como Bagley y General Motors, suspenden la producción en sus plantas, la agroindustrial Vicentín atraviesa un tsunami financiero, la subsidiaria local de la empresa estadounidense líder en indumentaria deportiva Nike, analiza dejar de fabricar del país y ceñirse a la la logística, importación y distribución, no sin antes afrontar las complicaciones para ingresar productos de su marca que le deparó el regreso de la licencias no automáticas.

Y podrían seguir agregándose nombres rutilantes, sin mencionar a las 23.000 Pymes industriales que cayeron en la volteada durante la gestión de Mauricio Macri dejando el tendal de 146.855 puestos de trabajo destruidos, según CEPA: como 8 de cada 10 concentraban su facturación en el mercado interno, el retroceso del 16,3% del poder adquisitivo de la población las disecó.

La diáspora fabril no nació de generación espontánea, sin embargo, en 2015. De acuerdo con una investigación realizada por Jorge Vasconcelos y Marcos O´Connor, de IERAL, se originó en 2011, cuando la economía nacional chocó de frente contra la onda expansiva del estallido de la burbuja en USA, en 2007. 

Desde el 2do período presidencial de CFK y el de MM, el PBI de la Argentina disminuyó -2,1% (3 primeros trimestres de cada año), pero el valor agregado correspondiente a la “Industria Manufacturera” se desmoronó: -18,6%. 

El achicamiento fabril, por ende, superó en 16,5 puntos porcentuales al promedio de toda la economía, mientras en el mismo lapso el sector agropecuario creció un 6,8%.: la brecha entre campo e industria, en consecuencia, alcanzó los 25,5 puntos porcentuales.

Los 3 peores años de la Industria Manufacturera desde 2012 en relación con el PBI fueron 2014 (quedó en la mitad), 2016 (estuvo un tercio atrás) y 2019, cuando se contrajo 7,6% (3 primeros trimestres) contra -2,5% de retroceso del PBI. 

Asfixia financiera

La contracción crediticia que experimentó la economía argentina desde los últimos meses de 2018 fue la principal razón del ensanchamiento a 5,1 puntos porcentuales de la brecha entre la performance industrial y el conjunto de la actividad económica, conforme advierte el informe del IERAL, de la Fundación Mediterránea

De todos modos, remontándose a 2011, el trabajo concluye que "es difícil explicar el deterioro industrial por una cuestión de instrumentos de política económica", ya que "a lo largo de estos años ha habido etapas con y sin control de cambios, con mayor o menor restricción al comercio exterior, con y sin metas de inflación".

Llama la atención de que la industria comparte con el agro y los hidrocarburos la producción de bienes que compiten en el mercado global, aunque previene que el retorno de las inversiones en la industria requiere, por sus peculiaridades, de mayores plazos, en un contexto en el cual han incidido con mucha fuerza tanto el 'factor China' como el 'factor Brasil', según los autores.

Fue letal para la industria, sobre todo, la emisión 0 que aplicó la Administración Macri en plena asfixia crediticia, consecuencia de las volatilidad cambiaria de 2018, que derivó en el descenso del PBI: varias de las grandes empresas, como Coca-Cola, entraron en programas especiales de achicamiento arbitrados desde la cartera de Producción y Trabajo, hubo una sangría de Pymes y buena parte de las empresas fueron puestas en venta.

Tal es así que 2018 batió el récord de las últimas 2 décadas en materia de fusiones y adquisiciones. 

Los cambios de manos totalizaron en Argentina US$7.277 millones, el monto más alto desde el 2000, cuando la convertibilidad llegó a su fin y las compañías ganadoras locales y extranjeras que quedaron con el botín de las perdedoras, que sumó US$9.650 millones.

La operación que involucró a YPF en 1999 había hecho romper las marcas, que alcanzaron los US$18.711 millones, cuando en 1998 llegó a US$8.561 millones.

La misma motivación de principios de siglo de aprovechar la valorización financiera movilizó a los inversores con excedentes a comprar empresas que no implicó la creación de nuevas capacidades.

Por ejemplo, en 2018, Clarín se fusionó con Telecom; Raizen Energía, de Brasil, compró el downstream a Shell Argentina; y Vista Oil a Entre Lomas.