Las barreras de plástico en taxis, bares, peluquerías y dependencias públicas se instalaron desde el comienzo de la pandemia para prevenir el contagio de COVID-19. Sin embargo, con el tiempo la evidencia señaló su ineficacia y ahora a los científicos les preocupa la falsa sensación de seguridad que generan.
CORONAVIRUS
Barreras de plástico: Solo una falsa sensación de seguridad
Se instalaron al inicio de la pandemia como medida preventiva, pero tras 1 año y medio de COVID-19 los científicos saben que las barreras de plástico no sirven.
Luego de un año y medio de estudiar el comportamiento de los aerosoles, el flujo de aire y la ventilación, la ciencia es clara: las barreras de plástico pueden llegar a empeorar las cosas.
Por ejemplo, un escudo transparente que protege de la COVID-19 a un empleado detrás de un mostrador puede redirigir los gérmenes a otro trabajador al costado o cliente detrás. Las filas construidas con plásticos también pueden impedir el flujo de aire y la ventilación normales en aulas o peluquerías.
En condiciones normales, las partículas del aire que se exhalan se dispersan transportadas por las corrientes de aire y, según el sistema de ventilación, son reemplazadas por aire fresco aproximadamente cada 15 a 30 minutos.
Pero si se colocan barreras de plástico se puede cambiar el flujo de aire, interrumpir la ventilación normal y crear zonas en las que las partículas de aerosoles virales pueden acumularse y volverse altamente concentradas.
Linsey Marr, profesora de ingeniería civil y ambiental en Virginia Tech y una de las principales expertas mundiales en transmisión viral explicó el problema a The New York Times:
¿Nunca sirven las barreras plásticas?
Hay algunas situaciones en las que los escudos transparentes pueden ser protectores, pero depende de una serie de variables.
Las barreras de plástico pueden evitar que las gotas grandes expulsadas durante la tos y los estornudos salpiquen a los demás, razón por la cual los restaurantes en los que las personas se sirven suelen estar equipados con protectores contra estornudos sobre la comida.
Otra situación se da con los choferes de transporte público, para quienes las barreras de plástico que van desde el piso hasta el techo probablemente los protejan de inhalar las partículas que exhalan los pasajeros.
Para los cajeros de banco o recepcionistas detrás de un vidrio la medida puede funcionar, al menos en parte.
Pero la COVID-19 se propaga principalmente a través de partículas de aerosoles invisibles, por más que se insista con la higiene de manos, de superficies y con las barreras de plástico.
Si bien no hay mucha investigación en el mundo real sobre el impacto de los escudos transparentes y el riesgo de enfermedad, los científicos de Estados Unidos y Gran Bretaña han comenzado a estudiar el tema y los hallazgos no son optimistas.
Mas ventilación, menos plástico
Un estudio publicado en junio y dirigido por investigadores del Instituto Johns Hopkins mostró que las barreras plásticas en las aulas estaban asociadas con un mayor riesgo de infección por COVID-19.
En un distrito escolar de Massachusetts (Estados Unidos), los investigadores encontraron que los divisores impedían el flujo de aire.
Otro estudio estadounidense analizó las escuelas en Georgia y encontró que las barreras de los escritorios tenían poco efecto en la propagación de la COVID-19 en comparación con los beneficios de la ventilación y el barbijo.
Además, se suma la evidencia previa a la pandemia. Una investigación publicada en 2014 encontró que los divisores de cubículos de oficinas se encontraban entre los factores que pueden haber contribuido a la transmisión de enfermedades durante un brote de tuberculosis en Australia.
A pesar de la falta de estudios en el mundo real, investigadores británicos han realizado análisis de modelado que simulan lo que sucede cuando una persona de un lado de una barrera plástica exhala partículas mientras habla o tose en diversas condiciones de ventilación.
La pantalla es más efectiva cuando la persona tose, porque las partículas más grandes tienen mayor impulso y golpean la barrera. Pero cuando una persona habla, la pantalla no atrapa las partículas exhaladas, que simplemente flotan a su alrededor.
Es decir que, si bien el empleado puede evitar un impacto inmediato y directo, las partículas todavía quedan en la habitación, lo que representa un riesgo para el empleado y otras personas que pueden ingresar e inhalar el aire contaminado.
De momento, se necesita más investigación para determinar el efecto de agregar protectores transparentes pero los expertos en aerosoles coinciden en que es poco probable que ayuden. Al contrario, es probable que interfieran con la ventilación normal de la habitación y que otorguen una falsa sensación de seguridad.
*Fragmentos de un artículo publicado en The New York Times.
















