Brasil podría ser el primer mercado occidental en operar aviones diseñados por China. Esa misión, que sería un paso gigante para el país asiático, está a cargo de la aerolínea regional Total, cuyos ejecutivos podrían concretar en los próximos días el negocio con la fabricante Comac.
Al respecto, un artículo del sitio especializado Aviación Online dio cuenta del avance en las gestiones que podrían abrir las puertas de la región a los aviones chinos. La intención de la aerolínea brasileña es incorporar unidades del flamante C919, el avión de fuselaje angosto que pretende rivalizar directamente con la familia de Boeing 737 y Airbus 320.
Los directivos de Total podrían aprovechar las crecientes relaciones comerciales entre China y Brasil para poder acelerar las negociaciones. El desembarco eventual del C919 al mercado brasileño supone varios desafíos, no sólo logísticos y técnicos, sino políticos y burocráticos.
Cabe recordar que los aviones diseñados por Comac no cuentan aún con certificaciones internacionales que le permitan competir a gran escala con fabricantes como Boeing y Airbus. Sin embargo, las intenciones chinas son de avanzar en ese rumbo, y las autoridades brasileñas podrían tener una respuesta inicial para dar inicio a la penetración en mercados emergentes.
China y el desafío de la confianza
Mientras tanto, Comac avanza en la certificación de sus modelos de pasajeros actuales. La intención de la empresa estatal china es lograr que algún importante organismo regulador occidental dé luz verde a sus planes para comenzar con una aceleración de la producción.
Por el momento, el C919 y ARJ21 son aviones operados por aerolíneas chinas para vuelos de cabotaje. Las exportaciones aún no son un plano comercial que puedan ocupar, a la espera de ganar confianza internacional en un mercado donde ese valor es muy importante para obtener el éxito.
Al respecto, Comac avanzó también en la certificación europea. Para obtener el visto bueno de la Unión Europea, los aviones chinos enfrentan un proceso de revisión exhaustiva que puede durar entre tres y seis años en el caso del C919.
Para el caso de Brasil, esos tiempos podrían ser menores. No solo por la relación política sino también por el interés del país sudamericano de impulsar sus propios aviones dentro del mercado chino.
Esto último podría implicar un beneficio mutuo ya que el Estado brasileño cuenta con participación dentro de Embraer, actualmente el tercer fabricante más importante a nivel aerocomercial en el mundo.
La guerra comercial en medio
La apuesta china por alcanzar aviones propios populares a nivel global enfrenta importantes desafíos políticos. Más aún luego de la declarada guerra comercial que la administración de Donald Trump en Estados Unidos comenzó con el alza de los aranceles al comercio internacional.
En ese sentido, el desarrollo de aviones propios por parte de China tomó especial relevancia como un sector sensible ante posibles tensiones geopolíticas. Algo que afectó severamente a Rusia, país con tradición en la fabricación de aviones pero que sufrió importantes efectos negativos en su sistema de aviones de pasajeros fruto de las sanciones comerciales tras la invasión a Ucrania.
En ese sentido, China busca estar preparada para dar respuesta a la demanda de su mercado interno, el más grande del mundo, y países aliados sin necesidad de recurrir a maniobras que afecten a la calidad de la seguridad del transporte de pasajeros ante posibles sanciones internacionales.
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