Bolivia enfrenta una profunda crisis económica y política que, como un efecto dominó, impacta a los países limítrofes, entre ellos Argentina. La economía boliviana se encuentra prácticamente paralizada, con una dinámica hiperinflacionaria, escasez de productos de primera necesidad, agotamiento de reservas internacionales y una intensa puja de poder entre el evismo, liderado por el expresidente Evo Morales, y el arcismo, encabezado por el actual mandatario Luis Arce.
IMPACTO REGIONAL
Bolivia en crisis / al borde del colapso y pánico en el NOA
Bolivia está inmersa en una crisis económica y política que tiene implicancias en los países linderos: ha aumentado el contrabando y crece el temor en el NOA argentino.
En este contexto de debacle, sumado a la presión de sectores y sindicatos afines a Evo Morales que están paralizando el país, el gobierno de Luis Arce ha declarado que está considerando la intervención de las Fuerzas Armadas para contener la agitación social protagonizada por campesinos y otros grupos vinculados al ala evista.
"Si la situación se complica a un extremo realmente de poner en riesgo la estabilidad política, la estabilidad democrática y el proceso electoral, el alto mando militar se reunirá, bajo el liderazgo del capitán general (presidente Luis Arce), para considerar las medidas necesarias en resguardo de la institucionalidad, la paz social y los derechos ciudadanos, y también lo que es el proceso democrático que se lleva adelante", dijo este lunes Edmundo Novillo, ministro de Defensa.
El NOA argentino teme un aluvión inmigrante desde Bolivia
La escasez de combustibles en Bolivia, originada principalmente por el déficit de divisas en las arcas del Estado, ha generado largas filas de vehículos en las estaciones de servicio que buscan aprovisionarse de nafta y diésel.
Mientras tanto, el gobierno de Luis Arce se ve obligado a destinar millones de dólares para importar gas y combustibles, en un contexto donde el costo de vida no deja de aumentar y los artículos de primera necesidad comienzan a escasear, en un escenario cada vez más comparable al de Venezuela.
Hasta hace dos años Bolivia se había mantenido a flote por su comercialización de gas natural a toda la región, incluidos Argentina y Brasil. Pero, en el último tiempo, sus habituales ingresos del rubro de gas han caído vertiginosamente debido al agotamiento de pozos de gas y a una falta de exploración para encontrar nuevos.
Como consecuencia del caos social, económico y político —acentuado por paros y cortes de calles impulsados por el evismo—, un número creciente de bolivianos estaría cruzando la frontera hacia el norte argentino en busca de mejores oportunidades. Esta situación coloca en una posición delicada a las provincias fronterizas de Jujuy y Salta, donde los servicios públicos, el empleo y la infraestructura ya se encuentran saturados.
Además del impacto migratorio, las relaciones diplomáticas y comerciales entre Bolivia y Argentina podrían verse afectadas si se intensifica la filtración de ciudadanos a través de pasos fronterizos ilegales. El gobierno de Javier Milei ya ha manifestado en reiteradas ocasiones su intención de combatir la inmigración irregular, al estilo de su par estadounidense Donald Trump, e incluso ha planteado la posibilidad de hacer un muro fronterizo o cobrar a los extranjeros por el uso del sistema de salud pública.
En este contexto, y considerando que Bolivia es un proveedor clave de gas para Argentina y Brasil, una medida de ese tipo —ya sea a través de un decreto nacional o por decisiones provinciales— podría escalar el conflicto bilateral. El cobro de la atención sanitaria a ciudadanos bolivianos, algo que Bolivia ya aplica a los argentinos en su territorio, podría ser interpretado por el gobierno de Luis Arce como una acción hostil, lo que abriría la puerta a represalias. Entre ellas, no se descarta la amenaza de interrumpir el suministro de gas, lo que pondría en riesgo la seguridad energética regional.
Hezbolá en la Triple Frontera y en La Paz
Otro punto relevante para que muchos bolivianos consideren vivir en el exilio es que el crimen organizado ha ganado fuerza en Bolivia en los últimos años. Según un experto en seguridad regional citado por La Nación, la situación actual del país representa “una amenaza para la seguridad regional”.
En ese sentido, el experto advirtió que en Bolivia no sólo operan cárteles del narcotráfico como en toda la región, sino también están varias células de Hezbolá, la milicia terrorista libanesa, así como de la Guardia Revolucionaria de Irán, que se dedicarían al contrabando y a la trata. Esta última presencia (la Hezbolá) estaría vinculada a un acuerdo controversial entre Teherán y Evo Morales durante su último mandato.
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