El envejecimiento por siempre joven es un proceso continuo que, más allá del dinero y del éxito laboral, procura cosechar las pequeñas alegrías cotidianas y mantener una actitud activa frente a la vida: el ikigai japonés orienta a cada uno sobre cómo encontrar su propia felicidad.
UN TEST JAPONÉS
Envejecimiento siempre joven en clave Ikigai: felicidad es vivir siempre ocupado
La clave de un envejecimiento siempre joven es personal e intransferible y se puede hallar en el ikigai japonés: la felicidad consiste en vivir siempre ocupado.
Significa, literalmente, razón de vivir o razón de ser. Se trata de la combinación de las palabras japonesas iki, que se traduce como vida y gai, que significa valor.
Representa el camino hacia una vida plena, feliz y longeva a través de un un autoconocimiento constante y tenaz que lleva al mejor de los premios: calidad de vida.
Encontrarlo requiere recorrer un camino de emprendimiento y crecimiento personal.
Según la cultura japonesa todos tenemos un ikigai, es decir, un propósito de la vida o una actividad que nos hace muy felices, que se nos da bien y que, al mismo tiempo, contribuye a nuestra comunidad.
El envejecimiento siempre joven
Las cinco claves para entender qué es ikigai
Envuelve una filosofía japonesa compleja que expresa un propósito de vida y hace referencia a estos conceptos.
1. El arte de envejecer siempre joven
De acuerdo a los escritores españoles Héctor García y Francesc Miralles, quienes han publicado el libro súper ventas Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz, el concepto se puede traducir como la felicidad de vivir siempre ocupado, que nada tiene que ver con la explotación y la hiper productividad. Se relaciona más bien con la pasión, la motivación y una vida de actividad plena y consciente que hace sentir enérgicos.
Según estos dos especialistas —quienes llevan décadas viviendo en Japón— este estilo (y propósito) de vida activo explicaría la razón por la que en el país asiático se encuentra la mayor cantidad de personas centenarias del planeta.
Aunque la alimentación, la vida al aire libre y el clima subtropical ayudan a lograr este dato, los autores y otros investigadores aseguran que el ikigai es clave en la fortaleza de la salud mental de la generación centenaria y forma parte del secreto de longevidad.
En este sentido, se podría decir también que el ikigai es el arte de envejecer siempre joven y resumiría una filosofía que las nuevas generaciones deberían aspirar a cultivar, tanto en occidente como en el mismo Japón.
2. Un llamado a la acción lúcida
Aunque puede parecer un concepto muy tranquilo y asociado a la vejez, el ikigai nada tiene que ver con eso. De hecho, parte de la raíz de su filosofía está, precisamente, en luchar. La clave está en saber por qué y cuándo y reservarse para eso. Y esto se consigue con un trabajo de emprendimiento y crecimiento personal.
Los especialistas explican que en la filosofía ikigai las luchas son bienvenidas porque "el ser humano no necesita una existencia tranquila, sino un desafío por el que desplegar sus capacidades y luchar y crecer". Entender qué luchas aceptar (y defender) y cuáles evitar ayuda a administrar la energía correctamente y a no usar en vano las reservas que el cuerpo destina a curarse y autogenerarse del desgaste cotidiano.
3. Una forma de mejorar el mundo
Tener un ikigai o propósito de vida claro y definido, como una gran pasión, es algo que da satisfacción, felicidad y significado a la vida a nivel individual. Pero, según los autores, el concepto va un poco más allá: ayuda a sobrellevar la angustia espiritual inherente al ser humano, aquella que hace sentir que todo puede perder el sentido de un momento a otro.
La manera en que el ikigai se relaciona con la espiritualidad se da a través de lo colectivo. Un ikigai siempre debe estar relacionado a una contribución a la comunidad la cual se transformará, a largo plazo, en una contribución al mundo. Esto brinda un sentido de trascendencia que hace que nuestro paso por el planeta no sea en vano.
4. Un constante ejercicio de auto observación
Héctor García y Francesc Miralles dicen que no hay ninguna receta mágica para conseguir vivir el propio ikigai pero sí hay dos cosas que nos pueden guiar: la auto observación y el sentido de fluidez.
Al autoobservarse desde un lugar de crecimiento personal y espiritual debería surgir la pregunta:
- ¿Qué es lo que más me gusta hacer?
- ¿Qué actividades representan mis momentos más felices?
- ¿Cuándo pierdo la noción del tiempo?
Luego, detectar aquello que hace sentir fluyendo en la vida, con ganas y sin obstáculos internos.
Aunque todos los oficios y actividades requieran un esfuerzo por aprender cosas nuevas y enfrentar problemas, existe cierta forma de transitar ese proceso con entusiasmo que puede guiarnos hacia nuestro ikigai.
5. Una forma de vivir
ikigai no se reduce solo a encontrar un propósito de vida y dedicarse a él sino que también implica armonizarlo con un estilo de vida que nos haga bien. Existe un poema tradicional que citan los autores de Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz que resume los principios del arte de vivir en ikigai. Es el siguiente:
-Vida sana y ordenada
-La comida, moderada
-No abusar de los remedios
-Buscar por todos los medios
-No alterarse por nada
-Ejercicio y diversión
-No tener nunca aprehensión
-Poco encierro, mucho trato
-Y continua ocupación.
Los aros del autoconocimiento
El ilustrador Javier Royo, quien además es diseñador y profesor en Domestika, es uno de los creativos que se rige por los principios de ikigai en su trabajo.
“El ikigai es una mezcla de lo que amas con lo que necesita o crees que necesita el mundo, aquello por lo que te pueden pagar y en lo que crees que eres bueno”, resume.
Invita a dibujar dos aros que se crucen horizontalmente y otros dos que se entrelacen verticalmente.
En el centro de la especie de flor que queda se revelará el ikigai.
En el círculo superior se consignan tres o cuatro respuestas sobre qué es lo que se ama y lo que encanta.
En el otro se responde a qué necesita el mundo y en el siguiente ¿por qué crees que me pagarán?
Y finalmente, ¿en qué crees que eres bueno?
Intersecciones
Se mezclan e interactúan las respuestas para generar las intersecciones.
Javi da ejemplos: “si pongo que lo que más me gusta es dibujar y luego, en otro círculo, digo que soy bueno dando clases, evidentemente una de las pasiones podría ser mezclar dibujo con dar clase, sería ser profesor de dibujo”.
También hace el antiikigai: en vez de poner en el esquema todo lo que gusta, se debe escribir todo lo que no. La recomendación enfática es que cada vez que se haga este ejercicio se le ponga fecha.
Todas estas variables pueden cambiar a lo largo de la vida y se vuelve cada seis meses a este ejercicio, como una manera de estar conectado con el ser creativo interior.
Pasión y orden
Diez tips fueron pensados para personas que trabajan al estilo occidental, con el objetivo de combinar la pasión con un estilo de vida ordenado e ingresar en la senda del ikigai, a fin de lograr la armonía buscada en lo cotidiano.
1. No mirar ninguna pantalla durante la primera hora ni la última hora del día.
2. Cuando trabajes, trabaja. Déjate absorber por la actividad que estás haciendo, ejercita tu enfoque.
3. Haz ayuno de dispositivos electrónicos un día a la semana.
4. Lee y responde correos electrónicos o emails sólo una o dos veces al día en horarios puntuales.
5. Aplica técnicas racionales para administrar el tiempo, como la exitosa técnica pomodoro.
6. Inicia tu rutina diaria con un ritual que te guste y termínala con una recompensa.
7. Entrena tu conciencia para volver al presente cuando notes que te distraes.
8. Trabaja en un entorno sin personas que te puedan interrumpir.
9. Divide cada actividad en grupos de tareas relacionadas y separa cada grupo en lugares y tiempos diferentes. Por ejemplo, responder emails por la mañana desde el escritorio, realizar el trabajo por la tarde en una biblioteca, y dejar para el final del día los trámites desde el sofá. Mantenerse circulando y atento.
10. Juntar tareas rutinarias que se puedan terminar a cierta hora del día, como enviar facturas, hacer una llamada telefónica y otras actividades engorrosas que toman energía.












