El cuerpo de los adultos mayores demanda más calor que el de los demás rangos etáreos en sus partes más sensibles a las bajas temperaturas invernales que son más vulnerables para contrarrestar el frío, como manos, pies, cuello y cabeza, contra dos que necesitan estar un poco más refrigeradas: axilas y escroto.
LOS ADULTOS MAYORES Y EL FRÍO POLAR
El cuerpo prioriza abrigar pies, manos, cuello y cabeza, mientras libera calor por axilas y escroto
El cuerpo de los adultos mayores sufre más el rigor invernal que el de los jóvenes, sobre todo en manos, pies y cabeza, en tanto axilas y escroto liberan calor.
La temperatura del cuerpo se distribuye de la siguiente manera:
-Los órganos vitales (como el cerebro, el corazón o el hígado) son los más calientes, manteniéndose a unos 37°.
-La axila es la zona más fría que se mide habitualmente, registrando alrededor de 35.9°.
-Los dedos y la punta de la nariz experimentan las temperaturas más bajas porque el cuerpo prioriza calentar los órganos vitales, reduciendo el flujo sanguíneo hacia la periferia mediante un proceso llamado vasoconstricción.
En el caso de los hombres, el escroto es una de las excepciones anatómicas, por la temperatura más baja, que oscila en los 33°, debido a que es indispensable para la producción y supervivencia de los espermatozoides.
El cuerpo emite calor, el abrigo lo retiene
El gorro, la bufanda, los guantes, las medias y el calzado térmicos retienen el calor corporal, con lo que se crea un microclima que contrarresta el frío exterior.
El "calor" o aislamiento que aportan varía según el material y el diseño:
Las plumas de ganso o pato son las más eficientes para el frío extremo y seco. Atrapan una gran cantidad de aire por su volumen y ofrecen la mejor relación peso-abrigo.
La lana es una fibra natural excepcional para climas fríos y húmedos. Regula la temperatura corporal y mantiene sus propiedades aislantes incluso si se moja.
Las fibras sintéticas (tipo polar o relleno sintético) atrapan el calor eficientemente y son más versátiles en condiciones de humedad o lluvia ligera, ya que secan rápido.
Los tejidos técnicos (impermeables o softshell) aportan calor al frenar el viento, protegiendo al cuerpo del efecto térmico, a la vez que evitan el ingreso de la lluvia.
Para potenciar la retención de temperatura es clave el sistema de capas: la base para alejar la humedad, la intermedia de abrigo y la exterior impermeable/cortavientos.
Manos, labios, rostro y ojos al descubierto
Pero en cualquier caso, se necesitan mantener manos, labios, rostro y contorno de ojos bien cuidados a fin de evitar los efectos negativos del frío extremo.
Los adultos mayores son normalmente más friolentos y si salen a la calle en días con sensación térmica menor a los 3° C la prioridad del cuerpo para abrigar son los dedos de las manos, de los pies, las orejas, el mentón y las mejillas, que por ser las más sensibles a las bajas temperaturas las hacen más propensas a congelarse.
La mala circulación de la sangre suele afectar principalmente las extremidades, sobre todo cuando están mucho tiempo sin moverse.
Que las personas mayores tengan manos y pies fríos es común por la reducción del flujo sanguíneo periférico.
Si se acompaña de hormigueos, cambios de color en la piel o pérdida de sensibilidad, se impone una revisión médica. También requiere comprobar si hay enfermedades vasculares de base.
Las piernas frías pueden deberse a una mala circulación o a falta de movimiento.
La inmovilidad prolongada, típica en personas mayores con dificultad para caminar, reduce el riego sanguíneo en las extremidades inferiores.
Además, puede estar relacionada con problemas neurológicos o cardiovasculares.
Las partes más frías del cuerpo humano son las extremidades distales (dedos de las manos y de los pies) y las áreas expuestas como la punta de la nariz y las orejas, que pueden descender hasta los 20 a 25° dependiendo del clima.
Los sabañones
Los especialistas advierten sobre los sabañones, una inflamación dolorosa de los pequeños vasos sanguíneos de la piel, causada por la exposición repetida al aire frío.
Los sabañones pueden provocar picazón intensa, manchas rojas, hinchazón y ampollas en manos y pies, y generalmente se curan espontáneamente en una a tres semanas.
La piel actúa como un indicador clave del peligro que representa el frío. Si se siente que quema, es una señal de que el frío está siendo dañino.
Calefacción hogareña
Para evitar el frío excesivo en personas mayores se debe mantener una buena temperatura en el interior de la casa (entre 21 y 23 ºC).
La persona mayor debe vestirse con capas finas pero térmicas, que retengan bien el calor, asegurar una buena hidratación y una dieta con suficiente aporte calórico.
A toda costa, evitar la inactividad prolongada: moverse, aunque sea dentro de la casa, favorece la circulación.
Estas medidas pueden marcar una diferencia notable en el confort diario.
En climas fríos o mal acondicionados, las personas mayores con mucho frío tienen más riesgo de hipotermia, especialmente si están solos o inmóviles.
La sensación constante de frío también puede estar relacionada con una reducción del gasto cardíaco, frecuente en personas con enfermedades del corazón.
La sensación de frío en personas mayores muchas veces responde a procesos normales del envejecimiento, pero también puede esconder causas médicas importantes.
La vacunación es también una buena cobertura para evitar que se filtren enfermedades neumonológicas.
Las principales vacunas con faltante o stock crítico estratégicas son la Antigripal (en la distribución para adultos), la BCG (coberturas muy bajas para recién nacidos), y el panorama se repite en dosis para prevenir el sarampión, paperas, VPH, Covid 19, varicela y rubeola.













