El oro, históricamente considerado el principal refugio en tiempos de crisis, atraviesa un complejo momento. La combinación de la guerra en Irán, las expectativas de endurecimiento de la política monetaria de Estados Unidos y el fortalecimiento del dólar han provocado una fuerte corrección en su precio.
En los últimos tres meses, el metal amarillo acumuló una caída del 14%, su peor desempeño trimestral desde junio de 2013, cuando se desplomó un 22% tras la crisis financiera internacional. El descenso resulta especialmente llamativo porque coincide con uno de los períodos de mayor tensión geopolítica de los últimos años, marcado por el conflicto entre Irán y sus adversarios, con bombardeos, amenazas militares y treguas que apenas se sostuvieron durante algunas horas.
Ni siquiera el alto el fuego que comenzó a principios de abril logró revertir la tendencia bajista. Actualmente, el oro cotiza en torno a US$4.000 por onza, un precio que representa un retroceso del 25% respecto de su máximo histórico de US$5.417,21, alcanzado a finales de enero de este año. La caída llegó incluso a tocar los US$3.900 por onza la semana pasada, su nivel más bajo desde noviembre de 2025, antes de recuperar parcialmente terreno hasta cerrar el trimestre en US$4.028,96.
¿Por qué cae el oro si hay tensión geopolítica?
Sin embargo, la guerra explica solo una parte del fenómeno. El factor que hoy pesa con mayor fuerza sobre el mercado es el cambio de expectativas respecto de la política monetaria estadounidense. La inflación en Estados Unidos alcanzó el 4,2%, el nivel más alto de los últimos tres años, alimentando la percepción de que la Reserva Federal mantendrá una postura más restrictiva.
Aunque el banco central estadounidense decidió mantener sin cambios las tasas de interés en su última reunión, la primera bajo la conducción de Kevin Warsh, el mercado ya descuenta nuevas subidas. Los futuros sobre los fondos federales asignan actualmente una probabilidad superior al 50% de un incremento de tasas después del verano boreal, cuando apenas una semana antes esa posibilidad era inferior al 30%.
El cambio de escenario tiene un impacto directo sobre el oro. A diferencia de los bonos o los depósitos financieros, el metal precioso no genera intereses ni dividendos. Cuando las tasas aumentan, los activos que ofrecen rendimientos fijos ganan atractivo y el oro pierde competitividad como inversión.
"El reajuste de expectativas sobre la Reserva Federal, junto con la resistencia de los datos macroeconómicos de Estados Unidos, ha sido el principal factor que ha empujado al oro a la baja", explicó Michael Hsueh, analista de Deutsche Bank, a Cinco días.
¿Cambió la percepción del oro en el mercado?
Además, la evolución reciente refleja una transformación estructural del mercado. Durante más de un siglo, el oro fue utilizado casi exclusivamente como cobertura frente a la inflación o las crisis financieras. Pero la expansión de los fondos cotizados (ETF) y otros instrumentos financieros permitió que millones de pequeños inversores accedieran fácilmente al mercado, convirtiendo al metal también en un activo de rentabilidad.
Ese proceso impulsó una espectacular revalorización que triplicó su precio en apenas tres años, hasta rozar los US$5.600 por onza en enero. Sin embargo, la mayor presencia de inversores especulativos también ha incrementado su volatilidad.
Mientras tanto, el dólar recupera protagonismo como refugio global. El índice DXY, que mide la evolución de la moneda estadounidense frente a una cesta de divisas, avanzó un 1,3% durante el último trimestre y acumula una suba del 3% en lo que va del año, respaldado por el peso de Estados Unidos en el comercio energético mundial y por la expectativa de tasas de interés más elevadas. En este nuevo escenario, el oro enfrenta el desafío de recuperar el protagonismo que durante décadas lo convirtió en el refugio por excelencia de los mercados.
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