Muchos misterios rodean la vida de una geisha, dama de compañía de la milenaria cultura japonesa, cuya función principal no es el servicio sexual, sino el entretenimiento a través de la danza, la delicadeza en la ceremonia del té o su presencia en eventos sociales, algo que aún hoy existe en algunos municipios de Japón.
Ellas, con el rostro pálido por los polvos blancos, la cabellera recogida, los ojos delineados de manera exagerada, la caminata en puntillas y el kimono tradicional de colores vibrantes, todavía pueden verse en los suburbios de Tokio, Kioto, Kanazawa y Hakone, cuatro de los destinos nipones más populares entre los turistas que esperan ver a las mujeres geiko.
“Como geishas, no somos solo artistas del entretenimiento. Somos guardianas de la tradición, mantenemos vivas artes y costumbres que de otro modo podrían perderse con el tiempo. Cuando actuamos para los invitados, ya sean japoneses o extranjeros, estamos compartiendo una parte del alma de Japón. Es una gran responsabilidad, pero también un gran honor", sostiene Mamehana, una geisha activa en Gion (Kioto), en diálogo con Japan Change Money.
Las geishas: damas de compañía con sofisticación
Las geishas son artistas tradicionales japonesas que aún hoy entretienen en algunos distritos de Japón mediante las artes escénicas, a través del baile tradicional (nihon buy), tocando instrumentos como el shamisen, la flauta shakuhachi o el tambor tsuzumi, o bien interpretando canciones tradicionales japonesas.
A diferencia de las oiran,cortesanas, las geishas en teoría no ofrecen servicios sexuales como parte de su profesión, aunque en algunos casos excepcionales puede haber cierta confusión entre ambos roles.
Tales féminas de la cultura nipona, en la antigüedad, iniciaban como maiko (aprendices) y eran formadas en casas llamadas okiya. Allí se les enseñaba la danza tradicional japonesa ( nihon buy), dotes de canto y de ejecución musical (como tocar el s hamisen, la flauta y el tambor), así como los encantos de la ceremonia del té y del arte de la conversación.
Sus raíces más antiguas se remontarían al siglo VII, con figuras precursoras como las saburuko (mujeres que ofrecían entretenimiento a través del canto y la danza) y las shirabyshi, bailarinas que realizaban presentaciones ante la corte imperial y la nobleza.
Su vida era extremadamente dura, con grandes sacrificios, y muchas terminaban en estas casas (okiya) porque sus familias —sobre todo de zonas rurales— las vendían para poder subsistir.
Al ingresar a una okiya, especialmente desde niñas o adolescentes, las aprendices (maiko) contraían una deuda importante con la dueña de la casa (ok-san), quien pagaba por su formación artística (danza, música, etiqueta, etc.), ropa (kimonos carísimos, accesorios), comida, alojamiento y manutención diaria, todo lo que se registraba como una deuda que debería ser pagada si querían recuperar su libertad.
A menudo se retiraban de su labor de geisha cuando contraían matrimonio o cuando saldaban su deuda
Ahora bien, sin ir más lejos, el día a día de las geishas era riguroso, estructurado y profundamente disciplinado:
1. Mañana: Estudio y preparación
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Levantarse temprano: Las geishas, especialmente las aprendices (llamadas maiko en Kioto), solían despertarse temprano para comenzar su entrenamiento.
Estudios artísticos: Dedican las mañanas a practicar disciplinas como:
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Danza tradicional japonesa (nihon buy)
Tocar instrumentos como el shamisen (laúd japonés)
Canto tradicional
Ceremonia del té (sad)
Caligrafía y etiqueta
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Cuidado personal: El peinado tradicional requiere la ayuda de un estilista especializado. Las maiko solían dormir con un soporte en su cuello para mantener su peinado intacto por varios días.
2. Tarde: Más práctica o descanso
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Almuerzo ligero y descanso
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Vestimenta: Comienzan a prepararse para la noche. Las maiko necesitan ayuda para ponerse el kimono, que puede ser muy pesado y elaborado, con un obi (faja) largo y complejo.
Maquillaje: Las maiko usan el maquillaje blanco característico con labios pintados y detalles rojos y negros. Las geishas mayores suelen maquillarse de forma más sutil.
3. Noche: Trabajo en las ozashiki (fiestas privadas)
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Desplazamiento a casas de té (ochaya) o banquetes: Acompañan a clientes importantes a reuniones privadas.
Entretenimiento: Su rol es entretener a los invitados con:
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Conversación refinada
Juegos tradicionales (ozashiki asobi)
Música y danza
Preparación y servicio de té o sake
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Ambiente formal y controlado: Aunque hay diversión, todo se hace con elegancia, siguiendo reglas estrictas de etiqueta.
4. Noche avanzada: Regreso y descanso
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Terminan tarde, a veces pasada la medianoche.
Al regresar, deben desmaquillarse, cambiarse y descansar.
Las maiko que viven en okiya (casas de geishas) deben seguir reglas estrictas de convivencia.
¿Cómo cambia con la edad y experiencia?
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Maiko (aprendices): Vida más rígida, más entrenamiento, kimonos más coloridos, más restricciones.
Geiko (geisha en Kioto): Más independencia, rutina más relajada, mayor control sobre su agenda.
Con gran legalidad en Japón
Recién en 1813, en Kioto, se estableció un registro formal de licencias para las geishas, aunque diez años antes ya existía un sistema similar en Yoshiwara que buscaba diferenciarlas de las oiran, cortesanas de alto rango que sí ofrecían servicios sexuales al mejor postor.
Las geishas usualmente eran contratadas por aristócratas, personas de alta alcurnia o individuos adinerados como acompañantes en ceremonias del té, ya que dominaban el arte del chanoyu con movimientos delicados y refinados.
Sin embargo, aunque a priori las geishas no brindaban servicios sexuales, durante la era Meiji (finales del siglo XIX y principios del XX) y posteriormente, algunas leyes y reformas sociales no las protegieron claramente. Según la escritora Utako Hanazono (1930), muchas restricciones legales forzaron a las geishas a dedicarse también al trabajo sexual: “Muchas geisha fueron obligadas a dedicarse al trabajo sexual para sobrevivir debido a esta ley…".
Asimismo, según varios historiadores, como las muchachas a las que enrolaban sus familias para ser una geisha —las vendían— les costaba mucho dinero a sus "meretrices", terminaban contrayendo deudas casi impagables, lo que les obligaba en muchos casos a prostituirse.
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