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MEDIO ORIENTE

Caldero hirviendo en el Israel: ¿Vuelve el Kach?

Israel en manos de la extrema derecha religiosa es anticipo de situaciones graves. Tampoco nadie detenerlo si no son los propios israelíes. ¿Y entonces?

Más de 100 palestinos en Cisjordania han sido asesinados por las fuerzas israelíes en 2022, y Naciones Unidas dijo que será el año más mortífero para los palestinos en Cisjordania desde 2005, cuando la organización comenzó a rastrear las muertes. Una serie de ataques callejeros fatales por parte de palestinos ha matado a 20 personas en Israel y en asentamientos israelíes, y 4 miembros de las fuerzas de seguridad de Israel también han muerto este año.

El secretario de Estado de USA, Antony Blinken, habló el viernes 04/11 con el presidente palestino, Mahmoud Abbas, informó la agencia oficial de noticias WAFA. Abbas reiteró su demanda de que USA presione a Israel para que detenga sus "crímenes contra el pueblo palestino (...) incluidos bloqueos, ejecuciones extrajudiciales, demoliciones de viviendas y construcción de asentamientos".

Blinken le dijo a Abbas que la administración estadounidense estaba haciendo esfuerzos para calmar la situación.

24 horas antes, Blinken expresó su preocupación por la espiral de violencia en Cisjordania al primer ministro israelí saliente, Yair Lapid, y "subrayó la necesidad de que todas las partes disminuyan la situación con urgencia".

La 5ta. elección de Israel en menos de 4 años confirmó el regreso de Benjamin Netanyahu, ahora impulsado por partidos religiosos y ultranacionalistas más pequeños que su Likud.

Su nuevo bloque victorioso incluye al legislador Itamar Ben-Gvir, un colono de Cisjordania y ex miembro de Kach, un grupo militante judío en las listas de vigilancia de terroristas israelíes y estadounidenses.

Todos anticipan una escalada de violencia.

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Itamar Ben-Gvir, un personaje muy peligroso.

Itamar Ben-Gvir, un personaje muy peligroso.

Kach

La extrema derecha israelí es heredera de las posturas del rabino de origen estadounidense Meir Kahane, una de las figuras más controvertidas del sionismo.

Racista y defensor de la violencia contra los árabes, Kahane fundó el partido neofascista Kach, con el que entró en el parlamento israelí en 1984 ocupando el único escaño que consiguió la formación. Su popularidad entre los judíos extremistas se había disparado 2 años antes, cuando Israel le devolvió a Egipto la península del Sinaí, ocupada desde la guerra de 1967, en virtud del tratado de paz entre ambos países.

Los colonos judíos del Sinaí, simpatizantes de Kahane, se negaban a abandonar sus asentamientos y tuvieron que ser desalojados por la fuerza por el Ejército israelí.

El Kach defendía el establecimiento de una teocracia en el Gran Israel —que además de la Palestina histórica, incluye Jordania y partes de Siria, Irak, Arabia Saudí y Egipto—, la expulsión de los palestinos y la prohibición de los matrimonios mixtos para conservar la pureza judía. Su supremacismo convirtió a Kahane en una figura política marginal: los demás parlamentarios abandonaban la Knéset durante sus intervenciones. Tras apenas 1 mandato parlamentario, en 1988 el Tribunal Supremo israelí prohibió al Kach presentarse a más elecciones debido a su ideología racista.

Kahane fue asesinado en Nueva York en 1990 por un ciudadano estadounidense de origen egipcio, pero su legado sobrevivió. A su funeral, celebrado en Brooklyn, asistieron alrededor de 5.000 militantes que alabaron al rabino como protector de los judíos. Y 4 años después, el colono judío de origen estadounidense Baruch Goldstein abrió fuego indiscriminado sobre una multitud de palestinos que rezaban en la mezquita de Ibrahim en Hebrón, en Cisjordania, durante el Ramadán. Goldstein, miembro del Kach y admirador de Kahane, mató a 29 personas, hirió a otro centenar y murió apaleado por los supervivientes.

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Meir Kahane, fundador de Kach.

Meir Kahane, fundador de Kach.

El Gran Dilema

El hispanoegipcio Ismael Nour es un graduado en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Gestión Internacional de la Empresa por la UIMP.

Nour escribió un artículo muy interesante en El Orden Mundial, del que se reproducen algunos fragmentos:

"Desde su creación en 1948, Israel ha defendido ser la única democracia de Oriente Próximo, una región en la que proliferan los regímenes autoritarios. El Índice de Democracia de la revista The Economist de 2020 sitúa a Israel en el puesto 28, calificando al país como de “democracia imperfecta”. En efecto, Israel celebra elecciones libres periódicamente, existe libertad de prensa —muy amplia comparada con la del resto de países de la región— y la población israelí goza en el papel de gran cantidad de libertades civiles.

Según la Declaración del Establecimiento del Estado de Israel del 14 de mayo de 1948, la fundación del país se basa en “el derecho del pueblo judío a reconstruir su Hogar Nacional”, asegurando “la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes, sin discriminación por religión, raza o género”. No obstante, esta declaración choca cada vez más con la voluntad de los líderes israelíes de construir un Estado etnonacional basado en la identidad judía.

La teoría del 'trilema sionista', atribuida al polítologo y exoficial del Gobierno israelí Aryeh Naor, determina que Israel no puede ser simultáneamente el Estado-nación judío, una democracia plena y controlar la totalidad de la Palestina histórica. Solo pueden escogerse 2 de las 3 opciones, y cada combinación produciría un resultado diferente.

El trilema ofrece por lo tanto 3 escenarios.

  1. Si Israel decidiera ser una democracia plena a la vez que controlar el territorio de la Palestina histórica, debería ofrecer los mismos derechos y deberes a toda la población de ese territorio, tanto judíos como palestinos. Esta 1ra. opción, conocida como 'solución de un único Estado', implicaría la renuncia de Israel a ser un Estado-nación judío.
  2. En el 2do. caso, Israel elegiría ser el Estado-nación judío bajo un régimen democrático pleno. Dado que los palestinos no podrían formar parte de ese Estado, Israel tendría que renunciar a parte del territorio, permitiendo la constitución de un Estado palestino independiente. Esta opción es la conocida como 'solución de 2 Estados', defendida por la ONU y la comunidad internacional.
  3. Por último, Israel podría decidir ser un Estado-nación judío y controlar toda la Palestina histórica. Dejaría entonces de ser un régimen democrático, ya que solo reconocería como nacionales a los ciudadanos judíos, dejando a los palestinos en una situación de desigualdad. Este escenario derivaría en un sistema de 'apartheid'.

(...) Tomando como referencia la teoría del trilema sionista, el Gobierno israelí parece haber optado por la 3ra. opción: un Estado-nación judío en la totalidad de la Palestina histórica. Incentiva la construcción de asentamientos de colonos judíos en territorios ocupados, su legislación favorece a los judíos sobre los palestinos, y se sirve de la violencia y la fuerza armada, tanto en territorio israelí como palestino, para mantener el control.

La discriminación y represión ejercidas por Israel han desatado en los últimos años numerosas críticas internacionales que denuncian un proceso de 'limpieza étnica' contra la población palestina. La ONG estadounidense Human Rights Watch y la organización israelí proderechos humanos B’tselem han ido más allá y acusan al Gobierno israelí de mantener un apartheid contra los palestinos de Israel y los territorios ocupados."

Durante más de 7 décadas, Israel ha creado una narrativa en torno a sus valores democráticos, asimilables a los de países de Europa occidental. Sin embargo, al mismo tiempo ha construido un régimen de 'apartheid' que permite la supremacía judía sobre la población palestina, tildando de antisemita cualquier crítica a sus políticas. Tras un sistema en apariencia democrático, Israel promueve una discriminación racial, étnica y religiosa entre sus propios ciudadanos y contra los habitantes de los territorios ocupados. Durante más de 7 décadas, Israel ha creado una narrativa en torno a sus valores democráticos, asimilables a los de países de Europa occidental. Sin embargo, al mismo tiempo ha construido un régimen de 'apartheid' que permite la supremacía judía sobre la población palestina, tildando de antisemita cualquier crítica a sus políticas. Tras un sistema en apariencia democrático, Israel promueve una discriminación racial, étnica y religiosa entre sus propios ciudadanos y contra los habitantes de los territorios ocupados.

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