CÓRDOBA. La falta de agua que la Provincia de Córdoba viene sufriendo hace ya algunos años ha llegado a una frontera límite. Si bien la situación en los lugares más afectados no ha logrado convertirse en “la peor de la historia”, el panorama total del territorio cordobés es muy alarmante, más aún si se tiene en cuenta el nivel de estrés hídrico al que están sometidas las cuencas cordobesas.
Con un fenómeno “Niña” extendido en el tiempo, Córdoba comenzó a ver las consecuencias de ser una provincia “artificial” en ciertas zonas. Cabe recordar que buena parte de la provincia se abastece de diques artificiales, los que permiten la vida en zonas como Córdoba Capital y los valles de las Sierras.
Allí, la falta de agua es una materia casi anual. Sin embargo, la gravedad de la situación puede entenderse al ver que eso se extiende por fuera de los límites de la “zona seca”, alcanzando la Pampa húmeda cordobesa.
Esta zona se extiende hacia el Este y Sur cordobés, donde se concentra la mayor parte de la superficie explotada para agrocultivos y cría de animales. Es decir, el campo cordobés.
Al respecto, la Bolsa de Cereales de Córdoba emitió un informe donde se revela la situación en esa área, y detalla cómo puede afectar el rendimiento de la siembra siguiente. “En el último trimestre del 2022 continuó el déficit hídrico en la provincia, ralentizando la labor de siembra en algunos cultivos respecto a años anteriores. Entre los días 7 y 12 de diciembre se registraron precipitaciones de diversa magnitud y localización en la provincia y, aunque no fueron lluvias abundantes, motivaron la aceleración de la labor de siembra de los cultivos estivales”, apunta el estudio.
Córdoba es la tercera provincia con mayor aporte de dólares a nivel país en lo que respecta a la actividad agropecuaria. Sus fuertes son el maíz, la soja, el sorgo y otras más locales como el maní.
La falta de agua empujó, este año, a que el campo retrase hasta periodos impensados la siembra de esos granos que dependen fundamentalmente de las lluvias. En la provincia, el verano es el momento donde suele llegar el agua.
Así, se plantean dos escenarios. El primero, y tal vez más grave, implica una reducción de la superficie sembrada, lo que implica una menor liquidación futura y una merma en el ingreso de dólares por tal concepto.
El segundo, un poco más acorde a la realidad, sería un retraso de la cosecha, y un consecuente retraso en el ingreso de divisas estadounidenses al Banco Central. Lo que se denomina un “gap” o delay que podría dejar en condiciones delicadas los ingresos que se prevén sean aportados por Córdoba.
Esta última posibilidad es más potable, empujada por la falta de oferta de granos a nivel mundial teniendo en cuenta el golpeado mercado ucraniano. Eso incentivaría a los productores a cultivar a pesar de la sequía, aunque la calidad del producto podría ser menor.
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