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PANORAMA

Milei Año I: ¿Hacia una nueva hegemonía o sólo una etapa de transición?

¿Milei se dirige hacia la consolidación de un proyecto político que trascienda la emergencia o, por el contrario, su ciclo se agotará una vez alcanzados los objetivos urgentes que demanda la sociedad?

Es un interrogante recurrente el que plantea el analista político Alejandro Catterberg en sus apariciones. ¿Está el ciclo de Javier Milei, que acaba de cumplir su primer año, destinado a convertirse en el 4to período histórico desde el retorno de la democracia? ¿O, por el contrario, se trata de una transición hacia ese orden? El director de la consultora Poliarquía enumera esas épocas en las que se dividieron estos últimos 41 años de la historia política argentina: “El primer ciclo fue en los años 80 y se prolongó hasta 1991, cuando terminó la última hiperinflación de Carlos Menem, cayó la Unión Soviética y se dio el último levantamiento carapintada. El segundo ciclo fue en los años 90 y se extendió hasta 2001, cuando terminó la convertibilidad. Y el tercer ciclo duró 20 años y estuvo caracterizado por el dominio del kirchnerismo y la grieta, con una economía que expandió los gastos del Estado en más de 15 puntos del PBI”.

¿Viene Milei a erigirse como sucesor en esa saga? ¿Acaso a encabezar una nueva hegemonía, como la que lideraron Carlos Menem en los 90 y los Kirchner en los 2000? ¿O se tratará apenas de un paso acotado en el tiempo en dirección a un ciclo distinto que, finalmente, tenga esa característica trascendental? Milei es producto de un pico en la crisis de representación signada por los fracasos de, especialmente, los 2 últimos gobiernos que precedieron al suyo: el de Mauricio Macri y el de Alberto Fernández con Cristina Kirchner como vice y factor determinante. Ambas administraciones tuvieron como distintivo, entre otros, la profundización de un problema que heredaron, el de la alta inflación. Macri y Fernández dejaron una economía con un ritmo de suba de los precios que duplicó, incluso más, el que le había dejado su antecesor. Las consecuencias inmediatas de ese problema son la erosión de los ingresos, el deterioro de la calidad de vida y el aumento de la pobreza. Al análisis hay que agregarle además los potenciales efectos en las conductas de la prolongada cuarentena por la pandemia del Covid-19.

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Milei y su gabinete durante la cadena nacional por el primer año de gobierno.

Milei y su gabinete durante la cadena nacional por el primer año de gobierno.

Con ese telón de fondo aparece Milei y su discurso antipolítica. Su discurso contra "la casta" - el significante con el que resumió a los causantes de un retroceso que para él empezó hace 100 años y truncó el destino de gloria de la nación- consigue penetrar transversalmente en distintos sectores de la sociedad. Milei logró interpretar el hartazgo ciudadano por el fracaso económico y la decadencia de la clase política tradicional. Se presenta como un outsider, una persona fuera de esa tradición con la misión de romper el status quo. Y gran parte de la ciudadanía le cree, lo vota y lo ubica en la Presidencia. Con un mandato inequívoco: eliminar la inflación y su efecto nocivo en los ingresos.

En ese sentido, Milei puede mostrar resultados. La suba de precios permanece en un ritmo aún muy elevado si se lo compara con el resto del mundo. Pero el sendero es declinante. Tras la devaluación que llevó la inflación al 25% en diciembre de 2023 comenzó una desaceleración que, luego de una meseta en torno al 4% a mediados de año, condujo a un 2,4% en noviembre, según publicó el INdEC esta semana. El cómo es, sin dudas, materia de críticas y discusiones. El ajuste fiscal y la licuación de los ingresos tras el shock devaluatorio condujeron a una recesión que enfrió el consumo masivo, aumentó el desempleo y disparó la pobreza por encima del 50% al cabo del primer semestre del año. El aumento de tarifas que estaban muy atrasadas, por otro lado, dejó menos capacidad de compra a las familias. Un párrafo aparte merecen los jubilados, los grandes perjudicados del ajuste del gasto público.

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Es ese un escenario que se recompone muy lentamente por la baja de la inflación y la recuperación del salario real. Aún así Milei cierra su primer año de mandato con un alto nivel de aceptación. De acuerdo a la última encuesta de CB Consultora, el 52,3% de los consultados aprueba en mayor o menor medida la gestión del gobierno libertario. Una cifra similar le asigna a la imagen positiva presidencial. Según el mismo estudio, esa popularidad hace merecedora a La Libertad Avanza, la fuerza oficialista, de encabezar la intención de voto con casi el 40% si las elecciones legislativas fueran hoy, 20 puntos por encima de su rival inmediato. Los analistas coinciden en que la aprobación del Gobierno y la buena imagen de Milei se deben a la estabilidad que procura no sólo la baja de la inflación sino también la calma del dólar, cuya brecha entre sus distintas versiones está casi extinta. Discusión aparte es cuán sostenible es el modelo y qué pasará con el tipo de cambio cuando se libere el cepo que limita su acceso.

Milei cierra el año con picos de popularidad aunque nunca estuvo, según el promedio de encuestas, mucho más abajo del 45% de aprobación, algo que sorprendía a los propios encuestadores dada la magnitud del ajuste. La explicación que daban entonces era que la expectativa de una mejora futura motorizaba la aceptación en esos niveles. Pero esa tolerancia no sólo al ajuste, sino además al tono agresivo -por momentos soez- del Presidente y a sus propias contradicciones (que lo mostraron, incluso, más cerca de “la casta”) podría sostenerse además en un fenómeno particular y que tiene que ver con la percepción que puede tener la sociedad sobre este momento histórico. ¿Milei es visto como un Presidente, como un líder político en los términos habituales, o se lo aprecia más bien como un normalizador, un agente cuya tarea asignada es corregir distorsiones de muchos años, en este caso, en la economía?

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Evaluación del Gobierno, según la encuesta de CB Consultora.

Evaluación del Gobierno, según la encuesta de CB Consultora.

El periodista y analista político Carlos Pagni recordó en una reciente presentación que durante gran parte del siglo XX las crisis de representación, entendida como la desconexión entre las demandas ciudadanas y la clase política, los argentinos las solucionaban yendo a tocar las puertas de los cuarteles y encomendando a los militares, golpe de Estado mediante, que reestablecieran el orden. Eso cambió tras la traumática experiencia de la última dictadura. Ahora las crisis de representación se intentan resolver dentro de las normas institucionales, dice Pagni. Un ejemplo es Milei, que corporizó una suerte de espíritu del “que se vayan todos” del estallido de 2001 pero en las urnas.

De vuelta a la pregunta del principio: ¿Milei se dirige hacia la consolidación de un proyecto político que trascienda la emergencia, el ordenamiento, la normalización de la macroeconomía o, por el contrario, su ciclo se agotará una vez alcanzados esos objetivos que demanda la sociedad, que entonces virará hacia una opción de gobierno más en sintonía con lo tradicional? Concluye Pagni: "Probablemente el único objetivo que debería tener Milei, lo que me diría si fue exitoso o no, es que este sentimiento se hubiera disipado y hubiera una reconexión entre la gente y la política. Sin esa reconexión es imposible todo: imposible la inversión, imposible aceptar las medidas de los que gobiernan, imposible obedecer la ley".

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