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PANORAMA

Javier Milei y el temor a que se rompa el encanto

El temor a una ruptura del vínculo con la opinión pública se torna palpable en vista de algunas acciones que van en contramano de los dogmas que profesa Javier Milei.

Javier Milei está enamorado de lo que le muestran las encuestas que consume. A donde quiera que va, el Presidente se jacta de la popularidad y los resultados de simulaciones electorales que arrojan estos estudios de opinión pública. Lo hizo nuevamente ante el comentarista político estadounidense conservador Ben Shapiro, que lo entrevistó en Miami antes de que el mandatario fuera condecorado como “Embajador de la Luz” por la organización judía ortodoxa Jabad-Lubavitch. Milei le dijo a Shapiro que, a pesar de estar aplicando el plan de ajuste económico que define como “el más grande que haya enfrentado la humanidad”, su imagen crece y hasta le ganaría con mejores números a Sergio Massa si volvieran a competir en un balotaje. Aunque aclara que esa instancia no existiría porque de haber elecciones hoy mismo, las ganaría en “primera vuelta”. Milei adjudica ese éxito a que hay un “cambio cultural”, una modificación en el pensamiento de la sociedad, que ahora comprende la crítica situación, quiénes son los responsables ( “la casta”) y cuál debe ser la solución (“abrazarse a las ideas de la libertad”). Ese es el corazón del relato libertario. El Presidente lo ratifica a la luz de determinados sondeos. Como en el cuento de hadas -pero sin el componente erótico del senador Paoltroni- el espejo de las encuestas le devuelve a Milei que sigue siendo “el más bello”. Pero, como en un relato de los hermanos Grimm, ese encanto se puede romper.

Como ya señaló una gran cantidad de analistas, el único sustento político que tiene hoy en día el Presidente es su popularidad. Es decir, la relación virtuosa que tiene con la opinión pública. Milei no cuenta con gobernadores o intendentes propios, ni sindicatos ni organizaciones territoriales. Y ya se versó suficiente respecto de su fragilidad legislativa, que luce más precaria merced a las internas oficialistas. Por lo tanto, cuidar el vínculo con la porción social que lo apoya -cerca del 90% de sus votantes en el balotaje, de acuerdo a mediciones de la consultora Synopsis- se vuelve un objetivo de primera magnitud, máxime de que se trata de una variable muy volátil. Tal vez la más inestable de todas. El temor a una ruptura de ese vínculo -y por qué no el intento de fortalecerlo- se torna palpable en vista de algunas acciones del Presidente que van en contramano de su doctrina y que se inscriben en lo que algunos llaman “pragmatismo”.

El hecho que tal vez mejor ilustra ese giro sea el que tiene que ver con las tarifas de la medicina prepaga. El ya célebre DNU 70/2033 -al que la Corte Suprema le dio sobrevida hasta nuevo aviso- estableció la liberalización de los precios en ese sector, lo que supuestamente iba a fomentar la competencia y derivar en mejores condiciones para los usuarios de ese sistema. El resultado fue un aumento de las tarifas muy superior a la inflación acumulada en ese lapso y la sospecha de que las empresas se pusieron de acuerdo para aplicar las subas. O sea, que se cartelizaron. Esto había sido denunciado ante la Comisión de Defensa de la Competencia por la Coalición Cívica de Elisa Carrió en enero. 4 meses después y con facturas exorbitantes llegando a los hogares el Gobierno reaccionó ante posibilidad de abusos y cartelización, y mandó a que un conjunto de empresas retrotraigan los aumentos, los vuelvan a calcular de acuerdo a la inflación y, además, las denunció en la justicia para que devuelvan lo ya cobrado a los afiliados.

El de las prepagas es quizá el ejemplo más acabado de las limitaciones del dogma libertario anti-Estado que profesa Milei. Aquel decreto de Necesidad y Urgencia que liberó los precios, entre otras medidas de desregulación, se inspiraba en la visión de que “los países económicamente más libres son más ricos que los reprimidos”. Pero el evangelio liberal se topa con los límites políticos, mal que le pese a Federico Sturzenegger, ideólogo del DNU y quien se quedó defendiendo en soledad los aumentos de las prepagas. Las subas sin control de las tarifas - ya sean de la medicina prepaga o de los servicios públicos- impactan en el humor social, lo que se vuelve una amenaza para la popularidad presidencial. La decisión de ir contra las prepagas puede responder a un fin justiciero de protección de los usuarios o a uno menos altruista, como que el índice de inflación de abril no dé tan alto, pero en definitiva es una medida de contención de un eventual enojo contra el Presidente que se registre en las mediciones de opinión pública. Dicho de otro modo: una medida para mantener vivo el encanto.

En esa línea podría interpretarse también la necesidad del Gobierno de sofocar el malestar en las universidades públicas por el desfinanciamiento a las que fueron sometidas, sin mencionar el permanente agravio presidencial contras esas casas de estudio a las que acusa de “adoctrinamiento”, como a todo el sistema de educación estatal. Este martes 23/04 está previsto una multitudinaria manifestación en todo el país en defensa de la universidad pública. El jueves hubo una antesala con un “abrazo simbólico” al Hospital de Clínicas, dependiente de la UBA. Con la foto de la concurrida movilización el Gobierno quiso curarse en salud e intentar desactivar la marcha del martes con el anuncio de un incremento de 140% en el presupuesto universitario, que desde las instituciones calificaron como insuficiente dada la inflación acumulada en estos meses. Por ahora, la manifestación se mantiene. Es riesgoso para Milei escalar el conflicto con ese sector. De acuerdo a la encuesta de marzo de la UdeSA, el 60% de los consultados se mostró en contra de la afectación del financiamiento universitario. Por otro lado, las universidades gozan de prestigio en la ciudadanía. Una marcha de la comunidad universitaria podría disparar una mayor empatía social que, por ejemplo, una de la CGT, cuya reputación está más que en tela de juicio. Cuesta imaginar que el Gobierno pueda capitalizar de alguna forma el conflicto con la educación superior. Tal vez pueda sacar algún provecho de que uno de los rostros visibles del conflicto sea Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, diputado de la UCR y socio político de Martín Lousteau, quien acaba de votar a favor de duplicarse el sueldo como senador, esperando que nadie se diera cuenta.

La iniciativa del aumento de las dietas en el Senado contó con el aval de todos los bloques. Fue lo que enfatizó Victoria Villarruel, quien salió a defenderse de ataques en redes sociales “de propios y ajenos” que la acusaban por lo sucedido. La Vicepresidente expuso de esa forma que también había conformidad del oficialismo para que se tratara la resolución que se votó a mano alzada, por lo que no quedó registro electrónico de quienes adhirieron. En efecto, el senador sanjuanino de La Libertad Avanza, Bruno Olivera, fue quien estampó su firma en el texto tratado en la reunión de Labor Parlamentaria un día antes. Sin embargo, luego no levantó la mano para acompañar la aprobación del aumento, como tampoco lo hicieron los otros legisladores oficialistas presentes en la sesión. Milei ponderó el gesto de su bloque y también convalidó con un retuit a Villarruel. Es algo a tener en cuenta: el Presidente parece entender que no hay rédito en enfrentarse con su Vice, como lo había hecho cuando Villarruel convocó a instancias del peronismo una sesión para tratar el DNU 70/2023 que resultó en una derrota para el Ejecutivo. Un dato adicional: en varias encuestas, la abogada apóloga del terrorismo de Estado tiene mejor imagen que el Presidente.

Milei prefiere en estos momentos enfrentarse con periodistas. Acusó a Jorge Lanata de recibir pagos para opinar lo que opina. No se percibe la del Presidente como una imputación seria, ya que utilizó el término “ensobrado”, que a esta altura es más un latiguillo del jefe de Estado. De cualquier forma, Lanata denunció a Milei por injurias ante la justicia federal con la suerte de que el caso fue a parar al juzgado de Ariel Lijo, a quien el Presidente propone para integrar la Corte Suprema. Es una oportunidad para Lijo de demostrar independencia, o bien fallando en contra del Presidente, porque la acusación contra Lanata es más una bravuconada que algo basado en evidencia; o excusándose de intervenir. Los antecedentes de Lijo y del otro postulante del Gobierno a la Corte, Manuel García-Mansilla, se publicaron esta semana en el Boletín Oficial, por lo que se largó formalmente la carrera hacia el acuerdo del Senado. El juez de Comodoro Py sigue generando resistencias, pero quienes lo frecuentan creen que sólo pudo haber aceptado la nominación porque es capaz de conseguir los votos que le den luz verde. La nominación de Lijo tendría como autor intelectual al supremo Ricardo Lorenzetti, a quien se señala como mentor del magistrado que metió preso a Amado Boudou y sobre el que pesan sospechas de enriquecimiento ilícito. La versión extendida en el mundo de la política es que Lorenzetti convenció a los hermanos Milei de la conveniencia de sumar a Lijo a la Corte para generar así un nuevo balance de poder interno que contrapese con “la mayoría” -que conforman Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda- que sería reticente a convalidar medidas del Gobierno. Pero el rechazo unánime por cuestiones de forma a 2 demandas contra el DNU -que le permite seguir vigente- puso en entredicho aquel relato que aseguran que Milei oyó de Lorenzetti. No faltaron las interpretaciones políticas de la decisión de “la mayoría”. “Acá le ha hecho un guiño el Gobierno y le ha dicho de alguna manera ‘ves que no somos tan malos, vos que nos querés poner a Lijo’”, leyó el abogado Felix Lonigro.

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