En Argentina la forma de construir familias está cambiando y las mascotas ocupan un lugar cada vez más importante dentro de los hogares. Mientras la natalidad atraviesa una fuerte caída, perros y gatos dejaron de ser vistos únicamente como animales de compañía para convertirse en integrantes de la vida familiar y desde Urgente24 consultamos a especialistas para comprenderlo.
"FAMILIA MULTIESPECIE"
Sin hijos y con mascotas: El fenómeno que redefine a las familias argentinas
Las mascotas ocupan un lugar central en los hogares argentinos y transforman los vínculos familiares, mientras perros y gatos ganan protagonismo afectivo.
Para Marcos Díaz Videla, psicólogo especializado en antrozoología, una de las claves está en el vínculo de apego que se genera entre las personas y sus mascotas. “Los tutores y sus animales establecen una forma vincular que originalmente se da entre las madres y sus crías pequeñas”, explicó.
A esto se suman características propias de los animales y de la convivencia cotidiana. “Los animales domésticos tienen rasgos infantiles, tanto físicos como conductuales”, sostuvo. Además, las interacciones pueden elevar la oxitocina en ambos y las tareas de cuidado reproducen conductas asociadas a la crianza: “Los cuidamos, alimentamos, aseamos, supervisamos y educamos”.
Por otra parte, la socióloga Paula D’Amico advirtió que no hay evidencia suficiente para afirmar que las mascotas estén reemplazando a los hijos. “No es correcto hablar de sustitución de hijos por mascotas”, sostuvo, y explicó que el aumento de hogares con animales y el descenso de la natalidad “pueden ser fenómenos que corren en paralelo”, pero no necesariamente están relacionados.
Los riesgos de tratar a las mascotas como hijos
El veterinario Marcelo Zysman explicó que perros y gatos pueden pasar a formar parte de una “familia multiespecie”, aunque advirtió: “El exceso de afecto y esa consideración casi filial no es buena ni para perros ni para gatos”.
En los perros, este vínculo puede generar una dependencia emocional excesiva y dificultades para tolerar la soledad. “Es bastante frecuente que canalicen con ansiedad por separación. Rompen cosas, ladran, aúllan, orinan o defecan en lugares inconvenientes”, indicó. Además, la sobreprotección puede limitar comportamientos naturales como caminar, correr, oler y explorar.
La humanización también puede repercutir sobre la salud física. Según el especialista, cuando se trata a una mascota “como un niño”, pueden aparecer alimentos o premios inadecuados y reducirse la actividad física, favoreciendo “los trastornos digestivos crónicos o también el sobrepeso”. Asimismo, aclaró que el cuidado responsable exige respetar las necesidades propias de cada especie.
También planteó una consecuencia emocional que muchas veces queda relegada: el duelo. “El tratarlo como hijo implica estar muy preparado para entender que en la mayoría de los casos ese ‘perrijo’ o ‘gatijo’ no va a sobrevivir al resto de la familia”, sostuvo. Y resumió su postura con una definición contundente: “Amar a un animal está muy bien, pero no significa transformarlos en personas”.
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