Carlos Emanuel Lucero, de 37 años, fue condenado a prisión perpetua por asesinar, en 2020, a Juan Marcos Correa, en la localidad de Amenábar, en Santa Fe. Lucero lo mató con un cuchillo en el marco de un ritual pagano y enterró las partes del cuerpo de su víctima abajo de un altar de San La Muerte.
DE TERROR
Recibió prisión perpetua por matar para San La Muerte
Un hombre que asesinó a otro en un ritual pagano a San La muerte y lo enterró bajo su altar, en Amenabar, fue condenado a prisión perpetua.
El tribunal que dictó la sentencia estaba conformado por los jueces Mauricio Clavero, Mariana Vidal y Adrián Godoy, quienes fueron los vocales.
Los fiscales representantes del Ministerio Público de la Acusación (MPA), Mauro Menéndez y Rafaela Florit, dijeron que el momento más fuerte del juicio fue cuando expusieron el “registro audiovisual del hallazgo del cadáver desmembrado de Correa”, y precisaron que “las partes del cuerpo habían sido enterradas bajo un altar en homenaje al santo pagano San La Muerte”. Para identificar a la víctima del asesinato, los investigadores tuvieron que exhumar los restos y realizar pruebas de ADN.
Además, en el juicio declaró “un integrante de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) que desgrabó una escucha telefónica en la que Lucero le aseguró a un amigo que había matado a un abusador, cuya alma había ofrendado para pagar una deuda en el marco de su culto”. Al respecto, los fiscales informaron que Correa fue investigado por un delito contra la integridad sexual, y que la causa finalizó por la prescripción de la acción penal en 2017.
Para los fiscales, Lucero se aprovechó de la adicción a las drogas y la situación de vulnerabilidad que tenía Correa, para llevarlo engañado hasta un basural del pueblo. En tal sentido, llevó cigarrillos de marihuana, un cuchillo y un recipiente.
“Cuando estaban en el lugar, el condenado atacó sorpresivamente a la víctima, a sabiendas de que estaba en una situación de indefensión física y psicológica”, afirmaron los fiscales.
Comienzo de la investigación
La investigación comenzó cuando un hermano de Correa denunció su desaparición el domingo 4/10/2020. Ahí comenzaron las tareas de búsqueda y rastrillaje por parte de la policía y los bomberos de distintas localidades de la zona, como Rufino, Sancti Spiritu, Venado Tuerto y Murphy.
Los investigadores se entrevistaron con mucha gente que conocía a Correa y que quería aportar pruebas, pero sin tener buenos resultados. Hasta que “el propietario de una casilla en la que residía el atacante dijo que había visto allí una imagen de yeso de San La Muerte y un recipiente que al parecer contenía sangre”, contaron los letrados.
Finalmente, los fiscales contaron que lograron encontrar el cuerpo porque cuando Lucero fue detenido “les contó detalladamente a otros dos detenidos lo que había hecho, cómo había procedido y adónde había enterrado el cuerpo. Ellos a su vez se lo comunicaron a su abogada defensora, quien se encargó de transmitirlo a una autoridad policial. Tras recibir información sobre la mecánica del ilícito, las fuerzas de seguridad fueron hasta el ‘nuevo basural’ y encontraron allí el cuerpo sin vida”.
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