La guerra entre USA e Irán enfrenta un escenario en el que una amenaza, una interpretación equivocada de inteligencia o un ataque aislado pueden desencadenar una nueva ofensiva militar, "una guerra feroz", según investigadores del New York Times. Las naciones en pugna advierten, preparan respuestas y afrontan decisiones atravesadas por sus respectivos calendarios políticos.
INVESTIGACIÓN
USA e Irán: crece el riesgo de una nueva guerra tras las elecciones
La inteligencia de Estados Unidos advierte sobre posibles atentados iraníes contra funcionarios y diplomáticos. Irán responde que "la nueva guerra será feroz"
Trump evalúa nuevos bombardeos y Netanyahu enfrenta una disputa electoral que puede alterar los cálculos militares en Oriente Medio.
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"El líder supremo de Irán, Mojtaba Khamenei, ordenó a los comandantes actualizar la lista de objetivos para que todos los activos, tangibles e intangibles, de Estados Unidos e Israel se encuentren dentro del alcance, y dar una respuesta inmediata y sin restricciones geográficas ante cualquier amenaza. La guerra no ha comenzado oficialmente. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán se remonta a febrero de 2026. Esta es una directiva de preparación y disuasión en medio de las tensiones actuales y los esfuerzos de mediación".
Inteligencia
La posibilidad de una tercera ronda de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán dejó de ser una hipótesis distante. Según informó The New York Times, funcionarios de la administración de Donald Trump expresaron preocupación por nuevos datos de inteligencia que indicarían que Teherán se encuentra en las «etapas avanzadas» de planificación de ataques contra funcionarios estadounidenses.
Las advertencias incluyen posibles atentados contra embajadores en Oriente Medio y representantes estadounidenses dentro del propio territorio norteamericano. También contemplan operaciones atribuidas a la Unidad 840, una estructura de élite iraní vinculada con secuestros y asesinatos en el exterior.
Sin embargo, existe una diferencia entre la intención y la capacidad operativa de Irán. Funcionarios occidentales reconocen que Teherán ha recurrido en otras ocasiones a intermediarios y delincuentes para ejecutar operaciones encubiertas, aunque varios planes terminaron desarticulados antes de producir daños.
La información permanece bajo clasificación. Solo los integrantes de mayor rango del Congreso estadounidense, conocidos como el Grupo de los Ocho, habían recibido detalles antes de que se difundiera un memorando de Jay Clayton, director de inteligencia nacional.
La publicación del documento también generó interrogantes dentro de la propia administración. Algunos funcionarios cuestionaron que se hicieran públicas advertencias que, según reconocían, no podían respaldarse con pruebas de complots específicos.
El problema excede la veracidad de cada amenaza. La información incompleta, las interpretaciones erróneas y la dificultad para comprender las intenciones del adversario pueden precipitar decisiones militares de consecuencias imprevisibles.
El antecedente de Irak constituye una referencia central. La utilización de inteligencia selectiva como argumento para justificar una intervención militar demuestra los riesgos de convertir indicios en certezas políticas.
Trump y Netanyahu: las elecciones también condicionan la guerra
La dimensión militar convive con una variable política que puede modificar los tiempos y las decisiones de ambos gobiernos. Donald Trump enfrenta las elecciones legislativas de mitad de mandato, mientras que Benjamín Netanyahu atraviesa una disputa electoral que puede alterar el equilibrio de poder en Israel.
Trump afirmó que no ordenaría nuevos ataques antes de las elecciones, aunque dejó abierta la posibilidad de reanudar las operaciones después de esa fecha. Según funcionarios estadounidenses citados por la fuente, el presidente parece inclinarse en privado por una nueva ofensiva de gran escala.
Los planes del Comando Central contemplan una ampliación de los objetivos militares. La lista incluiría infraestructura energética y otros puntos estratégicos para la economía iraní.
El cálculo político también alcanza a Netanyahu. Una eventual derrota electoral no descartaría una última operación militar antes de abandonar el poder. La posibilidad de que su sucesor adopte una posición menos favorable a una ofensiva agrega presión a las decisiones del actual gobierno israelí.
Trump, por su parte, enfrenta el costo político de una guerra impopular incluso entre sectores de su propio electorado. La demostración de autoridad como comandante en jefe aparece como otro elemento de su estrategia.
Guerra asimétrica
En Irán, las declaraciones oficiales muestran que el gobierno considera una nueva confrontación como una amenaza existencial. Mahdi Mohammadi, asesor del presidente del Parlamento iraní, afirmó que el país prepara una respuesta distinta de los enfrentamientos convencionales.
"Será una guerra asimétrica, feroz y decisiva que atacará los puntos fuertes y débiles del enemigo", sostuvo.
Dos funcionarios iraníes, uno de ellos integrante de la Guardia Revolucionaria, confirmaron que los posibles objetivos incluyen diplomáticos y personal estadounidense. También defendieron las represalias como respuesta a los asesinatos de funcionarios iraníes y sus familiares.
Teherán ya demostró su capacidad para ampliar el alcance del conflicto mediante ataques contra bases estadounidenses en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz. Ahora amenaza con extender las operaciones a infraestructura civil, instalaciones energéticas y cables submarinos de fibra óptica.
El antecedente de 2024 también permanece presente en Washington. Durante la campaña presidencial, las autoridades estadounidenses detectaron amenazas iraníes contra Trump y algunos de sus asesores. El FBI arrestó entonces a un ciudadano paquistaní acusado de participar en un plan de asesinato atribuido a la Guardia Revolucionaria.
La nueva escalada reúne, así, tres factores difíciles de separar: amenazas de seguridad, cálculos electorales y decisiones militares. Cuando cada parte interpreta las acciones del adversario como una señal de ataque inminente, el margen para la diplomacia se reduce. El riesgo ya no depende solo de una decisión deliberada de iniciar otra guerra, sino también de un incidente que ninguna de las partes consiga contener.
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En pocas palabras
- Inteligencia de USA: Advierte sobre posibles atentados iraníes contra funcionarios y diplomáticos, incluyendo unidades de élite.
- Escalada militar: El riesgo de una nueva guerra entre USA e Irán crece, influenciado por calendarios políticos y electorales.
- Respuesta iraní: Irán prepara una










