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La agenda mediática de los 2 candidatos con chances para gobernar el país a partir de diciembre está copada con el precario equilibrio cambiario y financiero del día a día, si habrá o no default y cómo se negociará con los acreedores. Entre lo que falta de este año y el que viene, se necesitan unos US$30.000 millones de reservas para solventar vencimientos. Si el FMI otorgase los 2 desembolsos pendientes este año del crédito stand-by, y al BCRA no se le escurre demasiada disponibilidad, en 2019 se podría zafar del default. Para 2020 no habrá más remedio que generar dólares. Y las fuentes genuinas para hacerlo no son otras que las exportaciones y la inversión bruta externa, en un marco de crecimiento de la economía. Al ser un circuito que excede las posibilidades domésticas, no queda otra alternativa que planificar las relaciones internacionales, justo cuando el planeta empezó a agrietarse por la guerra comercial y tecnológica entre USA y China, a la sazón (junto a Brasil) del terceto mayor de nuestras vinculaciones económicas con el mundo. En este contexto, el presidente Donald Trump ha estado asumiendo el liderazgo de la estrategia hacia la Administración Macri de los acreedores institucionales; concretamente, el FMI, mientras Xi Jinping agrandó el changuito para comprar más alimentos en el supermercado del mundo. Además, ofrece abrir la mano crediticia blanda, así como la ingeniería, a obras energéticas y de infraestructura. Tal vez ya sea hora de analizar cómo hacer para poner a producir al país en el complicado escenario global, más allá del tic tac de la deuda. Dos seminarios académicos entre esta semana y la que viene analizarán desde la óptica del Estado y las Políticas Públicas el abanico de oportunidades que se abren a partir de una eventual ampliación del vínculo con China.
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Las remarcaciones de precios de la devaluación posPaso (suena a posparto) se ensañaron con la canasta básica de los jubilados y pensionados. Un 40% la integran la alimentación y la medicación, que subieron entre 7 y 20%, con alguna que otra disparada del 70%. Para peor, tras el salto cambiario, el desfase en las listas con descuentos de PAMI dejó a las farmacias en el medio de la vorágine, y los propios jubilados tuvieron que ir a que la obra social autorizara. Los que no pudieron concretarlo debieron hacerse cargo de una diferencia de 28 puntos, con picos hasta el 48% en los tickets, según las entidades farmacéuticas. A unos 4,5 millones que cobran desde junio $11.528,44 de haber mínimo ahora les estarían faltando $3.000 para comer y tomar los remedios, si se comparan los últimos números disponibles proyectados. En similares condiciones quedaron otros 10 millones que perciben beneficios sociales. La disyuntiva sería resignar el bocado o racionalizar pastillas, salvo para los que cuentan con ayuda familiar. Apenas el millón y medio de pasivos que cobra el promedio cubriría, y hasta por ahí, tan vitales rubros. Recién los 700 mil que perciben desde esos $14.000 en adelante, hasta la máxima de $84.459,47 vigente, estarían en condiciones de aspirar a llegar a la siguiente acreditación, en setiembre, cuando se aplicará un ajuste por la movilidad del 12,3%. En los 4 años de Administración Macri, los remedios aumentaron porcentualmente el doble que los haberes mínimos. Con el cambio en el sistema de movilidad, cada jubilado resignó $30.000 desde entonces.
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