En un mundo dominado por la Inteligencia Artificial (IA), la filosofía y la neurociencia planteó hace varios siglos el desafío sobre el libre albedrío, continúan planteando la pregunta si los seres humanos son presos de su propio cerebro.
NEUROLOGÍA
¿Nacemos programados? El desafío del libre albedrío y el cerebro
La filosofía y la neurociencia continúan con el desafío sobre el libre albedrío y plantean la pregunta si los seres humanos son presos de su propio cerebro.
En pocas palabras
La filosofía y la neurociencia siguen con el debate sobre el libre albedrío y plantean la pregunta si los seres humanos son presos de su propio cerebro.
A partir de esta teoría, la ciencia plantea esta situación: “Estás en una cafetería. Miras la carta y dudas entre pedir un café expreso o un té verde. Finalmente, te decides por el café, estiras el brazo y coges la taza. Sientes que has tomado una decisión completamente libre, ¿verdad?”.
El planteo de la neurociencia
De ahí, la neurociencia moderna tiene una respuesta bastante inquietante: “El cerebro ya sabía lo que ibas a pedir casi un segundo antes de que tú fueras consciente de tu propia elección”.
Este descubrimiento, puso en jaque siglos de debates filosóficos sobre el libre albedrío, plantea una pregunta incómoda: “¿Somos realmente dueños de nuestros actos o simplemente espectadores de las decisiones que nuestro inconsciente toma por nosotros?”.
El experimento de Libet: donde empezó la duda
La chispa que inició este incendio científico la encendió el neurofisiólogo Benjamin Libet en la década de 1980. Libet diseñó un experimento aparentemente sencillo: pidió a un grupo de voluntarios que pulsaran un botón en el momento en que quisieran. Mientras tanto, monitorizaba su actividad cerebral mediante un electroencefalograma (EEG) y les pedía que miraran un reloj de alta precisión para registrar el milisegundo exacto en el que sentían el “impulso” consciente de actuar.
Lo que Libet descubrió dejó helada a la comunidad científica. Unos 350 milisegundos antes de que el sujeto fuera consciente de su deseo de pulsar el botón, el cerebro ya mostraba una señal eléctrica específica llamada potencial de preparación (readiness potential). El cerebro ya se estaba moviendo antes de que la mente “decidiera”.
En 2008, el neurocientífico John-Dylan Haynes llevó este experimento al siglo XXI utilizando resonancia magnética funcional (fMRI). El resultado fue aún más radical: los patrones de actividad en la corteza prefrontal permitían predecir si el sujeto usaría la mano izquierda o la derecha hasta 7 segundos antes de que el propio sujeto lo supiera de forma consciente.
¿Significa esto que el libre albedrío es una ilusión?
Si las neuronas deciden antes que las personas, la lógica invita a pensar que el libre albedrío es un espejismo, una historia que la mente consciente se inventa para hacernos creer que tenemos el control. Científicos de renombre como Robert Sapolsky, neurobiólogo de la Universidad de Stanford, defienden esta postura extrema en su libro Determined (Determinado), argumentando que el ser humano es el producto biológico e inevitable de sus genes, hormonas y experiencias pasadas.
Sin embargo, muchos otros neurocientíficos y filósofos piden calma. Que el cerebro procese información antes de que llegue a la conciencia no anula nuestra libertad por varias razones:
1- El “libre veto” (El poder de decir NO)
El propio Benjamin Libet descubrió que, aunque el cerebro inicie el movimiento de forma inconsciente, la mente consciente conserva la capacidad de abortar la acción en los últimos 100 milisegundos antes de que ocurra. Es decir, puede que no tenga el control sobre el impulso inicial, pero sí uno tiene un “veto libre” para frenarlo. Las personas son libres de desear, pero sí de decidir si se actúa o no según ese deseo.
2- Decisiones simples vs. decisiones complejas
Pulsar un botón izquierdo o derecho en un laboratorio es una acción mecánica y trivial. Los críticos señalan que no se puede comparar ese automatismo con decisiones complejas, como elegir una carrera universitaria, comprar una casa o casarse. Estas elecciones implican deliberación consciente profunda, planificación a largo plazo y evaluación de valores morales, procesos que van mucho más allá de un simple chispazo eléctrico.
3- La conciencia como directora de orquesta
Estudios recientes sugieren que la conciencia no es un mero pasajero. Funciona más bien como el director de una orquesta. El inconsciente procesa millones de datos ambientales e internos a una velocidad asombrosa, y la parte consciente se encarga de dar el visto bueno, refinar la acción o cambiar el rumbo basándose en objetivos futuros.
Hacia una nueva definición de libertad
La ciencia no mató al libre albedrío, pero sí lo ha bajado de su pedestal de fantasía. Ya no se puede entender la libertad como un poder mágico y puro, completamente desconectado de la propia biología del ser humano.
La propia toma de decisiones está calificada como un “baile sofisticado” entre el procesador ultrarrápido del propio inconsciente y el filtro ético y analítico de la propia mente consciente. Puede que el cerebro prepare el café milisegundos antes de que uno lo sepa, pero la decisión de disfrutarlo o dejarlo enfriar sigue siendo, en última instancia, de uno mismo.
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