La vida comienza a los 60
Cada vez más numerosos, los brasileños mayores de 60 años conquistan un espacio en el mercado de trabajo, impulsan la economía y se transforman en la nueva fuerza generadora de riqueza. La nota coincide, curiosamente, con un intento de Dilma Rousseff de modificar la edad de jubilación en el sector público brasilero. Pero de todos modos es interesante. La posición de Urgente24 es que resulta una decisión individual, de todos modos, y no puede generalizarse en forma compulsiva.
01 de octubre de 2012 - 22:27
S. PAULO (IstoÉ). En 2010, el empresario paulista José Pilli Filho, de 64 años, se fue a Europa en busca de un socio para traer a Brasil una nueva tecnología para la construcción de estructuras metálicas. El negocio prosperó y hoy en día cuenta con clientes en varias ciudades del país. A los 91 años, Benjamin Sodré Junior ofrece consultoría en el área petrolera y navega todas las semanas. Hace unos días, él quedó 2do. en una regata disputada incluso por jóvenes. El deporte también está en la sangre carioca Marco Sá, de 64 años, a quien le gusta pedalear por las calles anchas y planas de Miami, la ciudad más grande de Florida, USA.
Sá trabaja 12 horas al día para implementar, en una multinacional estadounidense, un proyecto de aplicaciones desarrolladas para el mercado financiero. El ritmo intenso de trabajo completa la rutina del profesor Julio Katinsky, de 80 años, quien divide su tiempo entre las clases de posgrado que imparte en la Universidad de São Paulo e investigación académica. Desacelerar también está fuera de los planes del ingeniero civil Jorge Venáglia, de 62 años, propietario de una empresa de restauración arquitectónica, inversor de inmuebles al que le gusta viajar 3 veces al año a Europa. Participar de excursiones en el extranjero es lo que motiva la vida de la jubilada María Francisca Magalhães, de 73 años, quien recientemente pasó por lugares como Laos, Camboya y Alaska, desde donde regresó hace un mes. Los 6 adultos mayores antes mencionados son el retrato viviente de una profunda transformación en curso en Brasil: nunca su población envejeció tan bien (en términos de calidad de vida), y este fenómeno es, bajo muchos aspectos, positivo también para el país.
De acuerdo con un estudio realizado por el Banco Mundial, la población mayor de 60 años es la nueva fuerza económica del país. Los brasileños de edad avanzada son más ricos, más sanos y más poderosos.
Según el informe, Brasil está experimentando lo que los expertos llaman el "bonus demográfico", período en el que la población activa (personas en servicio activo) será mucho mayor que el número de brasileños que no producen. Esto se dará como resultado principalmente del envejecimiento de la población. Las cifras del Banco Mundial son impresionantes. En 2050, las personas mayores de 60 años representarán el 49% de la población económicamente activa del país. En la actualidad, este porcentaje es del 11%.
Otro dato revela que hasta 2020, las personas mayores serán responsables del incremento anual de 2,4 puntos porcentuales del PIB per cápita en el país. Más que cualquier otro número, significa que las personas mayores serán una de las más importantes fuerzas impulsoras de riqueza nacional; sin ellos, sin duda, el país no tendrá como igualarse a los niveles de ingresos de los países desarrollados.
El avance del poder económico de las personas mayores se evidencia en numerosas estadísticas. En la actualidad, representan casi el 20% del poder adquisitivo del país. Hace dos décadas, este porcentaje era del 5%. Se estima que el 70% de los brasileños mayores tienen independencia financiera, lo que representa el doble de hace 20 años. "Brasil tiene que aprovechar el momento favorable de su estructura etaria", dice Michele Gragnolati, administrador de la Escuela de Altos Estudios Comerciales de París y autor del estudio del Banco Mundial.
La capacidad productiva de las personas mayores está directamente relacionada con la velocidad desenfrenada del envejecimiento de la población brasileña. El crecimiento anual del número de ancianos en el país es del 3,4%, frente al 2,2% de la media nacional. A este ritmo, en 2050 los brasileños ancianos serán 30% de la población total.
En Europa, el "Viejo Continente", la proporción de personas de edad es del 24%, una tasa que sufrirá pequeñas variaciones en los próximos años. Es sorprendente imaginar que en un futuro no muy lejano, Brasil puede convertirse en una nación más antigua que, por ejemplo, Francia.
"Son cambios muy rápidos que deben ir acompañados de reformas e inversiones en políticas públicas", dice Gragnolati. El envejecimiento, sugiere el estudio del Banco Mundial, debería representar una oportunidad para que el gobierno destinara más dinero a sectores como la educación. Con la reducción de las tasas de fecundidad y el consiguiente aumento de la edad media de la población, menos vacantes deberá abrirse en las escuelas.
"Es decir, la inversión por alumno aumentaría sin acarrear gastos adicionales para el estado, generando de ese modo un impacto positivo en la educación", afirma Magnus Lindelow, del área de desarrollo humano del Banco Mundial para Brasil. El ciclo es positivo para el país: con el correr de los años, la inversión para cada estudiante dará lugar, inevitablemente, a una generación de personas mayores preparadas para impulsar el desarrollo económico en el futuro.
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La generación de riqueza por parte de los ancianos es también el resultado de la mejora de la calidad de vida de los brasileños. Ancianidad, hoy en día ya no se asocia con enfermedad e inactividad. Cuando tenía 62 años, edad en la que hasta hace poco la mayoría de la gente estaba dispuesta a pasar el resto de la vida sin grandes ambiciones, el ingeniero y empresario José Pilli Filho apostó a invertir en un nuevo negocio. Él dice que podría dejar de trabajar sin renunciar a la comodidad en la que vivía, pero la inquietud lo llevó hacia adelante. Pilli trajo de Europa una nueva tecnología para la construcción de estructuras metálicas y con la motivación de un principiante, lo llevo a cabo.
"Quien tiene afan por la vida, no se detiene nunca", dice el empresario. "No pretendo dejar de trabajar". La disposición, según él, es también el resultado de su pasión por los deportes. Pilli está en excelentes condiciones y tiene aliento de muchacho. Ya disputó 12 maratones, hace ciclismo y rema. Su mayor orgullo es haber escalado montañas como el Kilimanjaro, en Tanzania, el Aconcagua, entre Chile y Argentina y el Monte Elbrus en Rusia. Todo esto desde lo alto de sus 64 años. "No desisto del deporte por nada".
No parar de trabajar parece ser el secreto de la longevidad del carioca Benjamin Sodré Jr., de 91 años, quien cuenta con más de 70 años de trabajo diario. Comenzó su carrera como químico, pero se interesó en el negocio del petróleo durante los años 1960. "Hice un curso en California, Estados Unidos y me especialicé en logística", dice. "Creo que soy petrolero más antiguo de Brasil".
Desde entonces, él pasó por varias compañías y llegó a tener un asiento en el consejo de Petrobras. Hace 10 años, que trabaja en una empresa de suministro de equipo de apoyo a las plataformas petroleras. "Llego a las 9:00 y salgo a las 15:00", afirma. "Mi función es la de consultor. Instruyo al personal más joven".
Mientras él camina con paso firme al exclusivo Yate Club de Río de Janeiro, en la Urca, es saludado por aquellos a los que encuentra a su paso. "Salve, Comandante", es el saludo más común. El señor Benjamin siempre retribuye con un movimiento de cabeza. "No conozco a todo el mundo, pero todo el mundo me conoce aquí en el Yate", dice él. No es para menos. Alega ser es el más antiguo regatista activo del Estado de Rio -"tal vez de Brasil"- y es bueno en eso. Hace dos semanas, terminó en 2do. lugar en una carrera celebrada en la Bahía de Guanabara, en la que participaron concursantes que podrían ser nietos o bisnietos suyos. "Yo no tomo remedios, no uso anteojos, conduzco mi auto y no dependo de nadie para hacer lo que más me gusta, que es navegar".
Si hasta hace poco los más viejos eran despreciados por el mercado laboral, actualmente esa realidad está cambiando. Casos de personas mayores que se mantienen activos, como el de Benjamin, dejaron de ser excepción.
Con una capacidad de trabajo comparable a la de la jóvenes, pero con el beneficio adicional de la experiencia, las personas mayores se han convertido en las más solicitadas por el mercado laboral. Investigaciones muestran que el fantasma de la falta de empleo para las personas que han superado una determinada edad (40 años en la mitad del siglo pasado, 50 años, al final del siglo) es una cosa del pasado.
En 2011, el número de empleos formales para brasileños arriba de 60 años creció un 14%: fue la franja etaria que presentó el mejor rendimiento. Investigaciones de consultoras como la de Michael Page señalan que las personas mayores ocupan cada vez más cargos de dirección y su participación en el mercado de trabajo, demuestra otro estudio reciente, crecerá 5 veces más en los próximos años. Profesionales como el economista carioca Marco Sá, de 64 años, pasaron a ser disputados por las grandes empresas. Con temporadas en bancos como JP Morgan Chase, Safra e Itaú, Sá perdió la cuenta del número de invitaciones que recibió de las empresas brasileñas y extranjeras.
No hace mucho tiempo, aceptó una oferta realizada conjuntamente por los gigantes MasterCard y Telefónica, que lo contrataron para desarrollar una aplicación para el pago de facturas a través del teléfono móvil, a la que tendrán acceso 87 millones de personas en 12 países de América Latina. "Tuve que mudarme a Miami", dice. La ciudad, que invita a los practicantes de deportes, lo sedujo por completo. Cuando amanece en Miami Beach, Sá toma su bicicleta speed, modelo utilizado para cubrir grandes distancias y sale a dar un par de vueltas. "Suelo ir hasta la vereda del balneario", dice el ejecutivo. Después de pedalear, va a la oficina, donde está por lo menos 12 horas.
Ya que es significativo el número de personas mayores que ocupan posiciones de liderazgo, resulta uno de los grupos económicos más poderosos de Brasil. Las personas mayores no sólo ganan bien sino que gastan más que otros.
Una encuesta realizada por la Fundación Getulio Vargas demostró que la inflación de los productos para personas mayores de 60 años es superior a la de la media de la población. Es decir: porque la demanda es alta, los precios subieron más en este grupo de edad. Con dinero en el bolsillo, los ancianos terminan fomentando diversos sectores. La fortaleza financiera más sensible de esta clase es el turismo.
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Según Ana Amélia Camarano, del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA), el envejecimiento de los brasileños es el principal responsable de la expansión de esta línea de negocio. "El mercado del turismo es alimentado principalmente por los ancianos", dice. "Más del 60% de los pasajeros de cruceros tiene más de 60 años".
Sólo en el estado de São Paulo, el 63% de las personas mayores viajan al menos una vez al año, casi el doble del porcentaje de la población en su conjunto. Una de esos viajeros empedernidos es la maestra jubilada y viuda, Maria Francisca Magallanes, Kika. Por su cuenta, pasa por año por lo menos 3 meses fuera de Brasil. Y nada de destinos convencionales. "Conozco más de 40 países de los 5 continentes y proyecto visitar muchos más todavía", dice ella.
Kika conocer países como Laos, Camboya y Myanmar, y hace unos días regresó de una temporada casi un mes por el frío de Alaska. "Tengo recursos, no necesito de nadie y tengo sed de conocimiento. Por eso, viajo. ¿Qué vida mejor que esta?".
Es innegable que el envejecimiento de la población tiene un papel importante en el crecimiento económico de Brasil, pero no se pueden pasar por alto los retos que ese fenómeno impone al país. Contener el aumento explosivo del costo de las pensiones es una carga que el gobierno tendrá que gestionar. "El modelo brasileño de jubilación brasileño funcionaba mientras había más jóvenes que jubilados", dice Osvaldo Nascimento, vicepresidente de la Federación Nacional de Previsión Privada y Vida (FenaPrevi)".
Desde el momento en que el grupo de personas mayores de 60 años se equipara a la proporción de jóvenes y adultos, habrá menos contribuyentes y más gente para recibir los beneficios provenientes del Estado. Por supuesto, esto genera más costos para el gobierno.
En algún momento, por lo tanto, esa cuenta llegará. El peligro es alcanzar niveles insolubles. Según los expertos, las reformas de los últimos años no fueron suficientes para contener el problema. La única salida es aumentar el periodo de contribución al sistema previsional, lo que significa hacer que los brasileños se jubilen más tarde. ¿Los gobernantes tendrán el coraje de tomar medidas que serán obviamente impopulares?
De su lado, está el argumento de que nunca los brasileños mayores vivieron tan bien, y que son sanos y activos suficientemente para trabajar y seguir generando riqueza. Tener más de 60 años en la actualidad, tal como lo demuestran las historias fantásticas de los ancianos en este informe, no es sinónimo de decadencia. Es sinónimo de vida productiva.









