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ANÁLISIS Y CRÍTICA

Oppenheimer: El rompecabezas radioactivo más oscuro de Nolan

Oppenheimer de Nolan toma el sueño americano y lo eleva a una dimensión familiar: la de atravesar fronteras para destruir sueños ajenos y sembrar pesadillas.

Cuando la bomba atómica Little Boy detonó en Hiroshima, el impacto fue tan fuerte y cegador que las sombras de sus víctimas, proyectadas inocentemente ante la muerte, quedaron inmortalizadas en el asfalto a modo de negros jeroglíficos; siluetas con extremidades apenas discernibles de una figura humana; despojadas de sus cuerpos; tatuadas en la memoria colectiva.

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Oppenheimer de Cristopher Nolan tradujo eso en un filme de tres horas. ¿Y el resultado? Ni más ni menos que la silueta histórica del científico más importante de la pos-guerra, pero carbonizada e indiscernible frente a la óptica ‘deslumbradora’ de un director que busca trascender en el canon cinematográfico.

Nolan y la sobreexplotación de recursos

Alerta de spoilers.

El primer plano en el que aparece el homónimo científico es en uno cerrado, con él ocupando casi todo el cuadro y los ojos bien abiertos. Sin embargo, segundos antes, la cinta tiene una apertura a modo de planos detalles de la explosión de una bomba nuclear: fuego, chispazos, reacciones en cadena, y hongos que bailan en slow motion ante nuestros ojos. Y, más de dos horas y cincuenta y nueve minutos después, contemplamos también a Oppenheimer del mismo modo: en un primer plano, estático, con los ojos bien abiertos.

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La prueba Trinity resultó crucial para el Proyecto Manhattan y la posterior destrucción de Hiroshima y Nagasaki menos de una semana después. 

La prueba Trinity resultó crucial para el Proyecto Manhattan y la posterior destrucción de Hiroshima y Nagasaki menos de una semana después.

A diferencia del inicio, ya no se ve el resultado de la explosión, sino las consecuencias que tendrá para con el planeta: una metafórica reacción en cadena que, hasta el día de hoy, a diferencia de su creador, pareciera no tener final.

Aunque el párrafo anterior pueda sonar como todo un acierto, en esta oportunidad, emplear en el inicio la prolepsis o flashwoard (un saltito adelante en el tiempo) resulta perjudicial por el simple hecho de que se repite hasta el hartazgo.

Un rompecabezas radioactivo

Nolan abusa de los recursos en pos de una 'grandilocuencia' exacerbada que va y viene más veces que el sonajero de una calesita. En ocasiones, resulta innecesariamente confuso. ¿Cuál es el motivo de esto?

Leí en la página del crítico Roger Ebert que es una manera de traducir el lenguaje de la física a términos fílmicos; la fisión nuclear o la reacción en cadena al montaje; todo conectado en patrones que no necesariamente son correlativos. Pero a mí esto no me convence. Y lo diré de la manera más sencilla posible: ser complejo no te hace mejor, del mismo modo que saber mucho y explicar poco, diferencia a un buen de un mal docente.

El juego de grises que no sabe cuándo dejar de serlo

Sigo con esto. El uso monocromático de blancos y negros ni siquiera está bien usado: si se supone que el juicio fue el momento más gris en la vida de Oppenheimer —de hecho, sí, él jamás volvió a ser el mismo después—, ¿cuál es el sentido de regresar al color en idas y vueltas que ya ni siquiera parecen planeados, sino aleatorios?

A veces pareciera dar la impresión de ser un rompecabezas bastante simple, o al menos así lo era, hasta que al diseñador se le ocurrió colocar algunas piezas al revés para que al espectador le resultará más ‘inmersivo’, ‘original’, ‘complejo’. Y darle así una cucharada de complice pseudo 'intelectualidad'.

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Tampoco queda claro en qué espacios físicos se lleva a cabo la acción, de manera que el desplazamiento en escenarios sigue siendo un punto muy débil en Nolan.

Tampoco queda claro en qué espacios físicos se lleva a cabo la acción, de manera que el desplazamiento en escenarios sigue siendo un punto muy débil en Nolan.

No parece existir una intención visual técnica; los planos y contra planos son sosos; casi nunca se explica donde se desarrolla X o Y secuencia, más allá de las ocurridas en el Proyecto Manhattan, en Los Alamos; al existir tantos planos cerrados queda todo, o la mayor parte del todo, reducido a un coro de primeros planos destinados a resaltar lo obvio: la complicidad de la tragedia más planificada del siglo XX.

En conclusión…

También tiene sus puntos positivos. Aun así, para mí profundizar en ellos no sumará nada al debate. Igual los menciono. La banda sonora me resultó religiosa —Ludwing Göransson es un genio—, y la explosión del ensayo nuclear Trinity me puso la piel de gallina a mí y a los otros 80 espectadores presentes en una rebalsada función nocturna.

Oppenheimer – Full Soundtrack Album by Ludwig Göransson (2023)

Creo que Nolan tiene muchísimas cosas por afilar y que este fue uno de sus trabajos más regulares. De lo contrario su cine, al igual que Oppenheimer, quedará inmortalizado en las mismas débiles y trágicas sombras en la que quedaron las víctimas de Hiroshima y Nagasaki.

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