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CONFLICTO CIVIL

Temor a un baño de sangre en Etiopía mientras el pueblo Tigray se niega a rendirse

El conflicto entre el gobierno central etíope y la insurgencia regional del Tirgay colocó al país en un conflicto de tales magnitudes que algunos ya lo consideran una guerra civil. La última amenaza del Ejército etíope ha sido la de un asalto "sin piedas" con tanques, contra la ciudad de Mekelle -base del insurgente Frente de Liberación del Pueblo Tigray y donde vive medio millón de personas- si este no se rinde. Civiles huyen del lugar.

El líder de la región Tigray en Etiopía ha dicho que su pueblo está "preparado para morir" defendiendo su tierra, luego de que el primer ministro del país, Abiy Ahmed, otorgara el domingo 22/11, 72 horas al movimiento insurgente del Tigray para rendirse. Si no lo hacen, amenazó, vendrá un asalto con tanques sobre Mekelle, capital de la región, donde vive medio millón de personas. Los civiles ya se encuentran en las rutas intentando huir.

Ahmed lanzó una campaña militar contra el Frente de Liberación del Pueblo Tigray (TPLF, según sus siglas en inglés), el pasado 4/11, tras acusarlos e haber atacado 2 bases militares etíopes en la región del norte, presuntamente para robar artillería y equipamiento militar (las autoridades de Tigray niegan que esto haya sucedido). Ahmed los acusa de buscar desestabiliazr su gobierno.

El Ejército federal dijo que sus fuerzas están a 60 kilómetros de Mekelle, capital de Tigray y base del TPLF. Ahmed -quien ganó el Premio Nobel de la Paz- llamó al TPLF a rendirse de manera pacífica, diciendo que habían alcanzado un "punto de no retorno".

El líder del TPLFDebretsion Gebremichael, dijo que Ahmed estaba intentando cubrirse por algunas derrotas que su Ejército habría sufrido contra las fuerzas regionales y que estaba lanzando amenazas para ganar tiempo.

"Él no entiende quiénes somos. Somos personas de principios y estamos listos para morir en defensa de nuestro derecho de administrar nuestra región", dijo Debretsion a AFP.

El martes, un portavoz de las fuerzas del Tigray dijo que habían "destruido completamente" la 21ª división mecanizada de Etiopía. El día anterior habían afirmado que habían derribado un helicóptero y un tanque.

Ahmed pidió el domingo "evitar más matanzas y destrucción de ciudades y salvaros a vosotros mismos de la condena eterna en los libros de Historia".

Explicó así a las 3 fases de la operación militar:

  • en una primera fase, "nuestras fuerzas de defensa se removilizan y fortalecen para que puedan cumplir con sus funciones".
  • En la segunda, el objetivo es "rodear la ciudad de Mekelle" y reducir la capacidad de las milicias rebeldes. En esta fase se han "liberado" las ciudades de Dansha, Humera, Shire, Shiraro, Axum, Adwa, Adigrat, Alamata, Chercher, Mohoni o Korem.
  • En la tercera y última, el objetivo es tomar la capital de la región de Tigray, Mekelle, "el paso final para llevar al traicionero TPLF ante la justicia".

"La próxima batalla decisiva será rodear Mekelle con tanques", destacó por su lado el portavoz militar Dejene Tsegaye ante medios gubernamentales, y amenazó con sitiar la ciudad, bastión del TPLF, que controla la región.

Tigray está incomunicada, las conexiones telefónicas y de internet están interrumpidas y el acceso a la zona estrcitamente controlado, lo que hace muy difícil verificar las afirmaciones de ninguna de las partes.

El conflicto ya ha matado a cientos de personas, afirma The Guardian, y desplazado a muchas más. 40.000 refugiados han cruzado al vecino Sudán.

Las calles de Tigray están llenas de gente que escapa al conflicto.

"Tratar una ciudad entera como un objetivo militar no solo (sería) ilegal, también podría ser considerado una forma de castigo colectivo", dijo Laetitia Bader, de Human Rights Watch.

El pueblo Tigray tiene sus orígenes en los primeros grupos semitas que llegaron a la zona y se habrían establecido en el actual territorio del norte de Etiopía y Eritrea, explica Wikipedia, a partir del año 1000 a. C.

De acuerdo a la tradición, el pueblo Tigray sería descendiente del antiguo reino de Saba, gobernado por Menelik I, hijo rey de Salomón y la reina de Saba, al igual que los sacerdotes de la Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo. 

Así explica el portal Descifrando la Guerra el trasfondo del conflicto:

"Para muchos, esta ofensiva de Adis Abbeba, es considerada como una venganza hacía la región norteña por las elecciones no autorizadas que celebraron el pasado septiembre. Los comicios, fueron la respuesta del TPFL a la postergación sin fecha de las elecciones estatales que debían celebrarse este año, pero que el gobierno decidió retrasar a causa de la pandemia de Covid-19. Esto provocó las quejas de la oposición en todo el Estado y llevó a al gobierno de Tigray a no reconocer a ninguna autoridad federal desde el 5 de octubre, fecha en que debía terminar el mandato de Abiy Ahmed.

"Esto, se une a un creciente interés de la población tigriña (también llamada tigray o tigré) hacia la secesión. Los tigriña, a pesar de contar sólo con el aproximadamente 5% de la población total etíope, fueron durante años la etnia dominante en el país bajo el gobierno de Meles Zenawi, y ocupan actualmente la que muchos consideran como la región más rica y próspera del país, además de la más beneficiada por el fuerte crecimiento económico de Etiopía en los últimos años. Además, este pueblo se considera descendiente directo del mítico Reino de Saba. Todo ello ha provocado la animadversión de parte de la población etíope y, incluso el propio Primer Ministro, los ha llegado a considerar como 'arrogantes'."

Etiopía se rige desde 1991 por un federalismo étnico en el que cada una de las etnias marotiarias gobierna 1 de las 9 regiones administraticas.

Cuando llegó al poder, Abiy Ahmed inició una purga de los tigriña que ocupaban altos cargos administrativos o militares, explica Desccifrando la Guerra.

"Esta situación no es nueva en Etiopía, acostumbrada a las tensiones étnicas y a las venganzas de las élites cuando se produce una alternancia en el poder."

El actual primer ministro aplicó políticas encaminadas hacia la centralización del poder y la recuperación de un nacionalismo estatal, el fortalecimiento de un sentimiento de unidad por encima de las particularidades comunitarias.

Esta iniciativa encontró gran resistencia por parte de pueblos como los tigriña, que sienten que sus particularidades históricas están en peligro.

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