La tensión entre Estados Unidos y Cuba sumó el sábado (02/05) un nuevo capítulo de alto voltaje político y retórico. El canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, salió al cruce de las declaraciones del presidente Donald Trump, quien aseguró que Washington “tomará el control” de la isla "casi de inmediato”.
DESPERTÓ LA RESISTENCIA
Golpe al ego de Donald Tump: Cuba lo frenó en seco "No nos dejamos amedrentar".
El régimen cubano, directo al ego de Donald Trump, le respondió: “No nos dejamos amedrentar”. El mandatario de USA habló de tomar el control de la isla.
"La respuesta decidida del pueblo y su respaldo a la Revolución se demostró masivamente este Primero de Mayo”, afirmó Rodríguez en redes sociales, en alusión a las movilizaciones oficialistas que el régimen utilizó como señal de cohesión interna en medio del recrudecimiento del conflicto.
Amenaza directa y lectura política
Desde La Habana interpretan los dichos de Trump como una “amenaza clara y directa de agresión militar”, que eleva el nivel de confrontación a un terreno delicado.
El canciller vinculó además la retórica del mandatario republicano con intereses electorales en el sur de Florida, donde sectores del exilio cubano mantienen una fuerte incidencia política.
En paralelo
Trump no solo endureció el discurso, sino también los hechos: su administración redobló las sanciones económicas contra la isla, apuntando a sectores estratégicos como energía, defensa, minería y servicios financieros.
La nueva orden ejecutiva (equivalente a los DNU de la Argentina) prevé.
El bloqueo total de activos en territorio estadounidense para cualquier empresa o individuo que opere con el Gobierno cubano.
Factor militar y tablero internacional
El propio Trump agregó un componente geopolítico al conflicto: anticipó que, una vez concluido su “trabajo” en Irán, desplazará nuevamente al Caribe el portaaviones USS Abraham Lincoln. La mención implica presión militar directa en una región históricamente sensible para Washington.
En ese contexto, el secretario de Estado, Marco Rubio, acusó a Cuba de facilitar la presencia de servicios de inteligencia de países adversarios en su territorio.
Washington (perdieron los demócratas)
En el frente doméstico, el Senado estadounidense rechazó una iniciativa demócrata que buscaba limitar eventuales acciones militares sobre la isla. El dato político es clave: deja a la Casa Blanca con mayor margen de maniobra en caso de escalar el conflicto.
Desde enero, la administración Trump intensificó el cerco sobre La Habana con sanciones energéticas —incluido un bloqueo petrolero— y reiteradas alusiones a un eventual cambio de régimen.
La Habana se hace fuerte
Del lado cubano, el Gobierno aprovechó la celebración del Día Internacional de los Trabajadores para mostrar músculo político y reforzar el mensaje de soberanía frente a la presión externa.
Las consignas apuntaron a la defensa de la independencia nacional en un escenario económico crítico, agravado por la escasez de energía y el endurecimiento del embargo.
El choque verbal y político entre Washington y La Habana vuelve a niveles que evocan los momentos más tensos de la relación bilateral.
Por ahora, la escalada se juega en el terreno de las sanciones, la retórica y la disuasión militar. Pero el riesgo —como advierten desde ambos lados— es que el conflicto cruce una línea más difícil de contener.
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