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ALIMENTACIÓN, SALUD Y PRECIOS RELATIVOS

Un 'puntito' ganado a la inflación sería 'puntazo' si sale de la canasta 

Dom, 15/12/2019 - 10:28am
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Más importante que el punto mensual que, en el mejor de los casos, podría ser bajada la inflación desde el ritmo del 60% anual de arrastre que legó la Administración Macri es cómo se repartirá un alivio tan leve como ese a lo largo de 2020. Rubros vitales para la canasta básica que pondera poder adquisitivo de los salarios menores, las jubilaciones mínimas y, en general, la pobreza, como el alimenticio y el de la salud vienen de sacarle ventaja al nivel general del IPC (55%) y más aún a la canasta básica, que a octubre venía al 47,1% interanual. En la forma en que interactúen los ingresos de la parte inferior de la pirámide socioeconómica y las remarcaciones que apliquen en la práctica los formadores de precios de 2 de los sectores más concentrados de la economía, a la sazón más sensibles para la población de menores recursos, ese puntito que se le logre descontar al índice de inflación en 2020 pueda convertirse en un puntazo. 

Si al cabo de 2019, antes que empiece a sesionar un Consejo Económico y Social, muy posiblemente presidido por Roberto Lavagna, el IPC fue del 55%, desde el ministro de Hacienda y Finanzas, Martín Guzmán, para abajo, nadie da un centavo porque pueda bajar drásticamente en 2020.
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Una inflación próxima al 300% en los 4 años de mandato (incluido un 4,4% estimado para diciembre), los tarifazos interrumpidos por la campaña electoral y un sobreendeudamiento que puso a caminar al país por la cornisa del default tuvieron 2 propósitos plenamente conseguidos por la Administración Macri:

> practicar una brutal redistribución del ingreso en poco tiempo; y

> preparar el terreno a inversiones condicionadas, tales como las energéticas, en gran parte aún pendientes.

Es esta la gran factura transferida a la sociedad y por la que recibió el castigo en las urnas. 

El último año fue a cara descubierta y el sesgo regresivo se advierte con sólo mirar el desglose del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del penúltimo mes del año que difundió el INdEC: la alimentación aventaja en 2,5 puntos al nivel general, en 4 puntos a las jubilaciones y en 4,5 puntos al salario mínimo

El detalle que brinda el Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) da cuenta que algunos productos se encarecieron hasta 90%. Los más destacados: el queso sardo (90,3%), manteca (87,8%), yogur firme (87,7%), dulce de leche (75,2%), yerba (63,4%) y pollo (60,2%).

Los gastos en salud (medicamentos, prepagas), de los que ninguno de los mortales nos salvamos, superaron al IPC en 17 puntos en ese lapso, la comunicación (telefonía celular, internet, cable) en 7 puntos, equipamiento y mantenimiento del hogar en 3 puntos.

Se notan las consecuencias en cómo apretó el zapato según cada grupo:

>los trabajadores del sector público resignaron 3,9% su salario real;

>los privados registrados -5,5%; los informales perdieron 11,6%, y

>a los que cobran el Salario Mínimo Vital y Móvil les rebanaron el 18%,

según un informe elaborado por el equipo de economistas de Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV).

A un jubilado que cobra la mínima le representó destinar el 87% de su ingreso a adquirir los productos de la canasta básica, y a los que están en la escala más baja de sueldos les toma un 72% de lo que perciben.

El jueguito de los aumentos y rebajas

Haberse adelantado al resto de los precios les otorga a los sectores que pudieron hacerlo un margen de negociación de cara a una futura mesa de concertación corporativa, que los que perdieron posiciones frente al comportamiento general no poseen.

Si los laboratorios medicinales pueden estudiar una posible rebaja de 9% en las listas como respuesta al congelamiento solicitado por el nuevo ministro del ramo, Ginés González García, significa que por su posición dominante en el mercado les fue posible formar un “colchón”, del que ahora están dispuestos a sacrificar una fila de resortes.  

La particular contabilidad de los supermercados les permite armar una martingala de ofertas, con descuentos de hasta el 80% en algunos productos, y anotarse gustosos en el régimen de administración de góndolas, que dominan “de taquito”, y ya transita el 3er. período consecutivo sin moverle el amperímetro hacia abajo a la inflación: los precios cuidados, esenciales, o como se los llame.

En presidente Alberto Fernández aludió hace poco a "la concentración de la economía" y señaló a sectores como la panificación, en el cual "el 80 % está en manos de un operador; en el sector lácteo, casi el 100 % está en manos de 2; en el sector cervecero, todo está en manos de 3 operadores".

A lo que, en el período precedente, la regulación estatal no sólo había hecho la vista gorda en pleno jolgorio de remarcaciones, sino que convalidó tales supremacías. 

Si al cabo de 2019, antes que empiece a sesionar un Consejo Económico y Social, muy posiblemente presidido por Roberto Lavagna, el IPC fue del 55%, desde el ministro de Hacienda y Finanzas, Martín Guzmán, para abajo, nadie da un centavo porque pueda bajar drásticamente en 2020.

En realidad, el piso de enero está en el 4% mensual, luego de un diciembre que viene algo por encima, y lo mejor que podría suceder sería que en el año ceda al 3,4%, de modo que de una proyección anualizada del 60% de arranque el primer año de Administración F-F cerraría en un 50%.  

De ahí al dígito que el nuevo ministro aspira como meta habrá que remarla con mucho sacrificio fiscal y poca emisión monetaria, una combinación virtuosa que no forma parte, precisamente, del punto fuerte argento.

El resultado de la gestión en curso, en todo caso, podrá ir midiéndose en cómo quedan los actores que empezaron peor posicionados, tales como los jubilados, asalariados del medio para abajo y los que chapucean en la precariedad social, no sólo por la evolución de lo que cobren, sino por el poder adquisitivo que les quede según cómo les peguen las tarifas, los impuestos y el agazapado dólar.