EXCLUSIVO 24

INFLACIÓN

Muy peligroso: Acecha el 'morenismo de buenos modales'

Se aproximan los 100 días iniciales de Alberto Fernández, y la tregua ha concluído. Peor aún: algunas municiones comienzan a impactar en la anatomía de la Administración. Una lástima porque sería relativamente sencillo (todavía) recuperar fuelle.

Empresas importantes del rubro Alimentación y Bebidas han comenzado a recibir la exigencia de cargar datos en una planilla Excel para la Secretaría de Comercio de la Nación con el desagregado de sus costos, una práctica tristemente famosa en los días del boxeador frustrado, Guillermo Moreno.

De paso: si el 'morenismo ortodoxo' o 'morenismo bruto' no logró impedir la estanflación, ¿por qué tendría mejor suerte el ' morenismo recatado' o 'morenismo de buenos modales'?

El dato no puede ser peor para el vínculo entre Gobierno y sector privado, que se está deteriorado en forma progresiva al acercarse los 100 días del mandato presidencial de Alberto Fernández, y que podría alcanzar una peligrosa velocidad luego del 31/03, considerado fecha clave para la deuda pública externa, según un caprichoso cronograma del Ejecutivo Nacional.

Entre la planilla Excel de los precios y el cronograma de la deuda existe una sugestiva coincidencia: son 2 expresiones de voluntarismo extremo que chocan estrepitosamente con la realidad.

La inflación no es un procedimiento administrativo y la renegociación de la deuda sí tiene procedimientos administrativos que vuelven el 31/03 una Misión Imposible. "Llamen a Tom Cruise", es un chascarrillo entre bonistas.

Urgente24 ya ha mencionado, y en varias ocasiones, que la anatomía de la inflación fue subestimada por el Presidente de la Nación al considerar que el tema central del país era el acuerdo con el FMI -en verdad básicamente un entendimiento fiscal-, y con los tenedores de los bonos emitidos por la Argentina, postergando decisiones mucho más importantes para el día-a-día de los agentes económicos.

Es tan inexplicable 

> pretender una baja de la inflación con la expansión monetaria presente, como 
> ambicionar que convivan una baja por decreto de la tasa de interés activa con la emisión de moneda vigente.

La inflación es la pérdida de valor del dinero, desequilibrio no resuelto por los políticos domésticos quienes debaten: 

> ¿Es una especulación o abuso empresarial?
> ¿Es una consecuencia monetaria?
> ¿Es producto de las expectativas?

Concretamente, la inflación es conflicto social latente, y es casi infantil apelar a una neutralidad de los precios fundamentada en que se suspendieron en forma temporaria los ajustes de las tarifas y el precio de los combustibles.

El Presidente se queja por la inflación pero nunca anticipó alguna política antiinflacionaria. Sí se ha quejado porque no se cumplieron sus expectativas no explicitadas previamente porque, en verdad, él sólo habló de solidaridad.

Al parecer, Fernández creyó que postergando aumentos bajaba la inflación, y bajando la tasa de interés provocaba la reactivación. En este escenario no importaría la continuidad y hasta aumento de la presión tributaria ni el ajuste salarial. Cada uno se llevaba lo suyo, y todos satisfechos. Similar a cuando Mauricio Macri creyó que porque él era Presidente, todos los empresarios 'romperían el chanchito' (fracaso del 1er. semestre de 2016 que frustró la promesa del 2do. semestre).

Esta cuestión lleva a otra: todos los políticos argentinos, no importa el partido, alientan la política monetaria expansiva como llave de la salida de la recesión. Ya ha fracaso pero se persiste sin fundamento.

En el caso de Alberto Fernández, necesita recrear las expectativas cuanto antes porque la economía argentina precisa de inversión directa en volúmenes abultados: gran parte de su capacidad instalada ya es obsoleta. Ni hablar de su infraestructura.

Hoy día podrían ejecutarse medidas más eficientes y menos costosas para mejorar las expectativas que lanzar más pesos a la calle. Sólo se precisa creatividad y audacia, sin ideologismos.

> Por ejemplo, intentar algún recorte sostenible del gasto público acompañado por alguna baja de la presión tributaria en los ítems más dañinos, permitiría recuperar una porción de la confianza que la comunidad de negocios ya ha perdido respecto de la Administración Fernández.

> Por ejemplo, despenalizar la libre compra/venta de mercaderías y servicios en dólares estadounidenses, lo que no equivale a un 'bimonetarismo', distendería muchas tensiones entre los agentes económicos y ayudaría a liberar dólares verdaderos.

> Por ejemplo, agilizar prácticas comerciales burocráticas e ineficientes que persisten en la economía argentina. 

Sin ir muy lejos, el ministro Martín Guzmán quiso comprar un vehículo 0 Km. para su uso personal, fue al local del concesionario y pretendió pagar y retirar la unidad, tal como sucede en USA, donde se puede 'llevarse puesto' el vehículo. Le explicaron que en la Argentina las prácticas comerciales impiden semejante automaticidad, y la entrega de la unidad lleva su tiempo aún cuando se encuentre 100% paga.

Guzmán no podía comprender el dislate pero lo aceptó. Mal hecho. El ministro, en su rol de ciudadano influyente, tendría que alentar la modificación necesaria para que en la Argentina se imiten las prácticas comerciales eficientes del mercado automotriz estadounidense. Algo así impactaría favorablemente.

La sociedad se encuentra necesitada de cambios, hambrienta de modificaciones y lo que le está cuestionando a la Administración Fernández es que no interpreta el reclamo, y se exhibe como guardián del odiado sistema vigente.

Esto fue muy evidente en la cuestión de las retenciones a la soja. La Administración Fernández tenía la posibilidad de realizar un ajuste inteligente ya que era irreversible tan discutible decisión política: gravar el poroto más que la harina, el aceite y el biocombustible, una señal compatible con lo vigente en el trigo.

Pero intervino el jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero, y le impuso al ministro del área una suba uniforme, lo que provocó:

> una devaluación de la autoridad del ministro, cuyo nombre ya carece de sentido memorizar;
> conceder un argumento a los más críticos del campo para escalar en su reclamo; y
> exhibir escaso conocimiento sobre cómo alentar el industrialismo y el valor agregado.

El horizonte de todo esto es la soledad que acecha a Alberto F., consecuencia de que tanto el ala izquierda del Frente de Todos como el ala derecha del FdT al igual todos quienes no integran el oficialismo, coinciden en un pedido homogéneo: más actividad económica, aún cuando discrepen en las herramientas a utilizar.

Todos saben que ni el acuerdo con el FMI ni la renegociación de la deuda pública provocarán en forma automática más negocios privados, que es lo que crea empleo genuino.

No alcanza con bajar la tasa de interés ni con emitir una Tarjeta Alimentaria. Si el Presidente no lo comprende será una alegría para Mauricio Macri: al fin, el muerto se reiría del degollado.