La IA está haciendo un desastre desinformativo monumental y lo que arrancó siendo una pavada terminó destapando un mecanismo bastante turbio y preocupante: fake news mezcladas con las redes sociales en una licuadora infernal donde cualquier cosa puede aparecer como verdadera, reciente y explosiva. Y cuando parece que ya no se puede caer más bajo, aparece otra vuelta de tuerca.
EL "AHORA" TRUCHO
El oscuro negocio que se esconde entre la IA y las redes sociales: ¿Quién lo frena?
La IA junto a las redes perjudican al usuario que se informa desde ahí. Lo viejo se recicla, se disfraza de urgente y hace negocio con la indignación.
El "AHORA" trucho: Reviven videos viejos en redes y la IA hace el resto
Después de la final del Mundial 2026, Chequeado midió algo que ya se veía venir: el algoritmo no premia lo nuevo sino lo que genera reacción. Y si algo genera bronca, mejor todavía. Total, si funcionó una vez, funcionará dos veces.
Así volvió a circular un video de Patricia Bullrich de mayo de 2025, cuando todavía era ministra, hablando de 15 mil hinchas que habían sido vetados del Mundial de Clubes. En X lo recortaron antes de la aclaración y lo hicieron pasar como una denuncia reciente de "argentinofobia" posterior a la final. El original estaba en YouTube, con fecha incluida. Pero había que buscarlo. Y buscarlo es demasiado trabajo para internet.
Después apareció Marco Trungelliti siendo abucheado en el Madrid Open de abril de 2026, varios meses antes del partido que supuestamente explicaba las imágenes. También volvieron insultos contra Lamine Yamal grabados en otra fecha y presentados como si hubieran ocurrido esa misma noche.
El mecanismo es bastante básico: agarrar algo viejo, sacarle la fecha y ponerle el sello de "último momento". Ahí entran cuentas como @TTendenciaX, una parodia que imita a @porqueTTarg, que ya habían mostrado el método durante la veda porteña de 2025: un Mauricio Macri generado con IA supuestamente "bajando" la candidatura de Silvia Lospennato. Clarín y Civic Compass midieron el alcance: 14 millones de usuarios. Para cuando X apareció con su cartelito de "contenido alterado por IA", el algoritmo ya había hecho lo importante: circular y juntar engagement.
Y hay más. Audios falsos con voces de dirigentes de Conmebol y FIFA "admitiendo" que un Mundial estaba arreglado, pegados sobre videos reales. El corte de Lisandro Martínez sin darle la mano a Donald Trump, recortado para que pareciera un gesto actual. Cadenas de WhatsApp de 2022 y 2023 sobre supuestos virus durante los festejos argentinos, recicladas como alerta sanitaria en Instagram.
Y cada tanto vuelve el infaltable "viejo inimputable", ese personaje que parece tener contrato fijo con internet y reaparece cada seis meses. Videos de hinchadas peleándose que no son de este ciclo. Imágenes viejas de shoppings repletos presentadas por los funcionarios del actual gobierno como actuales para desmentir la crisis económica. Fotos fuera de contexto. Todo sirve.
Porque en el feed la regla es: si genera bronca, funciona. Si además parece reciente, mejor.
Y afuera tampoco inventaron nada distinto. Durante la DANA en España circularon imágenes generadas con IA de Pedro Sánchez embarrado. El famoso Papa Francisco de fiesta, otro deepfake viejo, sigue apareciendo cada vez que alguien necesita un meme "actual".
En Argentina se agregó una variante más interesante: periodistas "fantasma", figuras que directamente no existen, como Manuel Godsin, Gabriel Di Taranto y otras firmas que aparecieron publicando en sitios locales, según las investigaciones sobre la red rusa relevadas por FOPEA y medios de investigación.
La IA ya no solamente copia una cara. Ahora también puede copiar una firma, inventar un periodista y ponerle nombre de señor que tranquilamente podría parecer verosímil.
El "lo vi en redes sociales" reemplazó a verificar la noticia
Acá aparece el problema que el periodismo profesional viene cargando solo. El medio hace el trabajo, pero las redes se llevan el clic y la IA se come el cadáver.
Google Gemini llegó incluso a afirmar que Urgente24 estaba dirigido por Roberto Navarro y que no tenía dueño claro. Era falso y verificable. Se denunció en su momento porque el problema no es únicamente que una IA se equivoque: es que puede presentar una burrada como si fuera palabra santa.
El chiste más oscuro de todos es que la máquina se alimenta de textos producidos por redacciones reales, utiliza ese contenido para responder preguntas y después las plataformas se quedan con buena parte de la audiencia que antes llegaba directamente a esos medios. Lo canibaliza si somos más gráficos.
Un informe de Sherlock Communications señaló que más de la mitad de los argentinos había visto fake news en aplicaciones de Meta. Durante la semana del Mundial, un analista citado por La Nación calculó 23,7 millones de posteos sobre Argentina en X, un 49% más que sobre España, el campeón.
Para fabricar ruido alcanza con algo muy sencillo: sembrar bronca y dejar que el algoritmo haga el resto. Además, X monetiza el engagement de determinadas cuentas verificadas. Así que reciclar un video viejo, ponerle una descripción incendiaria y esperar las respuestas indignadas no es un negocio complicado. Pero quien se informa solamente por redes pierde el sentido del tiempo.
Ya no sabe si Bullrich está hablando como ministra en 2025 o como dirigente en 2026. No sabe si el video corresponde a ayer, a la semana pasada o a hace un año. Tampoco sabe si quien aparece en un Reel es un periodista de carne y hueso o un avatar.
NewsGuard documentó cómo los sitios de propaganda rusa llegaron a inyectar millones de artículos en el ecosistema informativo que alimenta a los chatbots. Según su relevamiento, 6 de cada 10 modelos principales terminaron reproduciendo información proveniente de ese universo.
Como resultado (absurdo), la IA se alimenta de los medios que después ayuda a desplazar, mientras también se nutre de las redes sociales donde cualquier cosa puede volverse "información" con dos likes y una captura.
Y entonces pasa lo inevitable. El usuario dice: "Esto ya lo vi en Twitter". No. Viste un recorte. Quizás viste un video viejo, o una imagen generada por IA. Capaz que era una noticia verdadera, pero contada sin contexto. Y quizás viste todo eso mezclado en el mismo feed, uno abajo del otro, como si tuvieran exactamente el mismo valor.
Por eso el criterio sigue siendo mejor que cualquier algoritmo: abrir la nota original, mirar la fecha, revisar quién la publicó y preguntarse de dónde salió el video. Porque las plataformas no venden contexto sino atención.
Los medios hacen el trabajo, verifican, llaman fuentes y ponen periodistas a cubrir lo que pasa. Las redes se quedan con la mayor parte de la audiencia y la IA aparece al final, muy educada, con una respuesta de tres párrafos que resume todo como si fuera verdad.
Un negocio redondo. Para todos, menos para el que quiere enterarse de qué pasó realmente.
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