Boca ganó y ganó bien. El Xeneize venció por 3 a 1 a Belgrano, por la fecha 13 del Torneo Apertura. El equipo de Fernando Gago, aunque adeuda buen juego, junta victorias sobre el lomo a medida que avanza y eso, por ahora, trae tranquilidad.
TÁCTICO
La zona clave que Boca no aprovechó y podría haber fulminado a Belgrano
El partido entre Boca y Belgrano podría haber tenido otro curso si el Xeneize hubiera explotado mejor un espacio indefendible por el rival.
Fue una victoria trabajosa de Boca, que podría incluso haber comenzado perdiendo desde los 5 minutos del primer tiempo, cuando Belgrano convirtió un gol tempranero que luego fue anulado por offside.
El tanto anulado al Pirata fue el termómetro que marcó la temperatura con la que salió Boca a jugar en Alberdi. Poca intensidad, lentitud. Pocas ideas con la pelota y una sensación de ahogo a causa de la sintonía completamente diferente en la que estaba su rival.
Saltear la presión: entre las intenciones de Gago y las posibilidades de Boca
El equipo de Ricardo Zielinksi se plantó en su cancha decidido a cortarle los circuitos a Boca desde el comienzo. El Xeneize, acostumbrado a salir desde el fondo en conducción a través de Marcos Rojo o Rodrigo Battaglia, también con Milton Delgado, se vio maniatado por un Belgrano intenso que ejercía una presión alta eficiente.
El Xeneize se encontró con un panorama que, ya lo preveía, se iba a presentar así. Lo dejó claro el entrenador de Boca, Fernando Gago, cuando en conferencia de prensa post victoria declaró: "Sabíamos que en el fondo nos iban a apretar y por eso decidimos jugar más profundos y directos para tratar de evitar esa presión que nos iban a ejercer".
El Pirata planteó así las cosas. El DT eligió un camino para sortearlo. La pregunta es si ese camino era el más adecuado teniendo en cuenta las posibilidades que le ofrecen los futbolistas de jerarquía que tiene el equipo.
El entrenador volvió a apostar al doble 9, que por sus características eran una tentación. Dos postes con presencia y altura para ser la referencia en el ataque de un Boca que los buscaría siempre para saltear la presión de Belgrano. Así, también, se perdió de capitalizar una zona clave del partido que podría haber cambiado el curso del encuentro.
Desde el pase: el camino ideal para un Boca con jerarquía de sobra
Con la elección del juego directo, Gago se alejó de los pergaminos que siempre guiaron su forma de ver el fútbol y así alejó también a su equipo del estilo que, se suponía, intentaba imprimirle. Abandonó las ideas del pase corto, de la conducción en salida, de la sociedad entre los futbolistas de buen pie que tiene, del desequilibrio con la pelota.
¿Qué hubiese pasado si, para "evitar esa presión que iban a ejercer", las alternativas a encontrar iban en sintonía con esa dinámica, que es la que, además, al entrenador Xeneize más le gusta?
La defensa alta de Belgrano fue buena. Sus dos delanteros iban con los dos centrales del Xeneize, y los cuatro volantes cordobeses distribuían sus marcajes a Delgado, Belmonte y Zenón. Los laterales del local también hacían el esfuerzo de subir para tapar subidas de Blanco y Blondel.
Si los espacios no estaban allí, delante de las narices de los jugadores del Pirata, los espacios estaban detrás de ellos. La zona clave a explotar estaba a las espaldas de los volantes de Belgrano. Para encontrarlos era necesario velocidad, movimientos sin pelota y precisión en el pase. Y, claro, la disposición a girar rápido y lastimar a un rival en retroceso.
Las intenciones para ese planteo no estuvieron pero podrían haber estado, porque el equipo de Gago tenía (tiene) las condiciones necesarias: la conducción de Rojo o Battaglia para fijar rivales o filtrar un pase, Delgado como eje ya sea para distribuir como para atraer rivales, Belmonte como señuelo para llevarse consigo una marca. Zenón para ir y venir con su velocidad sin dar referencias, Blondel y Blanco con una doble función: comprimirse y tentar a los futbolistas del Pirata o punzar sus espaldas cuando existiese la posibilidad.
Estirar a Belgrano para romperlo por dentro
Estirar a Belgrano para romperlo por dentro. Aprovechar su deseo voraz de presionar alto para desnudar sus limitaciones. El fútbol es una sábana corta que ofrece posibilidades para capitalizar allí donde silba el frío.
El chileno Carlos Palacios decidió jugar al trote y donde más cómodo le quedara, pero bien podría haber aprovechado su rol de enganche suelto para ubicarse allí donde los espacios se abrieran. Quizás dos extremos, rápidos y gambeteadores, podrían haber explotado mejor los huecos antes que el doble 9 que quiso Gago. Un 9 (uno solo, Cavani) podría haber sido más que suficiente, con descensos efectivos que permitieran avanzar sin dejar rastros a los volantes del Pirata.
Fernando Gago siempre estuvo al tanto de estas posibilidades. Simplemente eligió otro camino, resignando pergaminos y una idea madre. Cambió juego y la complejidad que suponía llevar el plan a cabo, en pos de pragmatismo y sencillez. Hay momentos para darle cauce al estilo propio y momentos de trinchera. El entrenador Xeneize se inclinó por esta última.
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