Los cuatros jinetes del apocalipsis aparecen en la versión oficial del Fin de Todos los Tiempos, según la Biblia, pero existen otros textos sagrados, aunque no aceptados por el Catolicismo —llamados apócrifos—, que hablan de una visión distinta del final de la humanidad, así como del infierno, como los del apóstol Pedro, los cuales inspiraron la obra literaria de Dante Alighieri, La Divina Comedia.
APÓCRIFOS
San Pedro, el Infierno y el Apocalipsis: un lugar reservado para los corruptos
Los textos apócrifos que el catolicismo no legitimó incluyen una versión extraoficial de cómo son el cielo y el infierno, así como del Fin de Todos los Tiempos (Apocalipsis) y del infierno que vio San Pedro: los corruptos reciben su merecido.
Pedro, uno de los doce apóstoles, describió en el siglo II sus visiones sobre el cielo y el infierno, así como también detalló los castigos que reciben los pecadores después de la muerte terrenal, en particular aquellos que incurrieron en la soberbia, la lujuria y el homicidio. Retrató además aquello que sufren en la otra vida quienes abusan de su poder, cometen injusticias o explotan a otros, lo que puede interpretarse como una forma primitiva de corrupción.
Apocalipsis apócrifos: En el infierno que vio San Pedro están los corruptos
En el infierno que vio Pedro arden en llamas los jueces injustos, castigados por haber recibido sobornos o actuado sin justicia, así como también reciben su merecido quienes acumulan riquezas ilícitas y no ayudan a los necesitados. Asimismo, se condena con el martirio a los líderes religiosos o autoridades que engañan o manipulan al pueblo (los falsos profetas).
Dicho de otro modo, los pecadores que han incurrido en abuso de poder, enriquecimiento indebido e injusticia deliberada —formas de corrupción— son severamente castigados.
Castigos físicos según el pecado
Blasfemos (acasados de “camino de la justicia”):
“había allí gentes colgadas de la lengua… y bajo ellos ardía un fuego que les atormentaba.”
Quienes abandonaron la justicia:
“había un gran mar repleto de cieno ardiente… y ángeles les torturaban.”
Adúlteros:
“mujeres colgadas de sus cabellos sobre el hirviente barro… y los hombres… colgaban de los pies… y decían: ¡nunca imagináramos venir a este lugar!”
Asesinos y cómplices:
“los vi… arrojados a un lugar estrecho, lleno de ponzoñosos reptiles, y eran mordidos por estas bestias… encima de ellos había gusanos que semejaban nubes negras.”
Ricos insensibles (abandonaron a huérfanos y viudas):
“guijarros más puntiagudos que espadas… rodaban sobre ellos… estos eran los ricos que confiaban en sus riquezas y tenían sin piedad por los huérfanos y las viudas.”
Usureros:
“un lago… de brea y sangre y lodo burbujeando… estos eran los usureros y los que se interesaban por los intereses.”
Prácticas sexuales “contra naturaleza”:
“otros… arrojados desde un gran acantilado… no tuvieron descanso… estos fueron los que contaminaron sus cuerpos comportándose como mujeres, y las mujeres… como si fueran hombres con mujeres.”
Idólatras:
“junto al abismo… hombres que habían tallado… imágenes… suplantando a Dios… con varas de fuego… se golpeaban unos a otros… no cesaban de atormentarse.
Quienes abandonaron el camino de Dios:
“otros más cerca de ellos… ardiendo, revolviéndose y asándose: y éstos fueron los que dejaron el camino de Dios.”
Entonces, en el Apocalipsis de San Pedro, en varios pasajes del texto se evidencia que en el infierno se aplica un principio de justicia retributiva similar a la lex talionis (ley del talión): el castigo refleja el tipo de pecado. Por ejemplo, los blasfemos son colgados de la lengua, los usureros sumergidos en brea y sangre, y los adúlteros colgados por el pelo.
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