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Larry Fink, de zapatero a rey indiscutible de Wall Street

El director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, no era precisamente el "inteligente" de su familia pero su talento oculto lo convirtió en el rey de Wall Street.

focoCuriosa e interesante es la historia del director ejecutivo de BlackRock, Laurence Douglas Fink (o mejor conocido como Larry Fink), que de trabajar en la zapatería de su papá, pasó a convertirse en el rey indiscutible de Wall Street. Pero, como todo gran poder, además de conllevar una gran responsabilidad, también trae aparejado enemigos o "rivales" o personas que no les agrada tanto tu existencia y el nivel de influencia que puedas llegar a tener.

Fink nació el 2 de noviembre de 1952. Creció en Van Nuys, un barrio en el Valle de San Fernando de Los Ángeles. Su padre era dueño de una zapatería y su madre se desempañaba como profesora de inglés en el campus de Northridge de la Universidad Estatal de California.

El "inteligente", académicamente hablando, de la familia era su hermano mayor, por lo que Fink tuvo que ayudar en la zapatería de su papá.

Terminó estudiando una licenciatura en Ciencias Políticas en UCLA y algo aparte de economía básica. No hizo estudios de negocios hasta su último año, cuando, solo por capricho, se inscribió en algunas clases de posgrado en bienes raíces y, por así decirlo, parecía haber encontrado su nicho.

Sin embargo, el sueño de desarrollador inmobiliario se vino abajo luego de una Maestría en Administración de Empresas (MBA, en inglés) en la escuela de negocios de la UCLA. Fue en ese momento que Fink se acercó a Wall Street. Recibió varias ofertas de los principales bancos de inversión pero, desafortunadamente (o tal vez no tanto), falló en la entrevista final con Goldman Sachs, uno de los grupos de banca de inversión y de valores más grande del mundo.

Finalmente fue a First Boston, un banco de inversión estadounidense, donde empezó a trabajar en 1976. Debido a sus conocimientos en bienes raíces, lo posicionaron en el departamento de negocio de bonos. Su talento poco común lo llevó a convertirse, con tan solo 30 años, en el gerente ejecutivo del departamento más joven de la historia.

En 1986, Fink perdió repentinamente alrededor de USD100 millones cuando las tasas de interés cayeron inesperadamente y las coberturas que su equipo de trabajo había establecido para protegerse contra tal escenario fracasaron. A principios de 1988 renunció. Un dato clave es que algunos años antes, Fink se había hecho amigo de Ralph Schlosstein, un banquero de inversiones de Shearson Lehman Hutton - una serie de firmas de corretaje de inversión y minoristas.

El camino hacia el éxito

Días después, Fink buscó su agenda y se puso en contacto con Steve Schwarzman y Pete Peterson, dos ex banqueros de Lehman cuya firma, Blackstone, estaba en camino de convertirse en una estrella en ascenso de la industria del capital privado. Blackstone acordó albergar la nueva empresa de Fink en sus oficinas y financiarla con un préstamo de USD 5 millones, a cambio de una participación del 50%. Fink y Schlosstein nombraron a su nueva empresa Blackstone Financial Management (BFM).

Así fue como nació Aladdin: una "red de activos, pasivos, deudas e inversiones en derivados". La idea era trata de ganar clientes, tanto para un nuevo fondo de renta fija como para el servicio de tecnología de apoyo. Una solución vanguardista que ayudaría a las personAs a evitar una debacle como la que había sufrido Fink en First Boston.

BFM disfrutó de un fuerte comienzo, pero el camino terminaría en una ruptura dramática con Blackstone. Fink había atraído a muchas nuevas contrataciones ofreciendo porciones de capital, algo que gradualmente diluyó la propiedad de Blackstone y enfureció a Schwarzman.

Llegó el momento de brillar

Frustrado, Fink finalmente resolvió que BFM y Blackstone necesitaban divorciarse. Tuvieron que buscar un nuevo nombre: BlackRock.

En 1994, Blackstone finalmente vendió su participación en BlackRock por USD 240 millones a PNC Bank en Pittsburgh.

El negocio orientados a los bonos de BlackRock tuvo su auge cuando estalló la burbuja del mercado de valores de las puntocom y así logró atraer inversores que buscaban estabilidad y tarifas altas.

El primer acuerdo se dio en 2004, cuando BlackRock compró State Street Research, un administrador de fondos propiedad de la aseguradora MetLife. Pero el trato verdaderamente transformador llegó 2 años después.

En 2006, Fink se enteró que el nuevo director ejecutivo de Merrill Lynch - compañía estadounidense que ofrece servicios en el mercado de capitales, inversiones bancarias, asesoría consultiva, gestión de capital, gestión de activos, seguros y servicios de banca - , Stan O'Neal, estaba abierto a la idea de vender el extenso brazo de administración de dinero del banco de inversión.

Juntos, BlackRock y Merrill Lynch Investment Managers constituirían un coloso con casi USD 1 billón de activos bajo administración.

En 2008, la empresa superó el cao de la crisis de las hipotecas mucho mejor que otros grupos de inversión. En parte, gracias al crecimiento de su negocio de "Soluciones" - un grupo de asesoría financiera de bonos estructurados complejos -, que se había expandido mucho más allá de ofrecer Aladdin a clientes externos.

Todos, desde los rivales de Wall Street hasta los bancos centrales extranjeros y el propio gobierno de USA, gritaban por ayuda para analizar los valores tóxicos que casi habían derrumbado el sistema.

La llegada a la cima de Wall Street

Pero fue el acuerdo de 2009 para adquirir Barclays Global Investors (BGI) - el pionero de la estrategia de inversión indexada y el creador de la popular familia de fondos cotizados en bolsa (ETF) -, y el enorme crecimiento que siguió, lo que impulsó a Fink a la cima de Wall Street.

Su dominio se debe en gran parte a que BlackRock sobrealimenta la franquicia existente de fondos indexados de BGI: vehículos de inversión pasiva que simplemente rastrean un punto de referencia del mercado como el FTSE 100 o el S&P 500.

Hoy en día, los márgenes de beneficio de BlackRock son más amplios que los de Apple o Google.

BlackRock, Vanguard y State Street son los mayores proveedores mundiales de vehículos de inversión pasivos de seguimiento de índices, ya sean fondos mutuos tradicionales que abrazan los índices de referencia o ETF que se pueden comprar y vender durante todo el día. El cambio inexorable hacia dichos fondos ha dado a los llamados "Tres Grandes" una enorme influencia de la industria en muchas salas de juntas corporativas.

Sin embargo, en la práctica existe un duopolio emergente: con BlackRock trasladando el peso a Vanguard.

Todo poder conlleva responsabilidad y críticas

Las ayudas de BlackRock al Tesoro de USA y la Reserva Federal para resolver el casos de la crisis financiera provocaron algunas quejas sobre la cercanía de la compañía al poder.

A principios del 2020, Fink anunció que BlackRock pondría la sostenibilidad en el centro de sus decisiones de inversión, adoptando la tendencia de la industria de tener en cuenta los problemas medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Esto recibió críticas de la izquierda, quien sostenía que era solo marketing. Mientras la derecha también lo convirtió en un objetivo.

Son muchos lo que hablan de la creciente influencia de BlackRock.

Una gran cantidad de exfuncionarios del gobierno trabajan en la compañía, y otros se fueron a trabajar en la administración del actual presidente Joe Biden. Para algunos críticos, BlackRock es el nuevo Goldman Sachs, el banco de inversión que alguna vez fue tan influyente que a veces fue etiquetado como "Government Sachs".

Fink deberá mirar cómo está cambiando el mundo y hacer malabarismos con una serie de desafíos que van desde desde las crecientes tensiones entre USA y China hasta el cambio climático y el panorama sociopolítico estadounidense cada vez más polarizado.

FUENTE: Financial Times

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