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05/09 - EMBLEMA CULTURAL

100 años del Teatro Nacional Cervantes, el sueño la Guerrero

100 años, 1 siglo del emblemático edificio de Córdoba y Libertad, el Teatro Nacional Cervantes, la obra de María Guerrero.

  • un acontecimiento cultural y social que convocó a artistas, intelectuales, políticos y, a la alta sociedad de principios de siglo; y
  • la cristalización del sueño más anhelado de la actriz española María Guerrero y de su esposo Fernando Díaz de Mendoza, matrimonio que empeñó su energía y su fortuna personal para concretar el proyecto de construir en la Ciudad de Buenos Aires el estupendo coliseo.

Actriz, directora de escena, maestra de artistas y musa inspiradora de los dramaturgos de su tiempo, María Guerrero llegó a Buenos Aires en 1897, encabezando la compañía que dirigía con su esposo.

Ella tenía 30 años y un nombre que se asociaba con la renovación del arte dramático y escénico de España.

María Guerrero renovó el teatro español, acostumbrado hasta aquel momento a los telones pintados y a un vestuario adquirido en las proximidades del Rastro.

La Compañía Guerrero - Díaz de Mendoza, también llamada Compañía del Teatro de la Princesa de Madrid, consolidó su prestigio en Buenos Aires.

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La trastienda

Durante la primera década del siglo XX, el hoy desaparecido Teatro Odeón esperaba cada año a la Guerrero para la presentación del amplio repertorio que ya sabía de los aplausos del público español.

Jacinto Benavente, Eduardo Marquina, los hermanos Quintero, Ortega Munilla, y, por supuesto los clásicos Calderón, Tirso de Molina, Rojas, Ventura de la Vega, eran los autores preferidos de la actriz.

Los diarios y las revistas de la época no dejaban de elogiar las presentaciones de María Guerrero:

Las temporadas del Odeón constituyen uno de los acontecimientos salientes -y más cariñosamente esperados- de la vida invernal de la metrópoli… No sólo en el teatro, sino también en los salones y en las tertulias selectas de nuestro mundo social, se acogen y celebran íntimamente los rasgos ya familiares de la gentil artista: su conversación espiritual, su gracia tan castellana, su porte distinguido, en suma, su cultura de elevado gusto. Las temporadas del Odeón constituyen uno de los acontecimientos salientes -y más cariñosamente esperados- de la vida invernal de la metrópoli… No sólo en el teatro, sino también en los salones y en las tertulias selectas de nuestro mundo social, se acogen y celebran íntimamente los rasgos ya familiares de la gentil artista: su conversación espiritual, su gracia tan castellana, su porte distinguido, en suma, su cultura de elevado gusto.

En 1918, los diarios anunciaron la construcción del teatro de los esposos Guerrero-Díaz de Mendoza en el terreno de la esquina de Libertad y Córdoba.

Ambos actores se lanzaron a la empresa con pocos recursos, pero comprometiendo hasta a la Corona de España. Tanto se entusiasmó el rey Alfonso XIII con este proyecto alta tribuna del arte y el idioma castellano, que adhirió a su realización y ordenó que todos los buques de carga españoles de su gobierno que llegasen al puerto de Buenos Aires, debían transportar los elementos artísticos indispensables para el Cervantes.

10 ciudades españolas trabajaron para el proyecto. Por ejemplo:

  • de Valencia, azulejos y damascos;
  • de Tarragona, las losetas rojas para el piso;
  • de Ronda, las puertas de los palcos copiadas de una vieja sacristía;
  • de Sevilla, las butacas del patio, bargueños, espejos, bancos, rejas, herrajes, azulejos;
  • de Lucena, candiles, lámparas, faroles;
  • de Barcelona, la pintura al fresco para el techo del teatro,
  • de Madrid, los cortinados, tapices y el telón de boca, una obra de tapicería que representaba el escudo de armas de la Ciudad de Buenos Aires bordado en seda y oro.

El diseño y la ejecución de las obras estuvo a cargo del estudio arquitectónico Aranda y Repetto quienes, junto con la Guerrero, estuvieron de acuerdo para que la fachada del edificio reprodujera a la de la Universidad de Alcalá de Henares: estilo renacentista y columnas platerescas.

La construcción y ornamentación del Cervantes demandó 700 personas entre operarios y artistas, todo ideado, corregido y modificado por María Guerrero.

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El estreno

El 5 de setiembre de 1921 se inauguró con la señora Guerrero interpretando 'La dama boba', de Lope de Vega.

María Guerrero no aceptó las reiteradas sugerencias de bautizarlo con su nombre.

Los altos costos de mantenimiento y la impericia de Fernando Díaz de Mendoza en el manejo administrativo derivaron en un fuerte endeudamiento.

En 1926, cuando la deuda alcanzó una suma millonaria, los agobiados esposos tuvieron que rematar el edificio en subasta pública.

Entre los amigos dilectos de María y Fernando se destacaba el autor argentino Enrique García Velloso. Se habían conocido en 1897. Fue la intervención de García Velloso lo que permitió que el Teatro Cervantes pasara al patrimonio nacional.

Marcelo Torcuato de Alvear

Por decreto de julio de 1924, el entonces presidente de la República, Marcelo Torcuato de Alvear, creó el Conservatorio Nacional de Música y Declamación.

Al año siguiente, la Comisión Nacional de Bellas Artes estudió la forma de dar al país un teatro oficial que fuera también el escenario lógico de los futuros estudiantes del Conservatorio.

Para cristalizar el proyecto, García Velloso, en su carácter de vicedirector del Conservatorio y consejero del citado organismo, planteó la posibilidad de lograr de inmediato el edificio para el teatro oficial, revelando la situación económica que atravesaban los propietarios del Cervantes:

Todos ustedes conocen esta soberbia casa de arte y todos están al cabo de las desventuras financieras que, desde antes de su terminación, pesaron sobre sus ilustres iniciadores y propietarios. El Teatro Cervantes está perdido para ellos. De un momento a otro se producirá el ‘crack’ definitivo, y pensando dolorosamente que el magnífico teatro pase a manos mercenarias, aconsejo al gobierno nacional su rápida adquisición y su entrega a la Comisión de Bellas Artes. Todos ustedes conocen esta soberbia casa de arte y todos están al cabo de las desventuras financieras que, desde antes de su terminación, pesaron sobre sus ilustres iniciadores y propietarios. El Teatro Cervantes está perdido para ellos. De un momento a otro se producirá el ‘crack’ definitivo, y pensando dolorosamente que el magnífico teatro pase a manos mercenarias, aconsejo al gobierno nacional su rápida adquisición y su entrega a la Comisión de Bellas Artes.

Sus fundamentos entusiasmaron al presidente Alvear, quien dispuso que el Banco de la Nación adquiriese el teatro de María Guerrero.

En 1933 se dispuso por ley la creación del Teatro Nacional de la Comedia y se destinó para su funcionamiento el Teatro Cervantes, bajo la autoridad de la Comisión Nacional de Cultura creada, a su vez, por la misma ley.

Pasaron 2 años hasta que el objetivo se concretó: Matías Sánchez Sorondo, presidente de la Comisión Nacional de Cultura, le encomendó al actor y director Antonio Cunill Cabanellas la organización y dirección de la Comedia, piedra fundamental de uno de los mayores acontecimientos de la historia del Teatro Nacional.

Se creó un taller de realización escenográfica y uno de vestuario en los cuales se realizaron todos los diseños aprobados para los espectáculos.

Se designó una Comisión de Lectura integrada por José González Castillo, Enrique García Velloso, Leopoldo Marechal y el mismo Cunill, entre otros, con la idea de que no es posible un teatro nacional sin la presencia de un gran número de autores nacionales de calidad.

El debut

El debut de la Comedia ocurrió el 24 de abril de 1936 con el ya entonces clásico 'Locos de Verano', de Gregorio de Laferrére.

Para decirlo en pocas líneas, los rasgos fundamentales que caracterizaron la gestión de Cunill en la Comedia Nacional fueron:

  1. Elevado nivel artístico de los espectáculos.
  2. El equipo de actrices, actores, escenógrafos, músicos, etc.
  3. Fuerte apoyo a jóvenes autores nacionales.

A la vez, Cunill

  • fundó el actual Instituto Nacional de Estudios de Teatro,
  • inauguró un Museo de Teatro en el ala derecha del hall de ingreso al Cervantes, y
  • sentó las bases del Archivo Teatral y de la Biblioteca del Instituto.

En 1941 Cunill Cabanellas renunció a la Comedia Nacional, quizás enfrentado con una Comisión Asesora del Teatro Cervantes, creada por la Comisión Nacional de Cultura a cargo de Gustavo Martínez Zuviría, que pretendía controlar su gestión.

Los fulgores de la Comedia continuaron por un tiempo bajo las sucesivas direcciones de Armando Discépolo, Elías Alippi y Enrique De Rosas, quienes cerraron un quinquenio de oro en la trayectoria del espectáculo teatral argentino.

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La Comedia Argentina

El 14/08/1956, el ministro de Educación y Justicia de la Nación, Carlos Adrogué, anunció la creación de la Comedia Argentina que comenzaría a funcionar en la sala del Teatro Cervantes.

Orestes Caviglia fue el director del Teatro Nacional Cervantes:

Al elenco estable se unirá un laboratorio taller, en el que aparte de dictarse cursos de gimnasia plástica y rítmica, improvisación, dicción, foniatría y recitación coral, se plasmará el estilo propio de la casa, el matiz diferencial del conjunto. Los integrantes verán así prolongado su trabajo escénico en ese centro vivo de enseñanza que les estará reservado. Se ha previsto, agregó, la participación de delegados de los actores, directores, escenotécnicos y asesores literarios en el Consejo que presidirá el trabajo. La Comedia Nacional Argentina será cauce de vocaciones, pero no instrumento de vanidades; por ello, se ha prescindido de las estrellas y se busca que el actor esté al servicio del teatro. Al elenco estable se unirá un laboratorio taller, en el que aparte de dictarse cursos de gimnasia plástica y rítmica, improvisación, dicción, foniatría y recitación coral, se plasmará el estilo propio de la casa, el matiz diferencial del conjunto. Los integrantes verán así prolongado su trabajo escénico en ese centro vivo de enseñanza que les estará reservado. Se ha previsto, agregó, la participación de delegados de los actores, directores, escenotécnicos y asesores literarios en el Consejo que presidirá el trabajo. La Comedia Nacional Argentina será cauce de vocaciones, pero no instrumento de vanidades; por ello, se ha prescindido de las estrellas y se busca que el actor esté al servicio del teatro.

El 5 de octubre de 1956 fue el estreno con 'Facundo en la ciudadela', de Vicente Barbieri.

Caviglia llegó a concretar la formación de una compañía homogénea y la difusión de un calificado repertorio. Se estrenaron entre muchas otras obras:

Luego llegó Narciso Ibáñez Menta, con la idea de giras por el interior del país por cuenta de un segundo elenco estable.

Durante ese año, el Cervantes recibió la visita de calificados elencos extranjeros e inició la temporada 1961 con 'El burlador de Sevilla', de Tirso de Molina.

Pero el 10/06/1961, al día siguiente de la actuación de la compañía Théatre Francaise, encabezada por Madelaine Renaud y Jean Louis Barrault, ocurrió el incendio del Cervantes.

Durante el tiempo en que se prolongó la reconstrucción del Teatro, la Comedia Argentina realizó sus representaciones en el teatro Municipal General San Martín, en la sala Regina de la Casa del Teatro, y en el teatro Argentino.

Si bien la pérdida no fue total porque el secretario técnico Víctor Roo accionó el telón de seguridad, los daños fueron muy grandes.

La reconstrucción fue en una superficie de 10.000 m2 y el Teatro Cervantes se reabrió en 1968.

Ya era otro país, muchos vaivenes políticos y una decadencia económica y cultural. Hoy día, tiempos complicados para los proyectos culturales presenciales, se hace lo que se puede, en buen romance. Queda el recuerdo de aquel pasado que comenzó con María Guerrero.

FUENTE: Urgente24

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