El cierre de la planta de Adient, la empresa estadounidense que fabricaba butacas para General Motors en Argentina, volvió a encender las alarmas sobre el deterioro industrial que atraviesa el país. La compañía decidió bajar definitivamente las persianas y despedir a todo su personal, en otro golpe para una cadena autopartista que ya acumula miles de puestos de trabajo perdidos.
INDUSTRIA EN RIESGO
General Motors: Cierra planta de autopartes clave y quedan todos desempleados
La planta de Adient, proveedora de General Motors, cierra sus puertas y despide a sus 70 empleados, exponiendo la fragilidad industrial ante las importaciones.
Detrás de esta decisión aparece un problema estructural que el Gobierno nacional insiste en minimizar: la creciente fragilidad de la producción industrial frente a la apertura importadora, la caída del consumo y la falta de políticas de protección para el entramado manufacturero argentino.
La crisis del sector autopartista en Argentina
Mientras el presidente Javier Milei celebra indicadores financieros y la desaceleración inflacionaria, la economía real muestra otra cara. En las fábricas, especialmente en el sector metalúrgico y autopartista, la situación es crítica.
Según datos de AFAC, el empleo autopartista cayó de 53.700 puestos en 2024 a menos de 50.000 en 2025, una contracción del 7,7% en apenas un año.
El caso de Adient expone además el impacto que tiene la política económica sobre las pequeñas y medianas empresas proveedoras de las terminales automotrices. Con importaciones cada vez más baratas y una producción local debilitada, muchas compañías ya no logran competir.
El propio sector denunció que la entrada masiva de autopartes asiáticas está desplazando a la fabricación nacional y destruyendo empleo calificado, según publicó Infobae.
Adient tenía problemas de recortes desde 2019, cuando bajó de 200 a 70 trabajadores. Ahora esos 70 empleados se quedarán sin trabajo, según el mismo medio. La empresa comunicó a General Motors que ahora operará desde Brasil. GM ya informó que no tendrá problemas con el suministro de butacas, por lo que esta decisión no afectará su operación en Argentina.
Apertura con costos
Paradójicamente, el Gobierno sostiene un discurso de “modernización” y “competitividad”, pero en la práctica el ajuste recae sobre la industria local. La apertura comercial sin planificación genera un escenario desigual.
Las empresas argentinas deben afrontar costos financieros altísimos, tarifas dolarizadas y presión impositiva, mientras compiten contra productos importados producidos en economías con escalas mucho mayores y fuerte respaldo estatal, como es el caso chino.
La consecuencia es visible. La industria metalúrgica volvió a caer en abril y opera en uno de sus peores niveles históricos. ADIMRA advirtió que la demanda permanece deprimida y que muchas empresas atraviesan una situación límite, con márgenes destruidos y perspectivas negativas para el empleo.
La combinación de apertura de importaciones para bienes que se fabrican con bajo costo sumado a la presión fiscal que sufren las automotrices en Argentina es un combo perfecto para perjudicar a la ya golpeada industria local.
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