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BCRA EN PROBLEMAS

El oro de los argentinos: US$ 1.000 millones perdidos y demasiadas preguntas sin respuesta

¿Por qué el BCRA realizó operaciones financieras con un activo estratégico del país? ¿Cuánto nos costaron esos errores? ¿Dónde está realmente nuestro oro?

La Argentina tiene una larga historia de dificultades económicas, pérdida del valor de su moneda y escasez de reservas internacionales. Por eso, resulta difícil comprender que el BCRA haya realizado operaciones financieras con sus reservas de oro que, según la Auditoría General de la Nación (AGN), provocaron pérdidas por US$ 1.023 millones durante 2025.

No estamos hablando de una inversión privada ni del dinero de un fondo financiero. Estamos hablando de reservas que pertenecen al Estado argentino y que constituyen parte del respaldo patrimonial de nuestra moneda y de la estabilidad económica del país.

El oro que posee el Banco Central no está allí por casualidad. Integra las reservas internacionales junto con las divisas y otros activos externos. Su función es fortalecer la posición financiera de la institución, diversificar sus activos y contribuir a la confianza en la economía argentina.

Precisamente por esa importancia, su administración debería responder a principios de prudencia, seguridad y transparencia.

Una operación que merece explicaciones

¿Qué hizo el Banco Central?

Contrató instrumentos financieros para protegerse ante una eventual caída del precio internacional del oro. Una especie de seguro que podía compensar pérdidas si el metal bajaba de valor, pero que también podía generar costos si su cotización aumentaba.

Y ocurrió esto último.

Durante 2025, el precio del oro aumentó casi un 65%. Mientras el metal se valorizaba en los mercados internacionales, las operaciones financieras realizadas por el Banco Central generaron pérdidas por US$ 1.023 millones.

El presidente del BCRA, Santiago Bausili, respondió que, considerando el aumento del valor del oro, la institución obtuvo una ganancia neta de US$ 2.505 millones.

Pero esta explicación elude una cuestión fundamental.

El oro aumentó de valor por su cotización internacional, no por las decisiones de las autoridades del Banco Central.

La ganancia patrimonial se habría producido igualmente si el oro hubiera permanecido en las bóvedas de la institución y no se hubieran contratado esas operaciones.

En ese escenario, se habrían evitado los costos de las coberturas, aunque también se habría mantenido el riesgo de sufrir pérdidas si el precio del metal bajaba.

Entonces, la pregunta es inevitable:

¿Por qué se decidió comprometer el 100% de las tenencias de oro en operaciones de cobertura que terminaron reduciendo una ganancia que el mercado internacional estaba generando?

El Banco Central tiene derecho a administrar sus reservas y utilizar instrumentos de protección financiera. Pero también tiene la obligación de explicar por qué eligió determinada estrategia y qué alternativas consideró.

¿Dónde está el oro de los argentinos?

Existe otro interrogante que todavía necesita una respuesta suficientemente clara.

  • En 2024, el Banco Central trasladó parte de sus reservas de oro al exterior.
  • En septiembre de 2026, Santiago Bausili informó ante el Senado que ese oro estaba depositado en el Banco de Pagos Internacionales (BIS), con sede en Suiza.
  • Sin embargo, surgieron cuestionamientos acerca de si los lingotes se encuentran físicamente en Londres, bajo custodia del Banco de Inglaterra, aunque registrados en una cuenta del BIS.

La diferencia no es menor.

Una cosa es la institución que administra una cuenta y otra, el lugar donde efectivamente están depositados los lingotes.

El Banco Central argumenta razones de seguridad y confidencialidad para restringir información sobre las reservas. Es comprensible que determinados datos requieran reserva. Lo que no resulta suficiente es que esa confidencialidad impida esclarecer quién custodia los activos, bajo qué condiciones y si se encuentran plenamente disponibles.

La AGN desarrolla una auditoría específica sobre el traslado del oro. Sus conclusiones serán fundamentales para conocer qué ocurrió y cuáles fueron las condiciones de esas operaciones.

El Banco Central no es un fondo de inversión

El Banco Central tiene una responsabilidad que va mucho más allá de obtener rendimientos financieros.

Administra activos estratégicos de un país que históricamente ha sufrido crisis cambiarias, inflación y dificultades para sostener el valor de su moneda.

Por eso, el verdadero problema no es solamente que una operación haya resultado negativa.

Lo preocupante es que, en un país necesitado de dólares, se hayan realizado operaciones que exigieron pagos por más de US$ 1.000 millones, mientras las autoridades destacan las ganancias contables obtenidas por la suba del oro.

Una ganancia por valorización no equivale necesariamente a tener más dólares disponibles.

Esta distinción debería estar en el centro de cualquier explicación oficial.

El patrimonio de los argentinos exige transparencia

La Auditoría General de la Nación aprobó los estados contables de 2025, pero señaló expresamente las pérdidas derivadas de las operaciones con oro.

Esto no demuestra, por sí mismo, que las operaciones hayan sido ilegales o que sus autoridades hayan actuado incorrectamente. Pero sí plantea la necesidad de evaluar si la estrategia elegida fue razonable y si el costo de la cobertura se justificaba. Esto no demuestra, por sí mismo, que las operaciones hayan sido ilegales o que sus autoridades hayan actuado incorrectamente. Pero sí plantea la necesidad de evaluar si la estrategia elegida fue razonable y si el costo de la cobertura se justificaba.

El Gobierno no puede dar por terminada la discusión mostrando un balance positivo.

Debe explicar por qué asumió esos riesgos, qué entidades financieras participaron, qué costos se pagaron y cuáles fueron los beneficios concretos para el país.

Y debe esclarecer definitivamente las condiciones de custodia y disponibilidad del oro enviado al exterior.

Porque las reservas internacionales no pertenecen al presidente del Banco Central ni al gobierno de turno. Son activos del Estado argentino.

La pregunta que queda pendiente es tan sencilla como trascendente: si el oro de los argentinos habría aumentado igualmente de valor sin esas operaciones, ¿qué ganó realmente el país con las decisiones que tomó el Banco Central?

Hasta que esa pregunta tenga una respuesta convincente, los US$ 1.000 millones perdidos seguirán siendo mucho más que una discusión contable.

Serán un interrogante sobre cómo se administran los recursos que deben contribuir a proteger nuestra moneda y el futuro económico de los argentinos.

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FUENTE: Urgente24