CÓRDOBA. Argentina parece un país con las prioridades desordenadas. En medio de una crisis económica y social galopante, el Gobierno nacional se alegró de comunicar la continuidad del proyecto Tronador II, que comprende el desarrollo de un lanzador espacial de satélites con el que el país podría poner en órbita aparatos propios sin la necesidad de acudir a otras naciones como hasta ahora.
El plan, que es único en Latinoamérica, apunta que en 2030 el desarrollo conjunto entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y VENG (empresa del Estado) logre poner en órbita satélites propios. La continuidad del proyecto fue anunciada por Alberto Fernández, quien visitó esta semana las instalaciones de la CONAE en Córdoba.
Desde allí, el presidente firmó el contrato con ambas compañías para continuar con Tronador II, que se encuentra en una segunda etapa de desarrollo. En este caso, la inversión sería de 9.730 millones de pesos (aproximadamente USD 62 millones), destinados al desarrollo de un prototipo del lanzador Tronador II 70 y de la infraestructura auxiliar prioritaria.
En 2014, Argentina lanzó Tronador, el primer prototipo que tuvo un infructuoso vuelo de pocos segundos. Sin embargo, esa experiencia sirvió para corregir errores de diseño en toda la aeronave.
Cabe destacar que el lanzador no es tripulado, y se diseñó para ser impulsado por tres motores. Además, tendría una capacidad de carga hasta la órbita de unos 500 kilos en su versión 250.
La finalidad orgánica de Tronador II es evitarle al Estado el gasto operativo que hoy significa lanzar un satélite desde otro país. Cada kilo de material que se lanza al espacio cuesta, en promedio, unos 40 mil dólares.
Así mismo, Argentina tendría capacidad de proveer ese servicio a otros países de la región que no cuentan con la tecnología, ni el personal capacitado para hacerlo. Aunque es imposible estimar en cuánto tiempo podría retornar la inversión.
Desde el Gobierno nacional señalan que la disposición de ese dinero con el fin del desarrollo espacial dará trabajo a cientos de personas de industrias afines que provén al proyecto. Y que se desarrollarán otras empresas que intentarán aportar a la demanda que genere Tronador II.
La base espacial de lanzamiento estaría ubicada en Bahía Blanca, bajo el nombre de Base Espacial General Manuel Belgrano. “Invertir en educación, en ciencia y tecnología es invertir en el futuro. Estamos logrando más soberanía, ser más dueños de nuestra tecnología, y estamos logrando pensar en que más información satelital nos permita generar mejores condiciones de vida acá, en nuestra tierra”, señaló Alberto Fernández.
Claro está, la polémica se cierne sobre la erogación estatal para un proyecto como el de Tronador II en medio de una crisis económica que paraliza hasta los puntos más básicos y vulnerables de la sociedad argentina. Por supuesto que el desarrollo tecnológico y educativo son invaluables requisitos para que las naciones crezcan, sin embargo hay necesidades anteriores que, de no ser solucionadas al menos simultáneamente, no permitirán la plena explotación de las capacidades nacionales.
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