Un informe de inteligencia de la fuerza pública revela que el Tren de Aragua alista una fuerte ofensiva en Colombia y mantiene su expansión regional a pesar de la muerte de su máximo líder, el Niño Guerrero, informó recientemente Semana.
A REY MUERTO, REY PUESTO
Alerta: El Tren de Aragua muta tras la caída de Niño Guerrero
La baja de Niño Guerrero por fuerzas de USA sacude la pirámide de la banda, que reactiva la violencia en Bogotá y consolida redes de lavado
La eliminación de Héctor Rusthenford Guerrero, alias Niño Guerrero, sacude el tablero del crimen organizado en América Latina. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que el Comando Sur ejecutó un ataque letal en el estado venezolano de Bolívar para neutralizar al jefe de la organización criminal. Sin embargo, la pérdida de su cabeza central no frena las operaciones de una estructura que demuestra una alta capacidad de adaptación en el continente.
La organización nació en 2009 en el estado de Aragua con antiguos operarios sindicales del sector ferroviario ante la falta de empleo y los reiterados incumplimientos del régimen de Hugo Chávez. El grupo diversificó sus actividades desde la extorsión inicial hasta transformarse en una corporación delictiva trasnacional, aprovechando los flujos de la tercera ola migratoria venezolana a partir de 2018 para establecer células operativas estables en diferentes países de la región.
La disputa por los mercados en Bogotá
En Colombia, el documento de la fuerza pública advierte sobre la inminente reactivación de los enfrentamientos armados en la capital del país. La banda ingresó originalmente a Bogotá mediante una alianza con la organización local Los Camilos, dedicada a monopolizar el microtráfico en las zonas de Bosa y Kennedy. Tras la desarticulación de ese grupo por parte de la Policía en 2022, la facción venezolana absorbió el control total del territorio y desplegó un portafolio criminal complejo.
La jefatura en la ciudad responde a los lineamientos de alias Giovanni, quien operaba en coordinación con Niño Guerrero y delegaba la ejecución local en alias Osmer, actualmente recluido en la cárcel de La Dorada. La policía señala que el Tren de Aragua busca asegurar el control absoluto de la distribución de estupefacientes en los barrios El Amparo, Chucua de la Vaca, Llano Grande y María Paz, áreas linderas a la central de abastos Corabastos, donde ingresan cargamentos ocultos en camiones de carga desde el suroccidente del país.
Esta ofensiva territorial desatará disputas directas con bandas rivales activas en la zona, como los grupos denominados Caucanos y Hades. El control de las redes locales y la distribución de estupefacientes en sectores como San Bernardino y Villa Ema queda bajo la gestión de alias Zancudo, mientras que la organización consolida un esquema de extorsión sistemática que afecta a comerciantes, bicitaxistas, locales nocturnos y trabajadoras sexuales con exigencias de pagos diarios y semanales.
La expansión en Chile y el reemplazo en la cúpula
El impacto de la megabanda afecta con similar gravedad a Chile, donde la Fiscalía General constató su ingreso entre los años 2018 y 2019, logrando presencia actual en catorce de las dieciséis regiones del país andino. La llegada de la organización transformó los indicadores delictivos locales mediante la introducción de modalidades como los secuestros extorsivos, la trata de personas con fines de explotación sexual y el tráfico ilegal de migrantes en las zonas fronterizas del norte.
Las autoridades judiciales chilenas destacan que los golpes operativos no logran desmantelar la estructura debido a su dinámica de reemplazo de mandos. El procedimiento más importante del último periodo, denominado Operación Tokio, permitió la captura de diecisiete personas integradas a redes de lavado de activos, incluidos dos ejecutivos bancarios, vinculados a maniobras financieras que superan los 85 millones de dólares.
La reorganización del poder del Tren de Aragua se concentra ahora en los dos principales jerarcas que permanecen prófugos y bajo pedido de captura del FBI. El control estratégico de la organización queda en manos de Yohan José Romero, alias Petrica, segundo al mando y responsable de la explotación de yacimientos de oro en la frontera venezolana, y de Giovanny Vicente Mosquera, alias El Viejo, encargado de coordinar los envíos de estupefacientes hacia Norteamérica. Ambos coordinan la línea piramidal que sostiene el funcionamiento de las células regionales.
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