Denuncia publicada hoy lunes 4 por www.eldiariodelarepublica.com/, de la ciudad de San Luis:
Cuando el país no alcanza a salir del asombro y la estupefacción a raíz de las denuncias de corrupción de menores y abuso deshonesto que pesan sobre el padre Julio César Grassi, un hecho que puede encuadrarse en características similares sacude hoy a la Diócesis de San Luis.
El hecho, como suele suceder en este tipo de casos, se remonta a varios años atrás y surge ahora en razón que el denunciante, luego de largos años de calvario y sufrimiento, se anima ha hacerlo público y afrontar sus consecuencias. La denuncia plantea ademas una gravedad mayor para la Diócesis de San Luis ya que no solo involucra a un sacerdote muy conocido y de amplia trayectoria, sino que afecta a la propia cúpula del Obispado de San Luis, tanto pasada como actual ya que se han llevado a cabo maniobras para ocultar el episodio, que reúne todas las características de un acto delictivo. Será entonces la Justicia la que deberá determinar las responsabilidades que le caben a cada uno de los actores de esta historia.
R.R. (Se reserva la identidad por expreso pedido del entrevistado pero obran en poder del medio todas las acreditaciones correspondientes) tiene 32 años, vive en Buenos Aires y trabaja en una empresa de servicios tecnológicos.
En 1988 llegó a Villa Mercedes con penas 17 años en busca de trabajo, terminar sus estudios secundarios y con una pronunciada vocación religiosa. Allí conoció al padre Juan Ignacio Marín, a la sazón cura párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. En su relato R.R. sostiene que el cura párroco le ofreció en aquel entonces que se alojara en las instalaciones que la Parroquia de la Merced tiene en su parte posterior y donde vivían ademas del sacerdote, otro cura y varios jóvenes a los que se daba comida y alojamiento. Allí el joven bonaerense encontró la contención y el ambiente familiar del que carecía por no conocer a nadie en San Luis. Sus padres, a los que comunicó la novedad, quedaron conformes y tranquilos de que se alojara en la parroquia y en compañía de sacerdotes.
Poco tardó en comprender que ese lugar que creia un remanso de tranquilidad, paz y apoyo se convertiría en su peor pesadilla. Aun hoy arrastra las consecuencias de lo que vivió en aquellas semanas en Villa Mercedes. R.R. se convertiría en una víctima de la situación. Allí bajo la sutil presión de perder los privilegios y la contención de que gozaba debió sucumbir a los deseos sexuales de un sacerdote que olvidando sus votos y su compromiso cristiano aprovechó su condición de superioridad intelectual, su poder y su experiencia para corromperlo.
A más de una década de los acontecimientos R.R. recuerda con dolor y aun sufre la consecuencias. Luego que el caso Grassi tomara estado público y teniendo conocimiento de las denuncias que pesan sobre monseñor Edgardo Storni (obispo renunciado de Santa Fe, acusado de corrupción de menores), resolvió, voluntariamente, contar su verdad "para que la gente sepa y porque me duele la hipocresía de algunos sacerdotes que predican una cosa y hacen otra".
• Calvario
Recordando aquellos años R.R. declaró que una siesta, ya instalado y viviendo en la parroquia de La Merced, el padre Juan Ignacio Marín ingresó a su habitación y comenzó a acariciarlo hasta que (inexperto, confuso y temeroso) logró excitarlo. El cura le fue indicando que debía hacer, señalando con su mano los lugares del cuerpo que quería que besara o acariciara, para finalmente mantener relaciones sexuales.
Acto seguido lo llevó a una congregación religiosa donde ambos se confesaron. Previamente Marín le advirtió que debía decir su pecado, pero nunca al pecador. De esta manera iba influenciando en la mente del joven.
"Cada noche, el padre me pedía en su habitación que le sacara las medias y las vendas que usaba en las piernas hasta quedar en slip y pretendía mantener relaciones". A veces sólo eran masajes y podía zafar de la situación, otras mantuvo contacto físico y sexual con el sacerdote.
Esta situación torturaba psíquicamente al joven que temía por perder casa y comida, quedando desamparado en Villa Mercedes. Influía ademas el propio ambiente de relajamiento que imperaba en la parroquia, donde el otro sacerdote mantenía una relación homosexual con otro de los chicos internados y los otros jóvenes consideraban normal (y se aprovechaban de la situación) todo lo que estaba pasando.
Así pasó un mes, hasta que un día llegó a la Parroquia el obispo de San Luis, Monseñor Juan Rodolfo Laise. Burlando la vigilancia de Marín, R.R. le contó a Laise lo que le estaba ocurriendo. No omitió nada, le confesó que el cura le pedía mantener relaciones sexuales y le contó su malestar interior por esta situación. Lejos de tomar cartas en el asunto de inmediato Laise le pidió que mantuviera reserva, que se quedara tranquilo y que nada dijera de lo que pasaba.
Pocos días después el chofer del obispo Laise lo fue a buscar a Villa Mercedes y lo trasladó hasta el Seminario de El Volcán, donde fue alojado junto a otros tres menores en dependencias separadas del resto de los seminaristas. Allí vestía de sotana, asistía a los cursos en el Seminario y compartía las actividades diarias de los seminaristas. Laise tomó un especial interés en el joven, al punto tal que lo llevaba en sus giras y visitas por el interior provincial y allí le pedía reiteradas veces que tratara de olvidar lo ocurrido en Villa Mercedes, que nunca contara nada y que eso pertenecía al pasado.
En el Seminario volvió a ser objeto de acoso sexual por parte de otro seminarista, que evidentemente estaba al tanto de su historia reciente y que era muy allegado a Laise.
Cuando no aguantó mas pidió irse del lugar y por gestiones e indicaciones del obispo Laise fue admitido en 1989 en el Seminario de Zárate-Campana donde ejercía su ministerio el obispo, monseñor Espósito Castro.
R.R. declaró que este prelado se le insinuó reiteradas veces aunque nunca consumó un acto sexual con el mismo. Para el denunciante Mario Espósito Castro estaba al tanto de lo que le había pasado en Villa Mercedes y El Volcán porque el propio Laise se lo había contado y que eso excitaba la lujuria de Espósito. Para ese entonces R.R. ya evidenciaba serios trastornos de salud y conducta, habiendo adelgazado significativamente. Ante esta situación Espósito Castro lo derivó a un centro de rehabilitación para chicos drogadictos o con problemas psicológicos donde quedó internado. Hasta allí llegó su madre que al ver el lugar sufrió una fuerte descompensación. Recuperada sacó a su hijo del lugar y cortó toda relación con la Iglesia.
Hoy, más de una década después, R.R. se anima a contarlo.
• Laise sabía y no hizo nada
Monseñor Juan Rodolfo Laise, obispo emérito de san Luis y quien gobernó la Diósesis de San Luis con puño de hierro por muchos años ha sido protagonista de muchas versiones e historias que circulan en la comunidad.
Pero muy pocas de estas tomaron estado público y menos aun llegaron a la Justicia. siempre fueron rumores o versiones no confirmadas.
Ahora una persona lo denuncia con nombre y apellido de haber estado al tanto de una grave situación en una de sus parroquias y haber "tapado" el asunto.
R.R. torturado por la experiencia que vivía en La merced en 1988 recurrió como es lógico a la máxima autoridad de la Iglesia local: Monseñor Laise. Le contó con detalles su padecimiento, pero el prelado no tomó ninguna medida inmediata, sino que por el contrario le pidió que mantuviera la reserva, que se las aguantara.
Pocos días después lo trasladó al Seminario de El Volcán, donde podía tenerlo más bajo control y siempre le advirtió que olvidara el asunto.
Laise nunca denunció al sacerdote acusado de abusador. Nunca recurrió a la Justicia y ni siquiera lo echó de su Diósesis. Solamente lo trasladó y terminó destinándolo a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.
Laise se convirtió en cómplice de toda la situación. Su decisión de tapar el asunto con un "piadoso manto de silencio" fue efectiva durante muchos años. Nunca se habló, nada se supo. Pero como la impunidad no puede permanecer por siempre incólume en el corazón y la mente del joven abusado fue creciendo la idea de algún, día, en alguna ocasión, contaría su verdad. Esa verdad que estrujaba su alma cristiana y que afloraba cada vez que entablaba una nueva relación.
Hoy, R.R. se decidió a contar lo que le pasó, con la esperanza de superar su drama personal y de alentar a otros que también han sufrido situaciones similares a mirar con esperanza el futuro.
• Lona trató de taparlo
R.R. llegó a San Luis en forma voluntaria luego de adelantar vía mail a medios de comunicación su decisión de hablar y contar su verdad.
El viernes 1 de noviembre del corriente, pasado el mediodía llamó a la sede del obispado de San Luis para hablar con el obispo Monseñor Jorge Luis Lona. Quería expresarle, antes de hablar con cualquier medio de comunicación, sobre su dolor, su carga espiritual y contarlo lo que había vivido.
R.R. es católico practicante y ferviente creyente y como tal consideró un deber hablar primero con el obispo, apelando en última instancia a la autoridad eclesiástica para que alguien, alguna vez, tomara las medidas que tanto tiempo se postergaron.
Lona no lo atendió. R.R. le explicó a un secretario del obispo el motivo de su pedido de entrevista, quien era y que quería. No lo atendió.
Pocos minutos después el abogado de monseñor Lona, Marcelo Shortrede, se apersonó en el hotel donde R.R. estaba alojado. Llegaba en representación y por pedido del obispo Lona.
R.R. declaró que Shortrede lo "apretó" para que no hablara. Le advirtió de consecuencias legales y le dijo que no podría probar nada de lo que declarara. También le ofreció ayuda económica y trató de sonsacarle quien lo estaba apoyando. Ante la intransigencia del joven de acceder a lo que el abogado solicitaba, Shortrede trató de desalentarlo de hacer declaraciones diciéndole que el padre Juan Ignacio Marín ya no pertenecía a la Diócesis de San Luis y que había sido expulsado de la misma.
Fue un claro intento de intimidación llevado adelante por el abogado y así lo sintió el denunciante dejando expresa constancia de esa situación.
• Un fiscal
La denuncia periodística de R.R. merece, y debe, ser analizada por un fiscal. El joven esta dispuesto a ratificar todas y cada una de las palabras. Su única preocupación es que el trámite judicial no implique menoscabo a su trabajo o gastos que no pueda afrontar. Por lo demás desde hace tiempo ya que tomó la decisión, particular y personalísima, de contar todo lo que le aconteció.
"Estoy dispuesto a un careo con Marín y con Laise. Yo estoy tranquilo porque se que digo la verdad y si ellos son hombres de la Iglesia y de Dios saben, en su conciencia y su fuero interno, que digo la verdad", asegura R.R..
En este medio han quedado registradas todas sus declaraciones, así como su identidad debidamente certificada, tomándose todos los recaudos legales pertinentes.
Queda ahora a consideración del fiscal de turno los pasos a seguir. En nuestro entender se ha cometido un delito ya que en aquellos años el denunciante era menor de edad y estaba bajo la guarda del sacerdote denunciado.
• Intriga
Un llamado telefónico anónimo a la redacción de una persona que tenía de antemano conocimiento del tema preguntó ¿no será esto una maniobra del obispo Lona para hundir más al padre Marín, que fue echado de la parroquia de Guadalupe en forma sorpresiva?
Está denuncia ¿formará parte de la interna de la Iglesia Católica de San Luis?
¿Lona estará detrás de toda esta situación?
Y el anónimo dejó la intriga.
Creemos que no es así.
Creemos en la veracidad de la grave denuncia realizada, más si se tiene en cuenta que se tomaron todos los recaudos legales para recibirla.
El denunciante está dispuesto a ratificar sus dichos ante la Justicia.
Creemos en el terrible peso psicológico y moral que, a 14 años de haber sucedido, lleva el denunciante sobre sus espaldas.
Otros dos sacerdotes podrían estar implicados en el tema.
Se trataría de un ex seminarista, actual párroco de una importante iglesia.
El otro, un sacerdote, ex asesor espiritual que hoy es cura párroco de una iglesia capitalina.
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En San Luis, el escándalo de sexo en la Iglesia Católica se llama padre Juan Ignacio Marín, e involucra al obispo Juan R. Laise
Explotó el anunciado escándalo sexual en la Diócesis de San Luis. Un joven afirma haber mantenido relaciones sexuales reiteradas con el sacerdote Juan Ignacio Marín, dice que otros jóvenes mantenían sexo con otros curas, el obispo emérito Juan Rodolfo Laise lo supo pero les pidió a los jóvenes silencio y comprensión, mientras que el obispo actual, Jorge Luis Lona, les envió a su abogado, Marcelo Shortrede, a exigir que no se realizara la denuncia.
04 de noviembre de 2002 - 10:18







