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Kirchner como He-Man: Yo tengo el poder

El siguiente editorial fue publicado por el diario mendocino Los Andes:

POR CARLOS SALVADOR LA ROSA (*) En los últimos días, el gobierno nacional del presidente Néstor Kirchner, y sus principales apólogos, han avanzado hacia la explicitación de definiciones bastante precisas en el terreno ideológico. Cosas que antes sólo se podían presuponer, ahora son manifestadas claramente, lo que nos hace prever que ya hemos entrado en una segunda etapa de la presente gestión presidencial. Analicemos tres ejemplos paradigmáticos. # Una nueva institucionalidad Un periodista le pregunta al jefe de gabinete, Alberto Fernández, si en Argentina todo el gobierno depende de una sola persona. A lo que el funcionario responde sin hesitar: "Kirchner tiene un peso superlativo". Pero no se queda allí, porque cuando se le indaga acerca de si él propondría que los superpoderes sean para siempre y no sólo ante una emergencia, Fernández responde con total certeza: "Sí, sería razonable". Traducido: para la democracia gaucha, que todo dependa de una sola persona es la condición sine qua non de su existencia. Y la creación de superpoderes, o sea de todo el poder en manos del Ejecutivo, debería ser un hecho "institucional", vale decir permanente y no limitado a una situación excepcional. # Liberación o dependencia modelo 2004 El subsecretario general de la Presidencia de la Nación y "padre ideológico" de Kirchner, Carlos Kunkel, le explica a otro periodista las razones del FMI: "Al Fondo, en realidad, no le interesa cobrar nunca la deuda. En realidad es una herramienta para condicionar el crecimiento y provocar una desarticulación de la economía de los países emergentes". Traducido: El ideólogo explica la justificación oficial de pagar el 100% de la deuda contraída con el FMI y el 25% de la contraída con el resto de los acreedores, en que al organismo monetario internacional en realidad no le importa la plata sino dominarnos y destruirnos. Por eso que para Kirchner hoy la "liberación" pasa por ser el más puntilloso pagador del FMI (ya que así nos libraríamos de sus condicionamientos), mientras que la "dependencia" pasaría por negarse a pagarle (porque así, al seguir debiéndole, estamos obligados a seguir sus destructivas recetas). Argumento extraño pero ingenioso. Una original ortodoxia económica con justificativos de izquierda. # El aislamiento revolucionario Mario Wainfeld, analista político del diario "Página 12", dice que: "Kirchner está convencido de que dentro de la actual correlación de fuerzas no hay margen para romper con todo el mundo". Traducido: Según la interpretación del periodista, Kirchner no rompe con todo el mundo no porque piense que eso está mal, sino porque cree que la correlación de fuerzas "todavía" no le es favorable. Ya llegará entonces la oportunidad de ser "libres", parece insinuarse. # El renacer de las ideologías Para los que dicen que faltan ideas en la Argentina, estos ejemplos palmarios señalan que el debate ideológico está a pleno en el país, o al menos dentro del gobierno y de nuestra democracia gaucha. Y no conviene minimizarlos porque, de ser estas argumentaciones algo más que palabras, estaríamos frente al surgimiento de una inédita manera de entender la institucionalidad; absolutamente distinta a la formulada por el liberalismo político clásico. Y también frente a una nueva forma de establecer las relaciones con el mundo en el marco de la globalización, donde hasta la hipótesis extrema de aislarlos totalmente de ese universo globalizado (o al menos de sus naciones líderes) no suena como imposible. Es un pre-supuesto que se estaría contemplando. # Acumulación política de poder Hay algo que unifica a la primera con la recién iniciada segunda parte del gobierno de Kirchner: su convicción acerca de la necesidad de acumular poder. Sólo que en la primera etapa esa acumulación era preponderamente política, y ahora se ha vuelto preponderantemente institucional. El Presidente ocupó algo más de su primer año para crear su propio poder alternativo, al que llamó "transversalidad", vale decir una sumatoria de funcionarios, cuadros y militantes justicialistas y no justicialistas que le respondieran directamente a él, para enfrentarlos -ahora o cuando sea la ocasión- contra el peronismo oficial, compuesto por las huestes de Eduardo Duhalde y los caudillos provinciales, y también contra los restos del moribundo menemismo. Con el tiempo, Kirchner descubrió que fuera de la clase política tradicional no existía casi nada. Los suyos propios eran apenas una minoría marginal, una especie de Armada Brancaleone cuyas posibilidades pasaban, como máximo, por tomar una comisaría. Pero no fue eso lo que más lo desanimó. Lo peor fue cuando descubrió que las huestes mayoritarias desde donde podría reclutar a sus "transversales" se encontraban -precisamente- dentro de una inmensa pléyade de ex-menemistas y ex-duhaldistas que se ofrecían "desinteresadamente" a cambiar de bando. # Acumulación institucional de poder Desilusionado ante lo que sospechó una dosis multitudinaria de oportunismo (transformismo se dice en otros parajes), Kirchner inició su segunda etapa de acumulación de poder, la institucional. El cambio en la Corte Suprema de Justicia transitó ambas etapas. En la primera, la "tarea" fue encargada a un aliado ocasional, el llamado grupo "Talcahuano", que proveyó los justificativos para el descabezamiento de los jueces menemistas. Esta gente no era kirchnerista sino que compartía sus objetivos de ‘desmenemizar’ la Corte, pero ahora están alejados de Kirchner ya que éste no está dispuesto a compartir ningún tipo de poder con nadie. La Corte, por su lado, inauguró la segunda etapa de la gestión presidencial cuando emitió el fallo pesificador, tan alejado de la Constitución Nacional como cercano a la constitución de un nuevo poder hegemónico que necesita "institucionalizarse" incluso mediante fallos judiciales. Al Congreso lo fueron vaciando de a poco, porque pese a ser mayoritariamente peronista, la fracción kirchnerista no era suficiente, o los que se proclamaban como tales no eran suficientemente confiables. Al leer las expresiones recién citadas del jefe de Gabinete no cabe la menor duda de que la transferencia de poderes legislativos al Ejecutivo no es producto de ningún tipo de emergencia, sino de una profunda convicción ideológica. Con respecto al propio Ejecutivo, la inexistencia total de reuniones de gabinete es una clara expresión de que la democracia interna ni siquiera es algo apreciado dentro del propio centro de poder presidencial. Pero eso está obviamente dentro de los atributos y del estilo del señor Presidente. Nada más que decir, entonces. Es claro que todo esto está conduciendo a una reunificación del poder que, de estar dividido en tres (como recomendaba Montesquieu, entre otros), ha pasado a estar en manos de uno solo. Pero ni siquiera en manos de un solo poder, sino de una sola persona. # La acumulación por izquierda Llegó ahora el momento de la concentración del poder por "izquierda". Para eso el objetivo actual es: primero, eliminar todo viso de autonomía en el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y, como broche de oro, romper toda dependencia con el FMI, tal cual recién hemos explicado. En el BCRA se sustituyó a un "neoliberal" rebelde por otro "neoliberal" sumiso a los dictados presidenciales. Pero en un tercer paso se busca cambiar algo más que personas: establecer que las políticas del BCRA sean directamente fijadas por el Poder Ejecutivo para evitar que siga, como se presume que aún sigue, "en manos de los grupos neoconservadores y neoliberales de la derecha económica argentina y no argentina". Que de eso se trata en definitiva: de acabar con todo poder que no sea el propio. Cosa que en general ha sido más regla que excepción en las últimas décadas de la vida política del país. Pero pocas veces se la había cubierto con tamaña cantidad de argumentos y justificativos ideológicos. Lo que nos hace suponer que la democracia gaucha está realizando un salto cualitativo en pos de su definitiva concreción. ------------ (*) Diario Los Andes, Ciudad de Mendoza, 10 de diciembre de 2004.